Carriola. Julio Santos Pena. 06.10.22
Hace ya unos cuantos años me encontraba en Cádiz a donde acudí para presenciar sus famosos carnavales. La calle a rebosar y grupos de personas formando cuartetos, comparsas, chirigotas y... un mundo de variedad carnavalera. Estaba yo absorto pero divertido escuchando a dos matrimonios cuyo uniforme era un extraño sombrero, un cubo de playa sobre sus sobre su cabeza, cantando, casi recitando, con suavidad y sin levantar demasiado las voces, sus composiciones que nos hacían reír por su originalidad y “chispa”.
Me dí la vuelta en cuanto acabaron y me topé de frente con él, con el Loco de la Colina, a medio metro de mí. Le reconocí enseguida y me puse delante suya consciente, porque yo lo sabía, de que no le gustaba mucho ser interrumpido en su vida normal, como le ocurre a muchos famosos a los que no les gustaría serlo. Pero no me pude aguantar.
-Maestro- le dije otra vez mientras esperaba un rechazo de respuesta que, al contrario, no llegó acaso porque aquel genio de la radio y de la comunicación con silencios, se vio sorprendido por alguien que tenía otro acento. Me sonrió.
-Maestro, le repetí mientras le extendía la mano que me estrechó con una sonrisa
-No sabe usted el deseo que tenía de conocerle desde mi Galicia - le espeté, y aumentó su sonrisa
-Buena tierra, buena tierra, -me dijo complacido
A punto de acabar aquella mínima conversación se me ocurrió decirle:
-Me ha gustado mucho su entrevista a John Balan
Me miró con curiosidad
-Un gallego como tú, -me dijo y añadió-, Un gran tipo... Otro “loco” y echó una risotada de las suyas.
-De mi pueblo es, -le dije-, y buen amigo
Y ahí empezamos de nuevo la aproximación. Acabamos en una terraza tomando una caña y le conté la verdadera vida de aquel Manuel Outeda que él conocía como John Balan nada más.
Jesús Quintero, el “Loco de la Colina” me agradeció la referencia
- Así tenía que ser - creí entenderle.
Nos despedimos con cordialidad; no me dejó pagar a pesar de mi insistencia
Jesús Quintero, el “Loco de la Colina” ya se habrá encontrado con Balán allá en las alturas, y acaso el marinense Manuel Outeda se extrañe de que sepa tanto de su vida.
Descansen ambos en paz.
