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Recordando a SERVANDO MONTES FERNÁNDEZ

Carriola.J.S.P....02.02.23

Todo un personaje, Servando Montes, precursor de cuanto negocio haya en Galicia relacionado con el churrasco porque cuando se decidió a regresar de Montevideo para abrir el famoso “Cantaclaro”, aquí en ningún bar ofrecían la costilla asada con la maestrìa que él tenía para ello. Hoy le traemos a nuestra sección "Recordando a..."

Laureano Mayán dejó escrita en su libro “Marinenses de ayer y de hoy” una amplia referencia a Servando Montes, aquel personaje que se consolidó en Marín como un gran asador de carne exponiendo su oronda figura al constante e intenso calor de las brasas de su kilométrica parrilla donde se preparaba su famoso churrasco para cientos de personas cada día.

Nació en Miñan en el año 1941 y, desde niño, su tendencia era llegar a ser sacerdote. Empezó sus estudios en la escuela de Cadrelo y después en la Academia Aboy pero, en el año 1957, decidió tomar las maletas de la emigración rumbo a Uruguay donde su padre estaba ya allí desde años atrás trabajando como cantero. Con su hermano Juan trabajó como camarero y como empleado de una tienda de alimentación hasta que, con trabajo y sacrificio, consigue hacerse con un negocio propio en Montevideo traspasando una tienda donde se encontró con la imagen de la Virgen Inmaculada que le acompañó durante toda su vida pues la instaló en los sucesivos negocios que ostentó durante ella.

Mayán sitúa en el año 1961 el momento en que le indican que ya no tiene que hacer el servicio militar en España tras comunicar durante años su estadía allende los mares y ahí empieza a trabajar la “morriña” y el deseo de volver a su terruño, aunque sea para visitarlo unos días.

Con la mirada puesta en Marín

Claro que su visión del negocio le llevó a percatarse de que aquí, a finales de los años sesenta, no había ni un solo restaurante dedicado a la carne asada que, en cambio, en Uruguay era lo más común y corriente y, aunque regresó a América, en su conciencia estaba ya el deseo de volver a Marín e instalarse aquí con un asador lo que hizo en Cantodarea, frente a la antigua lonja, traspasando una taberna denominada “Bar Cantaclaro”, y con ese mismo nombre abre su primera churrasquería que se quedó pequeñísima a los pocos días, pues su fama corrió como reguero de pólvora por todo el entorno. El caso fue que, teniendo entre la Avenida de Orense y la fachada del bar una considerable superficie, decide cubrirla con un original sistema de techo apersianado, capaz de abrirse con un sencillo giro para evacuar los humos que pudieran acumularse con frecuencia. Y aquel pequeño bar se convierte en una superficie capaz de albergar 250 comensales de una tacada creciendo su superficie a la vez que su fama, y cada hora se renovaba el personal ávido de comer el exquisito churrasco que Servando preparaba a la vista de todos.

La playa de Portocelo fue en un momento dado otra de las ilusiones de Servando. Se hizo con el bar municipal de la zona y allí se llevó su famoso churrasco especialmente en el verano. Llegó a proponer en el concello la construcción de un hotel tras el propio bar, incluso comunicado con paso subterráneo bajo el paseo allí existente con el arenal pero, como siempre, todos fueron dificultades que acabaron por desanimarlo por lo que abandonó su pensamiento aunque continuó algún tiempo con el bar y también con el servicio de mantenimiento de la playa.

El incendio destructor de ilusiones

Pero no todo fue suerte en la iniciativa de Servando porque en el año 2000 vio cómo su “Cantaclaro”, donde había iniciado su exitosa trayectoria culinaria, acabó en pocos minutos como pasto de las llamas por alguna chispa originada cerca de la chimenea. Una desgracia para él y su familia, y un contratiempo para sus cientos de clientes que perdieron por un tiempo su servicio de exquisita cocina al alcance de cualquiera por calidad y por su más que asequible precio.

La chimenea rescatada del incendio colocada en Chan do Monte con las banderas de Galicia, Uruguay y España

Pero Servando no se arredó y pasado el susto, decidió reabrir su negocio ahora en Chan do Monte, al lado del colegio San Narciso en un moderno local bajo su propia casa, con cómodo aparcamiento para vehículos a donde llevó solamente dos cosas que quedaron en pie en aquel pavoroso fuego: La enorme chimenea donde figuraba el nombre del establecimiento, y ¡oh milagro! La imagen de la Inmaculada que se había traído de su primer negocio en Uruguay y se salvó del tremendo incendio de Cantodarea.

La Virgen Milagrosa

Y resulta verdaderamente milagroso que aquella imagen se hubiera salvado antes de un accidente de trafico en Montevideo cuando, un autobús chocó con la casa donde se encontraba destrozándola por completo pero la Virgen y las personas que habitaban en inmueble, no sufrieron el menor daño. La misma Virgen que salió indemne de un incendio en el barco, junto con Servando, que la traía desde allá. Medio barco calcinado pero la imagen intacta igual que sucedió en el Cantaclaro años después de donde surgió de las cenizas a las que quedó recudida la churrasquería.

Servando y Amelia con sus hijas Inmaculada y Concepción

Un perfecto caballero

Hombre afable pero muy responsable de su tarea, era capaz de salir en defensa de quien precisara ayuda. Mayán cuenta cómo en una ocasión presenció la agresión de que era objeto un pobre hombre y salió en su defensa. Peleó duro con el supuesto agresor al que dejó K.O y al que él mismo llevó al hospital  para que fuera atendido.

Muchas veces personalmente le preguntábamos cómo podía soportar tantas horas al lado de las intensas brasas sobre las que preparaba cientos de kilos de churrasco a mediodía y a la noche y un día, su esposa, Amelia, nos confesaba que era friolero de por sí lo que le llevaba a dormir con mantas por muy calurosa que fuera la noche en el pleno verano.

Fumador empedernido y lógico consumidor de litros de agua cada día para contrarrestas el efecto de las brasas, Servando Montes dejó cientos de amigos o más que amigos, admiradores que apreciaron su sentido del humor, su responsabilidad, su generosidad y su enorme capacidad para el negocio que bien se reflejaba cuando cubría las paredes de la churrasquería con cientos de cajas de vino cuyos distribuidores le compensaban generosamente y con justicia, tal era la capacidad de venta en sus locales.

Servando falleció el 30 de diciembre de 2009. La generación anterior le recuerda con mucho afecto y pocos serán los que no hayan pasado por sus churrasquerías en alguna ocasión. Laureano Mayán acertó de pleno al dejar en uno de sus libros la referencia a Servando Montes, a su esposa Amelia y a sus hijas “Inmaculada” y “Concepción”, nombres que dejan bien a las claras la devoción religiosa que Servando sentía en su interior.,

roslev