Carriola.Julio Santos Pena.19.10.22
Con la llegada aquí de la Escuela Naval Militar fueron muchos los andaluces que se trasladaron desde San Fernando y alrededores a Marín para cubrir las distintas plazas de maestranza que tenía el centro castrense con personas de todos los oficios
Laureano Mayán nos dejó semblanzas de decenas de vecinos, muchos de ellos todavía vivos, y no se le escaparon personajes muy populares o singulares como lo fue Paco “el Carrero”, Francisco Cruceira Ostenero, un gaditano nacido en octubre de 1910 y fallecido aquí, en Marín, en el año 85.
Paco fue siempre un especialista del transporte por tracción animal en aquellos tiempos, a los que no sé si volveremos, en que las cosas iban y venían en carros tirados por caballos o, en este caso, recios mulos que obedecían a las órdenes del carrero que los dirigía. Ingresó muy joven en la Escuela Naval Militar de San Fernando y con ella se trasladó a Marín cuando la Academia de la Armada decidió que esta ría era idónea para su cometido.
En medio estuvo la maldita guerra civil en la que padeció tres heridas de bala sin haber sido recompensado por su entrega, y en el 1943 fue cuando ya dejadas atrás las armas y sus ruidos, recuperó su antigua actividad como carrero con el traslado a Marín incluido. Asegura Mayán que hizo el viaje en el buque de la Armada “Contramaestre Casado” y, a bordo del mismo, sus mulas, su calesa y el carro de transporte con el que trabajaba.
Dos años estuvo en Marín solo hasta que su familia, esposa y dos hijos, se trasladaron a Galicia para iniciar la vida que les mantendría unidos en resto de sus vidas.
Paco transportaba todos los días en su calesa a los hijos e hijas de los jefes de la Escuela que estudiaban en el colegio de Pontevedra hasta que ese medio de transporte, seis años después, fue modernizado con los vehículos a motor lo que le relegó de su actividad por no tener carnet que le permitiera conducir coches ni autobuses.
Y Paco empezó entonces con otra actividad siguiendo con su carro y sus mulos, como fue la del reparto de pan por las casas de los militares por lo que era habitual y diario verle por la calle, subido a su carro gris, y dejando que los mulos, bien enseñados, hicieran el recorrido sin equivocarse ni un metro, tal era su destreza en la doma de los animales.
Cumplidos sesenta años, Paco, el Carrero, se acoge a la jubilación y su vida sigue en el ambiente civil en esta villa.
El Paco torero: “El niño de Cádiz”
Como buen andaluz Paco era un gran aficionado a los toros y participaba con otros dos locos por las corridas de toros como eran “Pepeillo de Barrantes” y “El Mirlo”, este último también de la Maestranza de la Escuela Naval. Paco oficiaba de banderillero, junto con Camará, otro andaluz más con las mismas razones de su estancia en Marín. La cuadrilla se desplazaba a Pontevedra para actuar en la plaza de toros en el viejo “trole” y en una ocasión se dio la circunstancia de que viajaba también un cura que les escuchó los comentarios que no hacían, desde luego, en voz baja. El sacerdote, antes de bajarse del vehículo, procedió a impartir sobre ellos la bendición y desearles suerte en el envite torero.
Pero Paco no se conformaba con ser banderillero de El Mirlo y con frecuencia burlaba la vigilancia de la guardia civil en los festejos taurinos y se lanzaba al ruedo como espontáneo lo que le tiene costado algún disgusto incluso con un varetazo que recibió en una ocasión en pleno rostro.
Sociable, comunicativo, divertido como correspondía a su naturaleza andaluza era un diestro “educador” de los mulos que le obedecían a la primera aunque tenía que, tras la orden dada, gritarles el “ar” militar como correspondía a su condición castrense.
Y otro aspecto puramente andaluz de Paco era su devoción cristiana y fue por ello uno de los fundadores de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que aún hoy persiste en la parroquia marinense.
Un acierto más de la relación de semblanzas que Mayán dejó escritas en sus libros para que unos recordemos a, en este caso Paco y otros sepan que aquí, no hace mucho, las cosas se llevaban en carros de caballos que había carreros especializados en ese tipo de transporte e, insisto, ojalá que no haya que volver al sistema.