Carriola.Julio Santos Pena.07.02.23
Los trabajadores de ENCE, que son medio millar con todas sus cargas familiares a cuestas se han visto hoy liberados de una gran preocupación que vienen soportando desde hace meses o años. Y no solo ellos, sino todos los que de alguna manera tienen su pan relacionado con el trabajo para la empresa que seguirá operando donde está durante años, generando la riqueza que ampara a un amplio tejido social de esta zona
La alegría va por barrios y, mientras la experimentan los miles de trabajadores y empresarios que tienen sus sustento apoyado en la actividad de la pastera en Lourizán, otros, mucho menos numerosos , se estarán comiendo las uñas de rabia y prometiendo sabe Dios qué actitudes tomar para dejar clara su postura ante la noticia de que el Tribunal Supremo ha determinado que la fábrica debe continuar trabajando porque en ello va, en gran parte, la economía de la zona.
Casi quinientos trabajadores de ENCE en la misma fábrica podrán liberarse de la tensión vivida durante años porque uno sabe lo que sufre cuando ve su puesto de trabajo, el sustento de su familia, en la cuerda floja y saborea permanentemente el amargo futuro del paro y acaso el no saber a dónde ir en un país en crisis permanente donde quienes viven bien son los que están “colocados” para dirigir la vida de los demás sin importarles mucho que los demás vayan a engrosar las listas del paro y hasta las colas del hambre en las organizaciones que se esfuerzan en paliar las necesidades a las que se abocan muchas veces desde política muy erróneas, a los ciudadanos.
El sentido común se ha impuesto y la fábrica de ENCE seguirá no sé por cuanto tiempo en el lugar donde está ofreciendo trabajo y economía a madereros, transportistas, talleres de mantenimiento y en forma global, el Puerto de Marín que, sin la presencia y la actividad de ENCE ya podría ir echando el cierre.
Uno que se acerca a los ochenta a una velocidad de vértigo, recuerda como si fuera hoy el primer día de puesta en marcha la fábrica de Celulosa. Berzas podridas navegaban por el aire aquella noche obligando a cerrar a cal y canto ventanas y puertas de las casas porque aquello era insoportable.
Y uno que ha vivido siete décadas y media en esta zona, recuerda con amargura que, allá por donde, ibas, al decir que eras de Pontevedra o de Marín, quien te oía, fruncía el ceño porque seguramente habían vivido o habían escuchado lo de la peste de celulosas
Pero el mismo uno, un servidor, ha visto y vivido la evolución de esta industria, constata que nada tiene que ver ahora mismo con aquella época y quien diga lo contrario, simplemente, miente, porque ni los olores ni la contaminación marina, de aquella evidente, tienen nada que ver, en la actualidad. Y añadiré que soy partidario de que se imponga a ENCE todo el rigor que sea preciso y legal para que no contamine ni un gramo de aire y ni un litro de agua pero sin demagogias y sin actitudes frentistas que ya se sabe por donde van siempre.
Si quieren les digo que no me gusta que ENCE esté ahí. Está ubicada en una zona de la ría degradada de antemano por el absurdo trazado de la autovía que modificó el litoral de Lourizán. Pero tampoco me gustaría que miles de trabajadores perdieran, tal como ha mejorado la incidencia de la fabrica en la zona su pan de cada día.
Y nada tengo en contra de quien piense lo contrario. Allá cada quien con su idea y con la responsabilidad de su sentimiento.