Carriola. Julio Santos Pena.00.02.22
Ya hace cuarenta y un años. Se acercaba el Carnaval pero las cosas aún no estaban muy claras de si se podía o no disfrutar de la ancestral fiesta de la primavera porque la democracia era aún débil y temerosa. Ahora que llega el Carnaval 41 años después, bueno seràá recordar aquel episodio que marcó un nnuevo camino.
El Padre Marino Domínguez, del Colegio San Narciso, tuvo la idea meses antes de aquella primavera, de hacer una rondalla con los chavales del colegio y fueron uniéndose a la iniciativa chicos y niños de todas las edades. Las tardes de ensayo guitarras, laúdes y bandurrias y flautas sonaban por todo Chan do Monte. Tal fue el éxito de la convocatoria que Marino se vio ligeramente desbordado y decidió pedir ayuda. No se le ocurrió mejor idea que llamar a “Molas”, Eduardo Otero Molas, la persona que más sabía de este tipo de agrupaciones musicales y del rico cancionero que podían contener. Y Molas, faltaría más, a pesar de sus ya muchos años, accedió a colaborar y, además, llevó con él a Manuel Guimeráns “Cañón”, el taxista, y al maestro “Gaby”, Gabriel García “Repoliño”. Los tres sirvieron de guías en las distints cuerdas de la incipiente rondalla a la que se le puso el nombre de “Os Tunantes”. El Colegio San Narciso había ganado un valor cultural importante y cada vez eran más los chavales dispuestos a formar parte de la agrupación.

Primitiva rondalla O Tunantes del colegio San Narciso
Y, cuando se acercaba el Entroido, se nos ocurrió que era la época de recuperar con aquel grupo piezas y canciones de otras épocas sabiendo que Marín y, con Molas al frente, atesoraba los recuerdos de una hermosa época en que las rondallas salían para cantar las bellezas del pueblo, criticar sus miserias y, sobre todo, elogiar a sus madrinas, aquellas jóvenes de buena posición que les recibían en sus casas tras oirles desde detrás del visillo de sus ventanas ofreciéndoles una adecuada merendola .

Programa editado con motivo del homenaje a Los Nocturnos
- Señor Molas - recuerdo que le dije al maestro - Sería bueno que organizaramos una rondalla de carnaval para recordar algunas canciones en un concierto en la Plaza del Reloj.
Don Eduardo se quedó pensativo pero ya había prendido en él la idea que aceptó enseguida, aunque se presentaba el problema del coro de voces, del que no disponíamos porque la rondalla solo hacía música.
- No se preocupe - le dije - Podemos preparar a otro grupo de chavales con las canciones y en la última semana unimos una cosa con otra para salir el domingo de carnaval.
No le vi muy convencido pero al final aceptó el envite con lo que primero, elegimos algunas viejas piezas del cancionero carnavalero “La Legión Cubana”, “Marín rincón de mi ensueño”... valses y mazurcas propias del momento que hablaban de piélagos amorosos, pasión, singular belleza y en general, de sueños de amor, piezas de autores populares como Vinteño, Rosales, Feijóo, Landín o el propio Molas. Aprendimos aquellas canciones y, efectivamente, formamos un grupo cantor al que, en recreos y alguna que otra hora robada a ciertas materias, enseñamos a cantar consiguiendo, la verdad, plena satisfacción de quienes nos pusimos de “entonadores”.
Y llegó el día de unir musica con canto. ¡Dios mío, qué desastre!. No parecía la misma melodía de unos y otros. El señor Molas se esforzaba en tratar de encontrar un punto de unión pero... no había forma a pesar de sus intentos imposibles. Habíamos viciado la s melodías y no hubo forma de conectar a los dos grupos.
- Esto no funciona - me dijo. No podemos salir con esto a la calle - decidió con evidente disgusto, como si se la hubiera caído el mundo encima.
Pero no estabamos dispuestos a perder la ocasión de revivir tan hermosa página cultural y tradicional y se nos encendió la bombilla de las buenas ideas
- Sr. Molas - le dije - Vamos a hacer una cosa. Desistimos del coro de chavales. El domingo de Carnaval salimos con la rondalla tocando por las calles sin hacer concierto en la plaza y lo que podemos hacer es invitar a la gente que conozca un poco las canciones o que tenga capacidad para aprenderlas y formamos un coro para cantar el domingo de Piñata.
Molas sonrió. No estaba todo perdido y, en efecto, salimos a invitar a cantores del coro parroquial y a personas de las que sabíamos su gusto por cantar y suponíamos conocedores de algunas de las letras del repertorio previsto. Pateamos medio Marín y principalmente Cantodarea y, en efecto, conseguimos formar un gran grupo de casi cien personas que, perdido ya el domingo de carnaval, durante toda la semana y hasta el de piñata, concentramos diariamente en el colegio Inmaculada que nos cedió un aula para ello. Allí rondalla y grupo coral consiguieron ensamblar aquellas viejas canciones que, en efecto, el domingo de Piñata del año 1980 ofrecimos desde la escalinata al numeroso público que llenó la Plaza del Reloj y que vibró con el recuerdo de viejos tiempos.
Y prendió la ilusión hasta el punto de que nos citamos para el siguiente año repitiendo la historia con otro repertorio. La rondalla se redujo en número pero aumentó en calidad con la presencia de “viejos roqueros” y el coro también se quedó más o menos en la mitad del año anterior pero se renovó el éxito. Era el año 1981 y se homenajeó a la rondalla “Los Nocturnos” que había salido 50 años antes y de la que el propio Molas había formado parte. Se editó un programa con fotos y canciones de aquella rondalla y se hizo un recuerdo a la que había sido su madrina de entonces, Nieves Carral, emigrante en Argentina, que recib ió el homenaje con especial emoción desde aquel lejano país.
Y sonaron, entre otras, las canciones “De China vengo”, “Sueño feliz”, “Vente al bajel”, etc. Y no solo en Marín sino en todol los concellos de Morrazo a donde el grupo se desplazó para ofrecer el concierto en las plazas populares.
Aquel segundo año fue la confirmación de la rondalla. Seguía llamándose “Os Tunantes” pero se decidió el cambio de nombre porque algunas de las señoras que formaban parte del coro consideraban que, por lo menos ellas, no lo eran, y se decidió, desde entonces denominarlo “Lembranzas”. Y Otero Molas aprovechó aquella incipiente afición para proponer la formación de un coro popular con el mimso nombre y de ahí salió la actual coral polifónica “Lembranzas” que Molas dejó en manos de María del Carmen García Campelo tras quien llego Benito González y en la actualidad dirige Sofía Taboada Gil. Se perdió la cuerda y las flautas pero se ganó y mucho en polifonía con la transformación del grupo en una polifónica que, gracias a aquellos primeros pasos de “Os Tunantes” tiene ya cuatró dècadas de vida. ¡Que no decaiga!.