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PENSANDO EN ALTO: Fuego en el monte

Carriola. 04.08.26.

julio@carriola.es.

CUANDO LA NATURALEZA PESENTA LA FACTURA

José Iglesias

Hay una imagen que se repite todos los veranos. Un helicóptero descarga agua sobre una ladera envuelta en humo. Un bombero, agotado, se deja caer sobre una piedra negra. Un vecino contempla impotente cómo el monte donde jugó de niño desaparece en unas pocas horas. Al día siguiente comienzan las declaraciones institucionales, las promesas de investigación, los llamamientos a la prudencia y las condenas unánimes. Durante unos días todos estamos de acuerdo: hay que acabar con los incendios.

Y, sin embargo, llega el otoño y …a otra cosa.

Quizá porque seguimos empeñados en combatir el fuego cuando ya tiene llamas, en lugar de apagarlo cuando todavía es una idea.

Nos gusta pensar que los incendios empiezan con una cerilla, un mechero o una chispa. No es cierto. El incendio comienza muchos años antes, cuando dejamos de limpiar un camino, cuando un propietario abandona una finca porque ya no le compensa trabajarla, cuando un monte deja de tener pastores, cuando el rural pierde vecinos, cuando un niño ya no distingue un carballo de un eucalipto porque jamás ha pasado una tarde entera en el monte. El fuego encuentra combustible, sí, pero antes encuentra abandono.

Vivimos en una sociedad curiosa. Gastamos millones de euros en helicópteros capaces de transportar miles de litros de agua y apenas dedicamos una parte de ese esfuerzo a evitar que algún día tengan que despegar. Es como si un médico se sintiera orgulloso de la calidad de sus ambulancias mientras renuncia a prevenir las enfermedades.

Y aquí aparece una contradicción que pocas veces queremos afrontar. Todos queremos montes limpios, pero muy pocos estamos dispuestos a asumir lo que significa mantenerlos así. Queremos paisajes verdes, senderos transitables y bosques saludables, pero olvidamos que la naturaleza, cuando el hombre desaparece, no se convierte en un jardín. Se convierte en una selva. Y una selva, en un verano seco, es un almacén de combustible esperando una excusa.

Luego está la costumbre, tan nuestra, de buscar un único culpable. Si el incendio fue provocado, toda la culpa es del incendiario. Si comenzó por una negligencia, toda la culpa es del descuido. Si lo originó un rayo, la culpa es del cambio climático. Nos tranquiliza encontrar un responsable concreto porque así evitamos hacernos una pregunta mucho más incómoda: ¿qué parte de responsabilidad tenemos todos en que ese monte estuviera preparado para arder?. ¿Dónde está realmente el fallo?

Sospecho que la respuesta no está en un solo sitio.

Está , a mi modo de ver, en tres .

  1. El exceso de reglamentación.

Cada año aparecen nuevas normas. Europeas, nacionales, autonómicas, provinciales y municipales. Algunas son necesarias. Otras, sinceramente, parecen redactadas por personas que jamás han pasado una mañana desbrozando un monte o cuidando una explotación agraria. El campo necesita regulación, por supuesto. Lo que no necesita es que quien legisla desconozca la realidad sobre la que legisla. Las gentes a las que afecta, deben, siempre, estar presentes a la hora de hacer una ley o una norma, y no lo están.

Galicia, por ejemplo, fue durante décadas una potencia lechera sustentada en miles de pequeñas explotaciones familiares. Llegó Bruselas y sus normas. La inmensa mayoría desaparecieron. Quedaron las mas fuertes, que hoy son rehenes de las grandes comercializadoras Se perdió empleo, se abandonaron pastos y montes y hoy importamos leche que antes producíamos nosotros con una calidad extraordinaria. Esto es lógico? Para mi no. Aquí no existe un proteccionismo a lo nuestro, es más, hacemos tratados (Mercosur por ejemplo) que nos pondrá en la mesa productos con estándares de calidad laxos, en claro perjuicio a nuestros productos. Resultado? Mas abandono del campo

  1. Los medios.

Los incendios no empiezan en julio. Empiezan cuando termina la campaña del año anterior.

Hace cuatro años se anunciaron nuevos aviones, nuevos medios y nuevas inversiones. Hoy seguimos escuchando prácticamente los mismos anuncios. Entretanto han pasado cuatro veranos. Y cuatro campañas de incendios.

Lo que me sorprende es que quienes hoy denuncian el incumplimiento guardaran silencio durante cuatro años. Da la impresión de que algunos descubren los incendios cuando se acercan las elecciones. Porque yo no recuerdo los últimos dos veranos hablar de la falta de medios aéreos…Por cierto, la culpa del fabricante que subió el precio…Tambien subieron los alimentos con la crisis y no hemos dejado de comprar comida.

  1. El abandono

También nosotros hemos abandonado el rural.

Tenemos parcelas que no cultivamos.

No las vendemos.

No las cedemos.

No las limpiamos.

Pero tampoco permitimos que otros las aprovechen

El campo  no entiende de ideologías.

No distingue entre votantes de un partido u otro.

Tampoco sabe quién gobierna en Madrid, en Santiago o en Bruselas.

Solo entiende una cosa.

Si se cuida, vive.

Si se abandona, arde.

Y la naturaleza tiene una ventaja sobre todos nosotros.

No vota.

No protesta.

No concede ruedas de prensa.

Simplemente espera.

Y cuando decide recordarnos quién manda de verdad, basta una semana de calor y un poco de viento para devolvernos a la realidad.

A veces tenemos la arrogancia de creer que dominamos el planeta.

La naturaleza lleva millones de años recordándonos que solo somos una especie más.

Quizá la única capaz de destruir el bosque que después echa de menos.

La dignidad de un país también se mide por cómo cuida el paisaje que heredó de sus abuelos.

Las sociedades no empiezan a morir cuando dejan de crecer. Empiezan a morir cuando dejan de cuidar aquello que las hizo nacer. Y nosotros no lo estamos cuidando…..

Buena semana

roslev