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PENSANDO EN ALTO: Pasado eterno

Carriola. 28.03.26.

julio@carriola.es.

¿Hasta cuándo tendremos que pedir disculpas por el pasado?

José Iglesias

Hay debates que parecen no tener fin.

Y uno de ellos, cada vez más recurrente, es el de pedir perdón por la historia.

Estamos constantemente  hablando de “abusos y controversias éticas” en la conquista de América. Y uno no puede evitar hacerse una pregunta incómoda:

¿En qué conflicto de la historia no hubo abusos ni controversias?

Porque si algo define a cualquier conquista, guerra o expansión es, precisamente, eso. No hay episodios históricos asépticos. No existen las gestas limpias ni los procesos sin violencia, intereses o contradicciones.

Y, sin embargo, parece que hay una tendencia creciente a juzgar el pasado con los parámetros del presente… y además a hacerlo de forma selectiva.

La conquista de América es un buen ejemplo de ello.

Se ha convertido en un terreno de relato, más que de historia. Para unos, fue una epopeya civilizadora. Para otros, un genocidio sin matices.

Y probablemente no fue ni una cosa ni la otra.

Si nos fijamos en el caso de México, cuesta creer que un número reducido de españoles pudiera imponerse por sí solo a un imperio de millones de habitantes. La realidad histórica muestra algo más complejo: alianzas, conflictos internos, pueblos sometidos que vieron en aquellos recién llegados una oportunidad para cambiar un orden que también tenía sus propias formas de dominación .Habría que decirle a la Presidenta  Claudia Sheinbaum Pardo ( muy azteca no es su nombre, no) que pidiese disculpas a Estados unidos por los ataques de Pancho Villa en Nuevo Mexico  en 1916, o declarar la guerra a Japón en 1942…No lo harán , seguro.

Eso no convierte la conquista en algo “bueno”. No podemos poner constantemente todo en un lado o en el otro de la balanza. La Historia pasó como pasó. El hombre, por mas generaciones que se sucedan , cometerá los mismos errores una y otra vez. Como estamos hoy, que se supone, recalco, se supone que somos la civilización mas avanzada en la historia, con mas información, con mas perspectiva. Y como estamos? Miremos alrededor.

La historia de América no es homogénea. Los modelos coloniales fueron distintos, las relaciones con las poblaciones indígenas también. Hubo integración en algunos casos, conflicto abierto en otros, convivencia desigual en casi todos. Alguno se imagina al Rey Carlos de Inglaterra pedir disculpas a los nativos americanos, o a los aborígenes australianos ¿ Yo no

Pero lo que sí resulta llamativo es la facilidad con la que hoy se construyen discursos morales absolutos sobre procesos que fueron profundamente complejos.

Y, sobre todo, la tendencia a exigir responsabilidades actuales por decisiones tomadas hace siglos por personas que vivían en un mundo completamente distinto.

¿Hasta qué punto tiene sentido pedir disculpas hoy por hechos históricos?

¿Dónde se traza la línea?

Porque si abrimos ese camino, no hay nación que quede al margen. La historia de todos los países —sin excepción— está llena de episodios que hoy serían cuestionables o directamente inaceptables.

Tal vez el problema no sea reconocer los errores del pasado. Eso es necesario.

El problema es convertir la historia en un instrumento político del presente.

En un campo de batalla simbólico donde se buscan culpables heredados y se reparten etiquetas morales a conveniencia.

Porque entonces dejamos de estudiar la historia para entenderla…
y empezamos a utilizarla para enfrentarnos.

Y ahí es donde el debate deja de ser útil.

Porque, llevándolo al absurdo, alguien podría ir hoy a Roma y reclamar las aproximadamente 150 toneladas de oro que se calcula   extrajo el Imperio Romano de Las Médulas, en León, hace dos mil años.

¿Verdad que suena ridículo?

Pues eso.

La historia está llena de episodios que, vistos con los ojos de hoy, serían cuestionables. Todos. Sin excepción.

Las guerras fueron —y son— un error. En eso casi nadie discrepa.

Pero si algo debería definir al ser humano es su capacidad de aprender de ellos.

Aunque, viendo cómo se mueve el mundo últimamente, uno empieza a sospechar que esa lección tampoco la hemos terminado de interiorizar.

Porque mientras seguimos discutiendo por lo que ocurrió hace siglos o decenios , el presente avanza por otro camino.

Un camino en el que el poder ya no se mide solo en territorio, sino en economía, influencia y capacidad de decisión.

Dejemos en paz al pasado, no repitamos errores, y centrémonos en este presente, que, si no cambiamos , presagia un mal futuro.

roslev