Carriola.Julio Santos Pena.23.12.22
El pasado martes el genial músico Carlos Núñez presentó un videoclip en el Museo Torres a quienes pudieron ir a verlo con presencia de la alcaldesa y del presidente del Ateneo Santa Cecilia, entre otros. Todo han sido elogios al trabajo del famoso gaiteiro y del equipo audivisual de “TRECE” y no cabe duda de que técnicamente el video es bonito porque los paisajes también lo son y las tomas de lo que en él se ve, adecuadas y siempre teniendo en cuenta que, para gustos, colores... Nada que decir en ese sentido si es que obviamos aspectos de evidente interés con respecto a nuestra Danza de Espadas.
Me perdonará Carlos Núñez y también la alcaldesa, así como los integrantes del Patronato de San Miguel (no todos estaban invitados, creo) y entre ellos el presidente del mismo y del Ateneo Santa Cecilia, Lois Dopazo, si me atrevo, después de elogiar en parte el trabajo, a matizar lo que, personalmente, no me parece adecuado de su contenido o, mejor dicho, de lo que no aparece en su contenido.

Danzantes pasando bajo la imagen de San Miguel como un signo de respeto
Y es que la Danza de Espadas de Marín tiene un origen y una motivación que no es otra que la de honrar a San Miguel, Patrón de los Mareantes, marineros que rendían su homenaje al Arcángel especialmente en la festividad de septiembre o, me imagino que cuando tuvieran ocasión para ello. Y en las evoluciones de la Danza de Espadas de Marín no se puede, mejor dicho, no se debe, obviar esa motivación porque tanto cuando la bailaban solamente los mareantes, como ahora que lo hace la juventud masculina y femenina que la conserva, la Danza de Espadas de Marin realiza su baile ante la imagen de San Miguel bajo cuya anda pasan las filas de danzantes varias veces durante la interpretación y, en un momento de la misma, realizan la figura de la estrella rodeando el Pendón que tiene siglos de antigüedad, tras realizar el rodeo que en el vídeo se ve una y otra vez en forma de caracol incompleto. Entiendo que, aunque fuera como valor testimonial, se pudo utilizar el mencionado Pendón que, además, tiene una imagen en miniatura de San Miguel en su cúspide, lo que sería un indicativo suficiente del “corazón” de la Danza.
Y, lo digo sin querer socabar las intenciones que Núñez tiene para mostrar este remedo de danza por el mundo, pero con la convicción de que aquí falta algo y algo tan importante como la motivación de una danza DE MARIN, que dicho sea de paso, esa referencia no aparece por ninguna parte, seguramente porque el artista ha querido dejar constancia de que existen otras en otros lugares, y por eso aparece un danzante varias veces con movimientos y vestimenta que aquí desconocemos totalmente, aunque serán, seguro, de otra manifestación similar, y probablemente también religiosa, pero que aquí, insisto, no se ha visto nunca.

Los danzantes rodean al Pendón que tiene un San Miguel en la cúpula para formar la estrella
La música que Núñez emplea en el videoclip también podría tener su discusión y no porque no sea excelente sino porque, por lo menos, las últimas generaciones desde que Paivo y Millís recuperaron la tradición allá por los años cincuenta, han venido escuchando otra melodía que desde hace unos años hay quien se empeña en querer negar como tradicional si no es tradición sostenerla durante más de seis décadas. Pero sobre este aspecto corramos un tupido velo porque el maestro es Carlos Núñez y él sabrá lo que hace, cómo lo hace y por qué lo hace pero, para que el mundo por donde viaje Carlos Núñez se entere que esta danza es de Marín, tendrá que decirlo de alguna manera cuando tenga un micro en la mano y mucho me temo que no le van a entender porque el idioma es el idioma.
Las danzas gremiales, insisto, tienen una razón de ser aunque a algunos no les guste sobre todo cuando esa razón tiene carácter religioso como es el caso de la Danza de Espadas de Marín y con esta afirmación no siento ninguna cátedra porque es algo tan evidente como la vida misma. La Danza sin el San Miguel o el San Miguel sin la Danza es una incongruencia guste o no guste, y aquí queda la reflexión de un servidor.
Y lamento profundamente que ni las autoridades municipales, alcaldesa al frente, ni los teóricos guardianes de la tradición patrimonial, le hayan dicho de esto ni una palabra al artista al que nos atrevemos, con todo respeto a ofrecer nuestra humilde opinión.