Carriola.Redacción.08.02.23.
Antonio Aragón García-Olvera era un gaditano de nacimiento y marinense de corazón, mayor de los hijos en una familia numerosa cuyo padre recaló en Marín con la puesta en marcha de la Escuela Naval Militar en el año 1943. Hoy tenemos la satisfacción de traer su recuerdo a esta sección de Carriola de Marín.
Y no se le escapó a Laureano Mayán la personalidad de Antonio cuya vida quedó reflejada en su libro “Marinenses de ayer y hoy” del que rescatamos la referencia para devolver a los marinenses el conocimiento de este hombre, hijo de un cocinero de la Escuela Naval que trasladó su vida y a su familia a nuestra localidad en 1943, año en que su hijo mayor entró a formar parte del equipo administrativo del centro castrense.
Antonio llegaba Marín con una formación limitada porque venía con la titulación de “Cultura General” pues, pese a su interés por formarse para alcanzar altas metas, la economía era la que era entonces y las cosas no eran fáciles para familias de recursos limitados. Trabajaba en la Escuela Naval y entre horas acudía al Colegio de Don Aurelio donde se fue preparando en Contabilidad lo que le valdrìa mucho para su futuro personal.
Y le llegó la hora del Servicio Militar. Ferrol fue su primer paso en su preparación castrense, y la propia Escuela Naval su destino donde era ya conocido por su preparación y su compromiso de responsabilidad profesional. Aprovechó la circunstancia de que el Banco Pastor, por entones una de las primeras entidades del sector convocó oposiciones para cubrir puestos, prueba que pasó con total mérito y, tal fue así, que incluso se le permitió trabajar en la sucursal que se encontraba en Cantodarea, frente a la calle José Trasande, incluso vestido de marinero ya que todavía se encontraba cumpliendo el servicio militar por lo que, vestido con el uniforme obligatorio, se tiene dado la circunstancia de tener que cuadrarse en su oficina a la entrada de cualquier superior de la Escuela que allí fuera para hacer sus gestiones.
Antonio Aragón contrajo matrimonio con Consuelo Pintos en 1952 y del matrimonio surgió una familia de cuatro descendientes, uno de ellos, varón.
La ordenada y exigente capacidad de trabajo de Aragón le hizo apetecible para desarrollar labores de administración de entidades como “Pesquerías Area S.A.” y su compromiso le llevó durante años a trabajar también por la noche atendiendo a la actividad de exportación de pescado desde la pujante lonja de Marín que correspondía a su suegra, la conocida exportadora María Pntos, aquejada de problemas de salud.
El banco Pastor, en 1976 le destinó a Barcelona donde estuvo un año para ser trasladado como interventor a Tarragona para hacerse cargo del equipo directivo de una nueva sucursal allí que, una vez puesta en funcionamiento, provocó un nuevo traslado y por las mismas circunstancias a Rivadavia (Orense) última etapa de su actividad bancaria ya que allí se jubiló en el año 1988.
Pero su espíritu inquieto no le permitía estar “aparcado” en el sillón y Antonio Aragón ofreció su servicio altruista a un grupo de personas que formaron la asociación “Marín Erguete” que tanto hizo por ayudar a jóvenes de la localidad en momentos muy difíciles relacionados con la lacra de la droga.

Antonio Aragón a la derecha de la imagen en una asamblea de Santa Cecilia
La Asociación de Cultura y Arte Santa Cecilia fue también afortunada al contar entre sus directivos y colaboradores con Antonio Aragón, que fue también un colaborador del Marín C.F. ya que era un buen aficionado al balompìé con miras de corazón al Sevilla y al Real Madrid. Y, por su fuera poca su ocupación altruista en estas actividades, guardaba celosamente su afición a la numismática ostentando una muy buena colección de sellos especialmente centrada en los de España y Andorra.
Todo un personaje a tener en cuenta Aragón García-Olvera, hecho a sí mismo resurgiendo de los años de mayores dificultades económicas para las familias, y habiendo llegado a altas responsabilidades profesionales además de esa vocación de servicio que le tuvo involucrado en la colaboración con entidades altruistas hasta poco antes de su fallecimiento.
Otro de los personajes que se nos fueron sin ruidos ni aspavientos pero para eso estaba Laureano Mayán con su empeño de no dejarles morir totalmente y Carriola de Marín para hacerse eco del buen trabajo del que fue cronista local durante muchos años.