Carriola.Julio Santos Pena.07.06.21
Si nos dicen de alguien que ha quedado en el puesto 137 de una Carrera en la que han participado un total de 178 corredores o, en este caso, andarines, nos podemos quedar tan indiferentes que acaso no le daríamos ninguna importancia, antes bien, pensaríamos en el fracaso porque nuestro hombre habría dejado tras de sí a tan sólo a cuarenta y un contrincantes y habría visto delante suyo a un montón. Los números son fríos, no cabe duda, y en casos como este el corredor en cuestión se agarraría al manido dicho de “lo importante es competir. Y así es, en efecto.
Lo que ocurre es que se trata de José Francisco Gil Dopazo, un auténtico héroe en este momento porque hace unos meses, no muchos, estuvo en las últimas afectado por el Covid-19 que le mantuvo en la UCI mucho tiempo, mientras todos sufríamos por él, de la que salió muy perjudicado pero cargado de moral y dispuesto a poder más que la pandemia.
De casta le viene al galgo, que podríamos decir, porque durante muchos años hemos visto a su padre con un porrón de años encima, correr pruebas de todo tipo al lado de chavales que le veían la espalda sin remedio en cada Carrera. Por éso, cuando antes de este ataque a la humanidad que nos ha hecho el “bicho” ése, no nos extrañaba ver a este Gil (hijo) en los medios digitales luciendo kilómetros de marcha por todas partes y colaborando con esta su afición y su esfuerzo en distintos eventos benéficos de ayuda a colectivos necesitados.

Ahora este nuestro Gil Dopazo ha demostrado lo que puede la voluntad y lo que se consigue con el tesón de un deportista decidido y de una gran persona como es, al dar ejemplo a todos de semejante hazaña porque no creo, sinceramente, que haya muchas personas que, habiendo estado como él con un pie al otro lado, hayan sido capaces de rehacerse de semejante manera para participar en una prueba tan dura como el Campeonato de España de Marcha Nórdica que se disputó en A Coruña, en torno a la Torre de Hércules, con un endemoniado viento que no hizo fácil el “paseo” para ninguno de los participantes, y haber dejado atrás a medio centenar de contrincantes procedentes de once comunidades españolas. No me hubiese extrañado ni un poco que, siendo como es un virtuoso de la gaita gallega, al llegar se hubiera puesto a interpretar una muiñeira para celebrarlo.
Tenemos que dar a Francisco Gil el reconocimiento que merece y las gracias por su ejemplo de tesón, y si esta prueba tuviese algún tipo de compensación tendrían que otorgarle uno de los premios importantes de la andaina.
Para nosotros ha sido, si no un campeón, sí un héroe.