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La Ortodoncia invisible: Colmillo acostado

Carriola.Redacción.21.12.22

Los defectos en la dentadura han sido históricamente motivo de complejos y de incomodidad de quien los padecía. Un día apareció alguien con alambres y cosas parecidas y se empezó a corregir lo que hasta ahí era incorregible. La Ortodoncia es ahora un milagro que se ha venido fraguando con estudios y avances como ocurre en todo lo que se relaciona con las clínicas dentales. Todos tenemos recuerdos “imborrables” de otros tiempos y sorpresas agradables en la actualidad porque todo ha cambiado. La clínica del doctor Andrés Antelo Añón está a la última y una paciente nos ha enviado un comentario que reproducimos a continuación. Pero hemos contactado con el doctor que nos explica que, “En la actual ortodoncia, todo lo diseñamos con un software y se pueden ver los cambios desde el inicio hasta el final ya antes de llevar los aparatos que son una secuencia donde cada uno hace un pequeño movimiento hasta logran la corrección total en un tiempo de entre 12 y 15 meses”. Y apostilla el odontólogo cuya clínica está frente el Parque Eguren “Es la nueva era de la Odontología; Odontología digital”.

El odontólogo Andrés Antelo en plena operación

Pues agradecemos la información del doctor y reproducimos el comentario que nos envía Leonor de la Puente donde nos cuenta su positiva experiencia  con

La ortodoncia invisible

Durante casi sesenta años conviví con mi “colmillo acostado”. Así lo llamaba yo porque, en vez de coger la vertical, se había desplazado hacia adelante para tomar una postura más cómoda, como de tumbona. Seguramente en mi preadolescencia debió de preocuparme aquel saliente desgarbado, porque recuerdo a mi padre decirme que no apretara los labios al reír. Lo cierto es que le hice caso… hasta que, con la edad, mis mejillas empezaron a resentirse por las frecuentes mordeduras y los enganches que me producía el acomodado canino. Hecha la pertinente consulta odontológica el asunto se veía complicado: había que hacerle un hueco para enderezarlo y además mover todos los dientes para que la mordedura fuera la adecuada. Así pues comencé una ortodoncia ¡a mis años! Primero me practicaron la más conocida de metal y gomas con la que estuve seis meses, y después otro tanto con la que llaman “invisible”. Bueno, invisible no es del todo, porque en esencia se trata de unas cubiertas de plástico transparente y unos pequeños topes en algunos dientes para reforzar las tensiones, lo que da una sonrisa de un blanco resplandeciente. Estas cubiertas se diseñan con un software específico y un escaneado 3D, por eso se adaptan perfectamente a todos los recovecos de la dentadura; y se renuevan cada dos o tres semanas, porque cada una de ellas supone un cambio en las tensiones y un movimiento de cada una de las piezas dentales. Es más, desde el principio he podido ver en un video cómo iban a ser los movimientos de mi dentadura ¡genial! Con este tratamiento el bienestar de la boca mejora notablemente respecto al de metal y gomas; sólo hay que tener disciplina y orden para quitar las fundas antes de cada comida y para colocarlas de nuevo una vez limpias aquéllas y cepillados los dientes. Pero merece la pena, porque estas incomodidades de la ortodoncia digital o invisible son mínimas; además, resulta muy curioso observar cómo va cambiando la posición de cada uno de tus dientes y, sobre todo, los resultados son realmente espectaculares.

                                                                                        Leonor de la Puente

 

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