Carriola.28.07.26
¿HAY QUE PUBLICAR EN INTERNET LOS RINCONES QUE TODAVÍA ESTÁN TRANQUILPS?

Omar Tissir
La visibilidad digital puede ayudar al comercio local. Pero una mala publicación también puede llenar un lugar sin dejar nada bueno detrás.
¡Boas a todos, vecinos y amigos de Carriola!
El otro día, sentado en la parada de Dorrón mientras esperaba el autobús de vuelta a Pontevedra, miraba hacia la Playa de Agra y me pasó algo bastante contradictorio.
Tenía muchas ganas de contar el lugar que acabábamos de descubrir.
Pero, al mismo tiempo, una parte de mí prefería que siguiera siendo así de tranquilo.

Habíamos llegado en autobús, con poca planificación y bastante hambre. Por el camino hubo un Mercatodo que terminó siendo literalmente una casa, una tortilla comprada con demasiada prisa y un bocadillo mucho mejor que descubrimos cuando ya era demasiado tarde.
Si queréis entender de dónde nace esta pregunta, aquí cuento cómo acabamos en la Playa de Agra y por qué casi preferí no recomendarla.
Porque, al volver, no dejaba de darle vueltas a una cosa:
¿Qué ocurre cuando publicamos en internet uno de esos rincones que nos gustan precisamente porque todavía no están llenos?
Internet no descubre un lugar: lo multiplica
Antes, una playa pequeña podía hacerse conocida poco a poco.
Alguien se la recomendaba a un familiar. Ese familiar llevaba a unos amigos. Los amigos, con suerte, recordaban cómo llegar al verano siguiente.
Ahora basta con una publicación, un vídeo o una fotografía acompañada de la ubicación exacta para poner el mismo lugar delante de miles de personas.
Y eso puede ser muy bueno.
Un estudio publicado en 2025 sobre el centro de Portugal observó que el contenido creado por viajeros aumenta la intención de visitar un destino. También detectó que, entre las personas de la propia región, ese contenido puede reforzar el sentimiento de pertenencia. Es decir, contar bien nuestros lugares puede conseguir que los valoremos más.
El problema aparece cuando todos mostramos el mismo rincón de la misma forma y a la misma gente.
Otro estudio exploratorio, en este caso sobre Barcelona, analizó cómo las redes sociales influyen en las decisiones de los turistas y pueden contribuir a concentrar las visitas en determinados puntos. No significa que una fotografía vaya a masificar una playa de un día para otro, pero sí que internet acelera mucho lo que antes sucedía lentamente.
No hace falta irse muy lejos para verlo
En Galicia tenemos un ejemplo bastante claro.
Para acceder a la playa de As Catedrais es necesario reservar durante Semana Santa y entre el 1 de julio y el 30 de septiembre. La reserva es gratuita, pero existe porque un espacio pequeño necesita ordenar la cantidad de personas que recibe.
En otros lugares se ha llegado mucho más lejos. La UNESCO recoge los casos de Maya Bay, en Tailandia, y Boracay, en Filipinas, que tuvieron que cerrar temporalmente al público para permitir que su entorno se recuperase después de una frecuentación excesiva.
Tranquilos: no estoy diciendo que un artículo vaya a convertir la Playa de Agra en Maya Bay de aquí al viernes.
Pero esos casos demuestran que la visibilidad tiene consecuencias.
El problema no es que venga gente
Es importante decirlo claramente: los visitantes no son el enemigo.
Una persona que conoce nuestra ría puede comer en un restaurante, comprar en un comercio, utilizar el transporte público, visitar otros lugares y recomendar la zona después.
El turismo genera actividad y puede ayudar a muchos negocios locales.
Pero medir su éxito únicamente contando cuántas personas han llegado es quedarse con media historia. La OCDE recomienda tener también en cuenta los beneficios para la economía local, la percepción de los residentes y la presión que soporta la población del destino.
No se trata, por tanto, de esconder nuestros lugares.
Se trata de contarlos con un poco de sentidiño.
Contar bien también es cuidar
Para mí, una publicación responsable debería hacer tres cosas.
La primera es no llamar “secreto” a todo lo que todavía no tiene una cola de coches en la entrada. Si un lugar tiene nombre, vecinos y personas que llevan toda la vida yendo, probablemente no lo hemos descubierto nosotros.
La segunda es no publicar únicamente una fotografía bonita y la ubicación. También conviene explicar cómo llegar, si existe transporte público, cuándo hay más gente, qué dificultades tiene el acceso y qué normas deben respetarse.
Y la tercera es contar el destino completo, no solamente el encuadre que queda bien en Instagram.
Eso incluye los comercios, las personas, la historia y los pequeños detalles que permiten entender el lugar. Un visitante informado tiene más posibilidades de quedarse, consumir en la zona y comportarse como un invitado que alguien que llega únicamente para repetir una fotografía.
La regla que quiero seguir
Esa es precisamente la idea con la que estoy construyendo En Off.
No quiero coleccionar ubicaciones supuestamente secretas ni convertir cada playa en el próximo lugar que “tienes que visitar antes de que se haga viral”.
Quiero contar cómo fue realmente el camino: el autobús que cogimos, lo que pagamos, aquello que salió mal, lo que merece la pena y también lo que debemos respetar cuando llegamos.
Porque una buena historia de viajes no debería conseguir que todo el mundo corra hacia el mismo sitio.
Debería ayudar a la persona adecuada a visitarlo en el momento adecuado y a entender dónde está poniendo los pies.
No se trata de esconder nuestra ría. Se trata de enseñarla sin estropear aquello que hace que merezca la pena conocerla.