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Desde mi Escorial para Carriola de Marín

 Carriola.Por José Ruíz Guirado.12.12.21

 CASTELAO EN “GALIZA”

UN BUEN  amigo, esclarecido escritor, me repetía: “un libro que no se relee no es buen libro.” Añadía: “léete estos cien libros y te ahorrarás miles interminables remedos. En estos días fríos y desapacibles en esa sierra madrileña que nos habita, le he hecho caso: he vuelto a  Alfonso Daniel Rodríguez Castelao. A sus obras: “Sempre en Galiza”; “Cousas”; “Retrincos”;”Cousas da Vida”; “As cruces de pedra na Galiza”; “Un ollo de vidrio “Memoria dun esqueleto”… Voy a decir unas palabras de don Eduardo  Blanco- Amor de su “Prólogo para un prólogo” (Castelao. Obra completa.  Narrativa e Teatro. Colección Arealonga.  Akal Editores. Madrid, 1975), del fragmento, “Castelao ou a Galicia en sí”, pág. 11. Quizá, reproducido el fragmento, sobre cuanto íbamos a añadir de antemano: “Hay caricaturas de Castelao que valen por centenares de mítines y por millares de artículos de fondo.” Quienes conozcan la obra gráfica de Castelao saben de cuanto hablamos. Hay un cuento (voy a traducirlo al castellano, para mis amigos de estos pagos, a quienes cuesta su lectura en su idioma natural. Ya pido disculpas de antemano, por mi atrevimiento), dice así: “EN UNA iglesia de montaña yo vi una calavera de cristiano  haciendo de peto (caja donde se recogen las limosnas en las iglesias) de las ánimas. Tenía una abertura en la frente y por allí recogía los cuartos de los buenos feligreses. Un esqueleto de cabeza, sobada  por manos manchadas de  cera y aceite, como  lomo de misal antiguo, como pellejo de pandero viejo. Recogiendo dinero para bien de las almas del purgatorio, llevaba muchos años de servicio la pobre calavera humana. Ahora voy a contaros una cosa. Yo lo sé porque lo sé, que la calavera fue de un hombre que robaba con toda  la legalidad, aprovechándose de unas leyes que lo guardaban de la justicia de nuestro mundo. El ladrón, ahora, en el mundo de verdad, está condenado a recibir por encima de su alma los cuartos que robó… Estremece pensar en tanto dolor. El ladrón ya va bien castigado; pero aún tiene que recibir cuarenta y siete mil reales en piezas de cobre.     

Ya, para rematar este breve, cumple decir: Castelao podría ser ciudadano, no solamente de su natal Rianxo, sino de cualesquiera de las villas y ciudades gallegas.  El pintor marinense Manuel Torres, le tenía  entre sus próceres y maestros, de quien aprendió su mester. Volvamos a su obra. En “Cousas”, oigámosle hablar de los cruceiros, tan extendidos por toda la piel de Galiza: “Donde hay un cruceiro hubo siempre un pecado. Y, cada cruceiro es una oración de piedra que hizo bajar un perdón del Cielo, por el arrepentimiento de quien  lo pagó y por el gran sentimiento de quien lo hizo. Nuestros canteros, dejándose llevar por el sentimiento no podían imaginar un hombre en brazos de su madre. Para los artistas canteros, Jesucristo siempre es pequeño, siempre es el Niño, porque es el Hijo, y los hijos son siempre somos pequeños  en los brazos de nuestras madres.”                

 

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