Carriola.J.S.P.30.12.22
Mañana se acaba el año y, cuando amanezca el domingo estaremos mirando hacia adelante acaso con la esperanza de que sea mejor que los dos últimos y nefastos 2021 y 2022 con tanta pandemia y tanta guerra que nos han abocado a una situación de crisis real de la que intentamos pasar por encima, como pisando huevos, para no sufrir demasiado. Lo que venga detrás será lo que Dios quiera y quizá hayamos aprendido algo, o no, de la realidad de que, a pesar de los avances técnicos que nos asombran, un puñetero bicho invisible o un patán demente como el ruso, se pueden valer solitos para amargarnos la existencia a la humanidad entera. De cualquier modo mañana por la noche, tras el atragantado oficial de las duodécima uva, chocaremos las copas de champán para ver el futuro con mejores ojos.
Y a la vista tenemos ya el año electoral por excelencia, abocados a decidir quienes van a regir nuestras vidas desde el punto de vista administrativo. En mayo, los del mismo pueblo, iremos a las urnas con las papeletas en las que figuran los nombres de convecinos que ofrecen su dedicación a tratar de mejorar lo que hay, y en diciembre serán los políticos de alto copete que se sientan por cientos en Congreso y Senado para decidir nuestro futuro político y económico.
Las Municipales son unas elecciones distintas a todas las demás. El ciudadano vota por alguien próximo, conocido desde siempre tanto a nivel personal como familiar y pobre del que se presente sin esa tarjeta de proximidad porque será ignorado con toda seguridad por los ciudadanos votantes. No ocurre lo mismo en las otras elecciones a nivel Estado, porque casi siempre te tienes que fiar de lo que te cuentan de los personajes que te son hasta lejanos y desconocidos porque, lo más, lo más, los has visto un día de mitin tratando de sonreir y con la voz ronca de tanto hablar en quince días de campaña, o en el mercado, cogiendo con cierta cara de circunstancias un “peixe” en la mano, o dándole besos a un niño que se cruza en su camino. Esas películas ya las conocemos todos.
Marín tendrá como los otros cientos de ayuntamientos de España la oportunidad de decidir el último domingo de mayo, quién y quiénes serán los gobernantes “de cerca” para cuatro años. A cinco meses de la cita se sabe con certeza que socialistas y nacionalistas del BNG presentarán en sus cabezas de listas a Manuel Pazos Lamoso y Lucía Santos Omil, respectivamente. Nada nuevo bajo el sol, porque son los que ostentan las portavocías de sus respectivas representaciones municipales. Del PP se intuye que María Ramallo, exitosa en las tres últimas convocatorias con mayorías absolutas, y la presente con 15 de 21 concejales, volverá a ser la cabeza visible de su partido que, de momento, no creo que esté dispuesto a probar otra posibilidad. Seguimos desconociendo si, como es costumbre, habrá algún otro grupo de vecinos que decidan presentar candidaturas con proyectos concretos, cosa que no siempre favorece a ninguno de los que están porque acaban arañándoles votos por un lado o por el otro y casi siempre, quedándose fuera del espectro plenario por no conseguir los mínimos que requiere le ley.
El PP parece tener una estructura interna más sólida que los demás y hace unos días se les ha visto unidos con sus bases en ese vino navideño que comparten en estas fechas. Además cuentan con la organización juvenil de Nuevas Generaciones que el próximo mes elegirá a su nueva directiva, pero siendo ya un grupo consolidado y colaborador con las siglas del partido conservador.
El PSOE todavía está digiriendo la desgraciada desaparición de uno de sus pilares básicos como lo era en esta etapa Benito González, fallecido en el incendio de Pontesa hace un mes y, Pazos Lamoso deberá encontrar en quien apoyarse cubriendo, incluso a nivel personal, ese hueco enorme que dejó González, sin que ello quiera decir que no cuente con equipo con el que intentar el asalto a a la alcaldía que hasta ahora no le fue muy propicio.
El BNG, de nuevo con Lucía Santos al frente, tendrá que esforzarse para mejorar los resultados anteriores que le han traído en línea descendente desde hace varios períodos por eso que le ocurre al Bloque cíclicamente, una vez sí y otra también, de sus descomposiciones internas de las que se podría hacer un libro. Lucía Santos ha dado, en cambio, una sensación de cohesión del partido que abre esperanzas a su electorado para esta próxima confrontación.
Pronto empezaremos a presenciar la “guerra de méritos” de unos y otros. Los partidos de la oposición intentarán menoscabar la trayectoria del de gobierno y éste sacará a relucir la batería de lo que cuentan como logros apoyada en las numerosas obras que están por hacer, pero ya en marcha, y se reactiven de verdad cuando acabemos con el turrón, y en las sucesivas inauguraciones que se irán haciendo, cuanto más cerca de mayo, mejor, que eso siempre ayuda.
Este próximo cuatrimestre se nos presenta apasionante, en lo que a política local se refiere y cada quien debe pensar antes de depositar su voto porque, después, de nada vale lamentarse. Pero para eso tendremos hasta el 27M, que será la jornada de reflexión.