Carriola.06.08.26.
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Manuel Rosales Touza 91+2d

Julio Santos Pena
Hace dos días, el pasado cuatro de agosto, cumplió años de vida Manuel Rosales Touza, uno e los atletas que más ha sorprendido a lo largo de su vida y, especialmente, desde que se bajó de la bicicleta y se puso a correr por las pistas y las calles de numerosos países del mundo para asombrar a todos en el momento de subir al podio de las carreras por más importantes que fueran.
No me da el papel ni la memoria para repetir aquí la lista de trofeos ganados por nuestro Rosales que ha ido por el mundo con la humildad que le caracteriza, costeándose las más de las veces viajes y hoteles, para regresar con los más preciados trofeos para cualquier deportista. En Nueva York todavía están esperando que alguien consiga superar los siete u ocho récords que Manuel Rosales tiene constatados en el palmarés de su prestigioso maratón a donde acudió año tras año llamando la atención de los participantes de élite que, concentrados en zona especial previamente a la salida, le miraban de reojo para acabar viéndolo sobre número uno del cajón de veteranos y caer en la cuenta de que aquel al que consideraban un “hombrecillo” entre tanto músculo prepotente, era, en realidad, un fenómeno.
Las más difíciles carreras de los 42 kilómetros de Europa fueron “pan comido” para Rosales que, una y otra vez, batió marcas fuera del alcance de otros de su edad y todo después de pasar las horas trotando sobre sus propios pies por nuestro vial de playas; por el Lago Castiñeiras o por donde había que cuidar estratégicamente el trazado para amoldarse a la próxima carrera en cualquier parte del mundo.Y sé de algunos, mucho más jóvenes, que pretendían acompañarle y se quedaban con la lengua fuera viéndole marchar hacia el infinito.
A nuestro Rosales no le vinieron las cosas hechas. Casi un niño fue un ciclista de élite, emulando al patriarca Rosales, su padre, que era capaz de ir a la vuelta al País Vasco pedaleando su propia bicicleta con los tubulares enrollados en su pescuezo por si había un pinchazo en el camino, ganar la vuelta contra los más fenómenos ciclistas de la época, y regresar a Marín de nuevo sobre las dos ruedas como quien da un paseo sin importancia. El Rosales hijo, nuestro Rosales de hoy, que corrió con los mejores ciclistas de España en su juventud, se bajó le la bici después de un trágico accidente durante una carrera que se llevó por delante a varios de sus compañeros de equipo, pero nunca abandonó el deporte y se apuntó al pedestrismo que le dio, al final, la gloria que se merece.
Estoy seguro que el Manuel Rosales de hoy ha pensado en el Rosales de antaño, en su padre, cuando las fuerzas flaqueaban en cualquiera de las decenas de maratones que hizo a lo largo de su vida, y encontró en ese recuerdo la fuerza necesaria para llegar; para llegar y ganar, dejando con la boca abierta a más de uno.
Hace dos días Manuel Rosales cumplió 91 años y encara los últimos “kilómetros” hacia el siglo. Ahora ya no le vemos correr a cualquier hora del día o de la noche por nuestras calles y nuestros parques pero sí involucrado en la vivencia deportiva sabiendo que todos le admiramos y que su nombre y sus gestas ya son parte de la historia del deporte del mundo, de Europa, de España y de Marín y los marinenses no podremos pagar nunca su compromiso deportivo y su ejemplo de superación. Feliz cumpleaños dos días después, Manuel