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PENSANDO EN ALTO: Lo que no vemos ni oímos

Carriola. 18.04.26.

julio@carriola.es.

La partida que no vemos

José Iglesias

Uno, que ya peina canas —y no pocas—aprende muchas cosas con el paso del  tiempo:
lo importante casi nunca se ve.

Lo que vemos es el ruido.

Lo que no vemos… es la partida.

Vivimos pendientes de mapas, de declaraciones, de ruedas de prensa y de esa legión de analistas que brotan como setas en los medios. Hoy todos saben de todo. Hoy cualquiera te explica un conflicto en tres minutos, con una seguridad que ya la quisieran los militares en una operación real.

Pero la realidad no funciona así.

Nunca ha funcionado así.

Detrás de cada decisión hay equipos, hay técnicos, hay analistas, hay intereses cruzados. Nada lo mueve una sola persona, aunque nos empeñemos en poner cara a todo. Eso es cómodo, pero es falso.

Y mientras nosotros discutimos lo visible, lo importante se mueve por debajo.

Porque aquí no estamos ante una colección de conflictos aislados.

Estamos ante algo mucho más simple… y mucho más peligroso:

Una partida de fuerza.

Una sogatira.

Y en un lado está Estados Unidos.
En el otro, China.

Lo demás… son escenarios.

Oriente Medio, Ucrania, Asia… cada uno con su historia, sus actores y sus problemas. Pero todos, de una forma u otra, condicionados por esa tensión de fondo.

La energía, por ejemplo.
Ese es el verdadero lenguaje.

No los discursos.

El petróleo.
El gas.
Las rutas.

Ahí se juega de verdad.

Cuando se aprieta a un productor, no siempre se está pensando en él.

Se está pensando en quién depende de él.

Y cuando uno mira el mapa… entiende muchas cosas.

¿Es todo un plan perfecto?

No.

En absoluto.

Sobre el terreno siempre hay errores, improvisación, imponderables. Siempre los ha habido. Y siempre los habrá. Quien diga lo contrario no ha estado nunca donde pasan las cosas.

Pero eso no quita que exista una dirección.

Y la dirección está clara.

En medio de todo esto, tenemos a países que hacen de bisagra, de intermediarios, de campo de pruebas. Lugares donde confluyen tensiones históricas con intereses actuales. Ahí la cosa se complica, porque ya no es solo geopolítica, es supervivencia pura.

Israel y Palestina son muestra de ello. Llevan en guerra desde siempre, cada uno con su modo de combatir según sus medios, pero con odio. Ahora, alguien se acuerda de Sudán? De Afganistán donde las mujeres son invisibles? De tantos y tantos conflictos que, como no salen en la tele, no hay analistas que los comenten o flotillas de la libertad que los visiten...nada amigos, hipocresía pura

Y mientras tanto, uno se pregunta:

¿Dónde está la famosa comunidad internacional?
¿Dónde está la ONU?
¿Dónde están los grandes discursos de neutralidad?

Pues donde suelen estar.

Mirando.

Y aquí viene otra realidad incómoda.

Decir que Rusia no pinta nada sería simplificar demasiado, pero también es evidente que no es quien marca el paso. Tiene bastante con  su anexión de parte de Ucrania. El desgaste que sufre no le permite embarcarse en esto.

Los grandes actores son los que son.

Y juegan a lo suyo.

Pero si hay algo que, personalmente, me preocupa más que todo esto, no está fuera.

Está dentro.

Porque uno observa a Occidente y no puede evitar una sensación clara:

Nunca hemos tenido unos dirigentes tan mediocres.

Tan vulgares.

Tan alejados de lo que debería ser el liderazgo.

¿Dónde está la diplomacia?

¿Dónde está el saber estar?

¿Dónde está la capacidad de hablar poco y decir mucho?

Hoy todo es gesto.
Todo es titular.
Todo es corto plazo.

Y eso tiene consecuencias.

Porque cuando quien dirige parece más preocupado por su futuro consejo de administración que por el presente de su país… el ciudadano lo nota.

Y se desespera.

Y se polariza.

Y se enfada.

Y ese es el verdadero peligro.

No la partida que se juega arriba.

Sino lo que pasa abajo cuando la gente deja de creer en quien manda.

Porque al final, todo se resume en algo muy sencillo:

Esto no va de tener razón.

Va de tener dirección.

Y de tener dirigentes que estén dispuestos a servir. No a discutir

El parlamento se llama así porque viene del latín “parabolare”, hablar, conversar. En eso, deberían dar ejemplo al resto de la sociedad. Y NO LO HACEN.

Y si no saben.

O no pueden.

O no quieren.

 

Que nos hagan un favor.

Y se vayan a su casa

roslev