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PENSANDO EN ALTO: ¿Hijos?...¿mascotas?

Carriola. 10.01.26.

julio@carriola.es.

Padres modernos en vías de extinción, pero con mascotas muy felices

José Iglesias

El otro día me dio por pensar —ya sabéis, ese deporte de riesgo que a veces practico— en la cantidad de jóvenes de hoy que ven la paternidad como si fuera escalar la cara norte del Everst sin cuerda, y me surge lo siguiente:
Para ellos, tener hijos es un “quizá”, un “ya veremos”, un “cuando tengamos estabilidad”… vamos, un sin fecha de manual.

Mientras tanto, las excusas desfilan con un orden que ya quisiera una Unidad militar:

  • “La vida está muy cara” (como si a nosotros nos invitaran en el supermercado).
  • “Criar un niño es mucho trabajo” (¡descubrimiento del siglo!).
  • “Es que quiero vivir antes de ser padre” (como si luego te murieras).
  • “Mi carrera no me lo permite” (pero para viajar a Malta, por ejemplo, en diciembre sí que permite).

Y así, con semejante argumentario, nos plantamos con uno de los índices de natalidad más bajos del mundo, un sistema de bienestar que hace equilibrios sin red y una sociedad que, si fuera un edificio, estaría avisando: “no se admiten más grietas”.

Aquí me surge la gran pregunta….¿Nosotros como lo hicimos?, porque …. lo hicimos.
Y no, no teníamos ayudas universales, ni bajas extendidas, ni conciliación real, ni robots que limpian la casa mientras ves una serie turca.

Nosotros:

  • trabajábamos,
  • criábamos,
  • llegábamos a fin de mes (a veces de milagro),
  • ahorrábamos lo que podíamos,
  • y montábamos un hogar con más esfuerzo que glamour, con hipotecas de ¡¡¡¡hasta el 15 % o mas!!!

¿Cómo lo llamas tú?
Yo lo llamo sacrificio.
Esa palabra antigua que hoy suena a ruina emocional.

Porque sí: renunciábamos al yo para sostener al nosotros.
No había escapadas de fin de semana cada dos meses, ni ocio constante, ni ansiedad porque “me falta tiempo para mí”.

Había prioridades.
Había sentido común.
Había instinto de supervivencia.

Que la vivienda está por las nubes, cierto.
Que la estabilidad laboral es un chiste, también.
Pero pregunto con mala intención:
¿hacemos de verdad todo lo posible para tener familia?

Porque nunca se viajó tanto, nunca se consumió tanto, nunca se vivió tan “plenamente”.
Cualquier puente festivo provoca más movimiento humano que la migración animal en la praderas del Serengeti
Y si no llega el sueldo, no pasa nada:
“¿Un crédito? ¡Claro, para eso están los bancos amigos!”

Eso sí, tener hijos es demasiado compromiso.
No vaya a ser que te interrumpan el viaje espiritual a Bali.

Pero claro, la necesidad de cariño sigue ahí.
Eso viene de fábrica.
Y si no hay hijos, ¿qué hacemos con ella?

Fácil:

Un perrito o gatito castrado —no vaya a ser que reproduzca, ¡qué horror la responsabilidad!— al que llamamos sin vergüenza:

  • “mi niño”,
  • “mi bebé”,
  • “mi pequeño”.

Y nos quedamos tan tranquilos.

Porque, claro, un hijo exige renuncia.
Un perro exige pienso.
Un hijo cuestiona, molesta, demanda.
Un perro te mira como si fueras el mismísimo Aristóteles.

A veces parece que el lema contemporáneo es:

“Quiero el amor, pero no el sacrificio.
Quiero el vínculo, pero no la renuncia.
Quiero cuidar… pero sin interferencias en mis planes.”

Y oye, cada cual con su vida.
Pero es curioso que evitemos tener hijos porque son “mucha responsabilidad y muy caro”, y acabemos comprando un chubasquero de 80 euros para el perro.

De tanto proteger el yo, hemos debilitado el nosotros.
Y el resultado es una sociedad donde:

  • cada vez hay más adultos con mascota,
  • cada vez menos niños,
  • y un futuro que, si fuera un informe médico, diría:
    “Pronóstico reservado: falta personal.”

Así que sí, se me ocurre esta reflexión :
quizá la paternidad no es que sea más difícil hoy;
quizá simplemente se ha vuelto incompatible con la cultura del “todo para mí y ahora”.

Y el problema es que, sin hijos, no hay relevo.
Ni pensiones.
Ni sociedad.
Ni continuidad.

Pero eso sí: perros felices, tenemos para exportar.

Todo esto, con el respeto debido a las gentes que , por precariedad laboral,  no pueden aunque quieran , fundar una familia

Saludos con-descendientes

roslev