Carriola.Julio Santos Pena.07.01.22
Mi abuela tenía un pie en el siglo XIX. Mi abuela era sabia como todas las abuelas de aquellos tiempos que hicieron lo imposible por sacar adelante a sus hijos y hasta a sus nietos, y me cuento entre ellos con el mejor de mis recuerdos. Y aquella sabiduría la llevaba a decir que las fiestas eran para disfrutarlas y, concretamente, la de San Xulián de Marín de Arriba, más, porque, decía “é a primeira do ano”.
Claro que eran otros tiempos; tiempos de pobreza (más bien de humildad) y tiempos de bonanza real en la que la aspiración era simplemente vivir, disfrutar de lo poco que había pero vivir y gozarlo con intensidad. A las dos tabletas de turrón, el duro y el blando, y un melocotón en almibar que se repartían entre toda la familia en Nochebuena, se le unía la pelota de goma o la muñeca de cartón de los Reyes Magos que hacían absolutamente felices a los niños de entonces. Hoy es fácil ver, en algunos casos, a un crío rodeado de cuarenta paquetes abiertos, tal día como ayer, y con cara de cabreo porque a los Reyes se les olvidó un determinado regalo que esperaba... Es la diferencia de los tiempos.
Y volviendo a la fiesta de San Xulián, primera del año, me caben los recuerdos de aquella multitud de vecinos de la parroquia de Marín de Arriba que aún participaban allá por los años sesenta en los actos religiosos y profanos que allí se celebraban. La gente se multiplicaba por dos o por tres en tal fecha como hoy, y aún mañana, porque los parroquianos tenían a gala invitar a compadres, familiares y amigos, a la bacanal de almuerzo en el que se compartía con orgullo en cada casa. Aquella concentración era factible porque también era fácil convencer a los jefes en el trabajo de que San Xulián era San Xulián, y punto en boca. Hoy si no vas a trabajar un día de estos, igual ya no te abren la puerta al siguiente.
Y al sentarse en la mesa aparecía el platazo de ardiente sopa concentrada del cocido que, enseguida llegaba sobre enormes fuentes colmadas de viandas de la casa; el cabrito, por si era poco lo anterior, los vinos casi siempre también de la casa, el brazo de gitano, el café y el inevitable puro que, aunque no fumaras en todo el año, tenías que quemar allí llenando el comedor o la adornada bodega si aquel era muy pequeño para albergar el convite, de una humareda que se podía cortar con una tijera de tan densa que era y que hoy mataría a la mitad de los invitados.
Y todo eso tras asistir a la Misa de una, en la que un grupo de curas del entorno compartían primero la Eucaristía y después el almuerzo al que invitaba el titular, del que salían tan colorados como los de las casas particulares, y no era para menos. Tras la Misa, la procesión, la compra de rosquillas y, cómo no, la visita a las tabernas de por allí en las que se probaba el “viño novo” recién fermantado, o quizás aún capaz de hacerte un agujero en el estómago, poniendo cara de que estaba muy bueno.
Y tras la larga tertulia de sobremesa, copa tras copa, otra vez al atrio parroquial donde un par de orquestazas daban la de pecho para competir en calidad y, si acaso ruido, con el recinto a tope de bailarines y ellas de dos en dos para que los mozos las invitaran a compartir pieza
- ¿Bailas?
- Non,
Era la primera respuesta examinándote de arriba abajo aunque a la segunda, o quizás la tercera intentona, se conseguía romper aquella negativa y venga a dar vueltas al son de la orquesta.
...Y el Vergel. ¿Quién no acababa las fiestas de San Xulián en el Vergel?... Allí si que era. Primero había que convencer al señor Juan, de la puerta, que tenías edad para entrar. Después subir, atravesar el parque de verano y lanzarse a la aventura en el gran salón intentando pillar un ligue de aquellos tiempos que acompasara tu danza casi siempre interponiendo un codo puntiagudo entre ella y tú, al menos al comienzo de la noche, para marcar distancias.
... Y mirar para el reloj porque de aquella, a ciertas edades, había que responder en casa del trasnoche que era para nuestras madres la misma hora en que hoy salen de casa los jóvenes.
Ai San Xuliansiño, ¡que recordos!.