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...Y el agua se hizo en Marín, primero con las fuentes públicas y después con la primera traída en el año 1932

Carriola.J.S.P..14.07.23

La recuperación en Carriola de hace unos días de la historia de la primera fuente pública de agua en Marín datada a finales del siglo XIX, fuente que dio nombre a la calle donde todavía se encuentra testimonialmente ubicada, ha tenido un seguimiento enorme de marinenses, algunos en la diáspora lejana, que nos envían sus propios recuerdos al respecto. Pues seguimos ahora con este tema pero haciendo relación de los primeros aprovechamientos de manantiales que surtieron a otras fuentes del municipio y también al enorme avance que fue la construcción de la traída de aguas y el alcantarillado en la villa. Hemos de avisar que en el relato utilizamos las denominaciones que aportó Cendán Vilela, extraídas de su ímprobo trabajo de investigación porque también hay quien sale de listill@ intentando corregir lo que lee.

El año 1890 fue verdaderamente histórico para Marín porque, tal como recogimos el otro día del libro “Marín en las Tarjetas Portales Antiguas” de Manuel Cendán, se puso en marcha la primera fuente pública de este municipio en la Rúa da Ponte, hasta hace poco Bastarreche. No fue fácil y se tardaron años en conducir el agua del manantial de A Costa hasta este lugar pero Cendán asegura que, al final, se solucionó un grave problemas de abastecimiento e agua potable a la población.

Otras zonas de Marín seguirían algunos años sirviéndose de manantiales repartidos por lo que hoy es casco de población o por el rural hasta que, en 1898, apareció un donante, Carlos Álvarez Valentín, quien adquirió un terreno de siete metros cuadrados en la confluencia de la carretera y el camino del Pitanxo para instalar una fuente que seria al final, la segunda de Marín. La Corporación en sesión del 7 de julio de ese año aceptó la donación y acordó construir la fuente y el lavadero que sustituiría al manantial de Tombo.

Fuente Zapal con  agua procedente de La Granja

La siguiente fue la de Puente Zapal en 1908 cuando, el alcalde de entonces, Juan Iglesias Puga, propuso su construcción y el concello encargó la misma al cantero Manuel Blanco. El agua provenía de La Granja, la misma zona de donde se extraía para la primera Fuente de la Villa.

La fuente "do Regueiro" marca el caciquil límite entre Marín y Pontevedra

La siguiente fuente se construyó a proposición del ayuntamiento de Pontevedra, “a medias” entre los dos concellos, en el límite entre ambos donde todavía se encuentra hoy. El coste de su construcción fue de 578 pesetas y el ayuntamiento de Marín aceptó aunque en aquel momento no tenía fondos para pagar su parte.

"El ataúd", a fuente de la Calle Real que sustituyó a la antigua

La población crecía y demandaba más fuentes públicas y así llegó la decisión de instalar una en el solar donde había estado ubicado el edificio del Ayuntamiento, un rincón que hace el Antiguo Templo en la calle Real. Donde hoy se encuentra un crucero estaba la fuente con su pitorro que surtía agua para los vecinos de aquel entorno céntrico del primitivo casco urbano. A mediados del pasado siglo a alguien se le ocurrió eliminar la artística fuente, poner en su sitio un crucero, y desviar el agua para otros caños colocados con poco gusto en la pared y con una estructura de fuente que la coña popular denominó “el ataúd” y nunca funcionó adecuadamente. El agua procedía de la primitiva Fuente de la Villa y para ello  el Pleno, a propuesta del alcalde José del Río, acordó el 3 de noviembre de 1912, adjudicar los trabajos al maestro cantero Francisco Alfonso, por un importe de 1.299 pesetas.

Otra fuente que alivió la necesidad de agua al vecindario fue la conocida como “Pingue Pingue” que Manuel Cendán sitúa en la carretera a Cangas, kilómetro 7, cuya construcción fue aprobada en febrero de 1924 encargándose al maestro cantero Manuel Vidal, por un importe de 995 pesetas.

En realidad, todo empezó en el manantial de La Cuesta aún existente

La traída de aguas y el alcantarillado

Como ha venido recogiendo en actas y otras fuentes, nunca mejor dicho, Cendán Vilela, el vecindario de Marín iba sintiendo la mejoría del servicio de aguas con la sucesiva instalación de fuentes en puntos estratégicos. Pero el progreso es el progreso y, en 1922, el alcalde José del Río que las crónicas colocan como a un gran alcalde de la época, da cuenta a la Corporación de que,  el Boletìn Oficial del 31 de noviembre de 1922, interesa a los ayuntamientos que se proceda a la construcción de obras de “Traída de Aguas y Alcantarillado” cuyo proyecto debe hacerse recargando un diez por ciento la contribución en la parte del tesoro.

Y Marín se pone en marcha estudiando tal posibilidad que, es de suponer, sería lo máximo en aquellos momentos. El proyecto denominado “Abastecimiento de Aguas y alcantarillado de Marín” tardó aún tres años en ponerse en marcha por la situación económica municipal. La Corporación consideró que  lo más viable y acertado sería solicitar al Ministerio de Fomento el caudal de aguas sobrante de la traída que del monte “Neivoo” se había construido para la Base Naval y, en sesión de 18 de abril de 1925, se acuerda también que el proyecto lo redacte el ingeniero Rafael Picó quien presentó tanto el de la traída de aguas como el de alcantarillado en febrero de 1929, siendo aprobados ambos por la corporación. Tras el correspondiente recorrido administrativo, en septiembre de ese mismo año se adjudicaron las obras del abastecimiento de aguas a José Pego Castro por un valor de 900.072 pesetas, obra que se ejecutó con normalidad y fue recibida por el ayuntamiento el 15 de diciembre de 1932.

Un año después se adjudican las obra de alcantarillado a Antonio Pardavila Arteaga por 69.556 pesetas quedando liquidada la obra el 30 de julio de 1934.

Tan solo nos separan de la primera traída de aguas 91 años y, del inicio del alcantarillado en Marín, 89. Quizá haya alguien  todavía entre nuestros vecinos que recuerde estas mejoras que supusieron acaso los mayores avances de la época. Unos cuantos sí nos acordamos de ir a las fuentes con el balde, el cubo de cinc o el porrón a buscar agua en el estío, cuando la sequía dejaba a la traída muy mermada con lo que el Ayuntamiento cortaba el suministro muchas horas al día.

¡Que tiempos!

 

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