Carriola.Redacción.08.05.22
El anuncio que ayer nos hacía nuestro chef de lujo aludiendo a los percebes a mitad de precio ha levantado expectación porque, con la que está cayendo cualquiera se ilusiona con una novedad así. Pues aquí queda la colaboración de hoy que cada quien entenderá lo que quiera. Si lo dice Alfonso, punto redondo. Vamos allá:
Muy buenas amig@s carriolistas
Como estamos de enhorabuena porque la semana pasada sumamos 700 nuevos carriolistas (en total fuimos 7.700 amigos) os propongo hacer una pequeña fiesta y darnos un homenaje porque hemos ampliado la familia de papadores.
¡Qué mejor manera que realizar un pequeño exceso comprando unos percebes!. Un kilo nos puede dar perfectamente para cuatro personas. Un percebe decente puede estar a unos 90 o 100 euros el kilo.
Las cuentas son muy sencillas, dividid los 7.700 entre 4 y nos salen los kilos que vamos a necesitar para nuestra celebración. Y lo mismo para botellas de vino. No sé si con lo que me paga el director de la Carriola podré invitaros a todos, pero bueno, vamos a poner en práctica un pequeño truco para que podamos reducir el coste del kilo de percebes para que la fuente no pierda peso y gane en palatabilidad.
Esto me pasó a mí en una ocasión, aunque a menor escala, y el éxito fue rotundo.
Nadie pone en duda que el percebe hay que comerlo caliente y, para eso, la tradición manda que hay que, una vez cocidos, taparlos con una servilleta de tela o un paño para que aguante el calor el máximo tiempo posible.
Además, taparlos, cumple una doble función: joder al listillo de la mesa, el que siempre se tira a los más grandes. Como hay que meter la mano debajo de la servilleta sin abrirla, evitamos así que pueda elegir las mejores piezas.
Aprovechando este concepto, se me ocurrió que qué mejor compañía para mantener el calor que unos cachelos bien calientes, con su piel y todo, para conservar la temperatura del percebe. Os aseguro que meter un percebe en la boca, a la vez que se muerde una patata cocida, a combinación de sabores y textura en el paladar es inenarrable. Y la gran satisfacción que te da tener la mitad de patatas que de percebes, con la misma cantidad de comida en la fuente. Nadie me protestó nunca y, aún es más, me felicitan por la combinación. ¡Esa es la clave!
Una vez fui con percebeiros de Bayona a coger algunas piezas en Oia, para grabar uno de los programas de mi serie de Canal Cocina “El Jardín Azul”. Les preparé luego la cena y les puse percebes con cachelos cocidos. ¡Los ojos se les salían como las patatas que tenían en la fuente! Todos se sorprendieron porque les encantó y nunca antes lo habían visto. Os puedo asegurar que eran unos percebes “como carallos de home”, como los que se vendían antes, ¡que espectáculo de percebes! Os aseguro que meter en la boca ese percebe jugoso, salado y yodado, con el dulzor de esa patata pelada a mano en el momento, que te quema y todo, es una sensación espectacular. Tan nueva y divertida que hace que te olvides por un momento del precio del percebe.
Aunque, la verdad de corazón es que, el día que un mejillón cueste lo mismo que un percebe me vais a decir cuál está más rico, sinceramente. A mí me gustan por igual. Así que, si no encontráis percebes en la plaza, o vuestro bolsillo no se lo puede permitir, cambiad el percebe por el mejillón. Os aseguro que la fiesta no se deslucirá en absoluto. Y, el bolsillo, ni os cuento.
RECETA
La receta del percebe es muy sencilla: “Agua a ferver, percebes botar. Agua a ferver, percebes quitar”. Así es como se cuece un percebe. Cuando la patata esté hecha, se le añade el percebe y cuando vuelve a hervir se retira el percebe y la patata, todo a la vez.
Por cierto, esta es la primera receta de esta Carriola en la que no utilizo aceite de oliva virgen extra “Aires de Jaén” pero, si queréis probar algo nuevo con los percebes, poned en una sartén un buen chorro de “Aires de Jaén” y, cuando esté caliente, volcáis una buena ración de percebes y lo tapáis. Al minuto probáis uno y si está a vuestro gusto, los apartáis del fuego. Si no, podéis dejarlos un poco más, probando cada 30 segundos, hasta que estén. Vais a probar unos percebes a la plancha increíbles. Los tiempos varían en función del calibre que tenga el percebe, claro.
Se sirven en una fuente o en un plato de madera, mejor todavía. ¡Ahhhh y unos cachelos, claro!