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El Lazareto de Tambo dependió como tal del ayuntamiento de Marín hasta su cierre en 1879

Carriola.Julio Santos Pena.23.03.22

Ya hace un tiempo nos referimos en Carriola a Tambo y su historia con datos recogidos de la obra de Manuel Cendán “Marín en las Tarjetas Potales Antiguas”. Nos quedó pendiente referirnos más extensa y particularmente  al Lazareto, hoy una ruina, que se encuentra en la isla y que fue un importante elemento de la misma en otras épocas.

 Las enfermedades que se transmitían en los viajes a la vuelta en larguísimas travesías transoceánicas fueron motivo de alarma. Los contagios de enfermedades que atravesaban el océano con los pasajeros de un lado para otro constituían un peligro y una constante preocupación por lo que se tomó la decisión de construir lazaretos en los que, los viajeros, tenían que pasar una temporada, la cuarentena, hasta que se demostrara que no traían ninguna enfermedad y si alguno la traía allí podía quedarse hasta su curación o, incluso, hasta su muerte.

Dice Candán Vilela que la proximidad de los lazaretos  tenía ventajas pero también inconvenientes. Las primeras eran claramente económicas porque los recluidos en los lazaretos hacían gasto para su propio mantenimiento favoreciendo la economía de la zona. Entre los inconvenientes estaba el temor a la extensión de los contagios de esas enfermedades llegadas de ultramar. Y así, los lazaretos tenían dos categorías: una los “sucios” y otra los de “observación”.

Mahón en la isla de Menorca, fue el primer lazareto de España a finales del siglo XVIII y en 1826 se plantea la necesidad de un lazareto en las Rías Baixas, instalación que fue pretendida por Vigo y Pontevedra, ya que contaban con las islas de San Simón y Tambo respectivamente como enclaves ideales. En junio de 1838 se llevó el gato al agua Vigo y en San Simón se construyó el lazareto pero desde la División Guardacostas de Galicia se consideró insuficiente por lo que se propuso la construcción del de Tambo pocos meses después, instalación que empezó a funcionar en agosto de 1842.

El de San Simón tuvo muchos problemas por su mal funcionamiento y, entre ellos, una epidemia que se extendió por la zona de tierra. El gobierno ya había sido alertado con anterioridad  y aquel cólera-morbo-asiático hizo barro en las parroquias de Viso y Cesantes y se extendió después por la costa y hasta La Coruña, produciendo numerosas víctimas. Se decidió entonces cerrar el lazareto de San Simón y llevar los viajeros a Mahón mientras no se acababa de construir el de Tambo.

Hubo una tercera propuesta, ésta del alcalde de Pontevedra, Antonio Blanco, en la Isla de San Xulián, de la Ría de Arousa para sustituir a San Simón, dirigiendo un escrito a la Reina con fecha 28 de agosto de 1857, y como la respuesta tardó demasiado, se formó una comisión que reconociera como buena la propuesta de San Xulián sin olvidar la de Tambo para instalar el “lazareto sucio” al cierre del de la Ría de Vigo.

E, 1865 el Gobierno se dispuso a ejecutar las obras para un lazareto provisional en Tambo y dotarlo del personal de plantilla necesario par su atención pero la falta de recursos del Gobierno en aquel momento, retrasó la ejecución, por lo que se formó una comisión denominada “Junta constructora de las obras provisionales  del Lazareto de Tambo”, presidida por Francisco Castro y Barceló. Los miembros de dicha junta se comprometieron a aportar cada uno una cantidad económica  para las obras pero no todos cumplieron y hubo que reclamar el compromiso de pagar 100 reales cada uno mediante demanda judicial.

Y se hizo la obra con, además, el muelle de cantería de 75 meros de longitud y los edificios necesarios para la prestación del servicio a un “lazareto sucio”. Manuel Fernández Gándara  fue el concesionario del servicio de llevar toda la correspondencia procedente de ultramar que llegara a Tambo, hasta Placeres a fin de que desde allí se destinase a Marín o Pontevedra según indicación de los propios remitentes.

Otro vecino de Salcedo, Antonio Tapia Campos, fue quien ganó, en subasta pública,  la propuesta de atender los servicios del Lazareto: fonda, cantina, lavado y planchado de ropa, juegos permitidos, transporte de pasajeros y efectos, en la suma de 7.420 reales por uno o dos años de servicio según quisiera el propio adjudicatario

Se aprobó también en 1867 el presupuesto y pliego de condiciones para adquirir el mobiliario y útiles del Lazareto adjudicación que se hizo a un padronés, Agapito Pérez de la Riva, en la cantidad de 8.890 escudos.

Pero la decadencia del Lazareto de Tambo vino por la reducción de buques que arribaran al Puerto de Marín ente otros motivos porque, los cada vez más grandes barcos que  prestaban servicio trasatlántico  no tenían donde atracar y se veían obligados a fondear en la ría y trasladar a sus pasajeros en lanchas hasta tierra, en diferencia con, por ejemplo, el puerto de Vigo que les resultaba más cómodo. Así, el ayuntamiento de Marín dejó de incluir el gasto del Lazareto de Tambo en sus presupuestos  y el pleno de la corporación,  el 5 de junio de 1870, da por suprimid su responsabilidad trasladando al Gobierno la continuidad de la instalación, pero en septiembre de 1879 el Lazareto fue suprimido, trasladando al de San Simón los enseres y mobiliario de que disponía.

A partir de ahí, se dio a la construcción en Tambo otras funciones como fue la de penitenciaría miliar, pero eso ya da para otro día en Carriola siguiendo el trabajo de Manuel Cendán Vilela una vez más.

 

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