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Los lunes: LA VOZ DEL DERECHO(*): IA jurídica: respuestas rápidas, riesgos reales

Carriola.15.06.26

julio@carriola.es

La inteligencia artificial como asesor jurídico

 

Andrés Barros

Abogado laboralista

La inteligencia artificial ha entrado de lleno en nuestras vidas. Sirve para resumir textos, redactar correos, comparar información o explicar conceptos complicados.

Y, claro, también ha llegado al mundo del Derecho.

Hoy cualquiera puede abrir una herramienta de inteligencia artificial y preguntarle si puede reclamar una deuda, si su despido está bien calculado o pedirle que le redacte un contrato de arrendamiento.

Eso, en sí mismo, no es malo. Al contrario: puede ayudar a muchas personas a entender mejor un problema antes de tomar una decisión.

El riesgo aparece cuando una respuesta rápida se convierte en una decisión importante.

Porque en Derecho no estamos hablando de elegir una película o preparar una receta. Estamos hablando de plazos, pruebas, sanciones o procedimientos judiciales.

Y ahí una respuesta que parece convincente, pero no es correcta, puede salir muy cara.

Una herramienta útil para quien sabe usarla

Conviene dejar algo claro desde el principio: la inteligencia artificial no es el enemigo.

Para abogados, graduados sociales, asesores o profesionales del ámbito jurídico, puede ser una herramienta muy útil.

Puede ayudar a ordenar documentación, preparar borradores, resumir textos largos, detectar puntos débiles de un argumento o explicar conceptos de forma más clara.

Pero hay una diferencia fundamental: un profesional del Derecho no debería limitarse a copiar y pegar lo que dice una IA. Tiene que revisar, contrastar, corregir y decidir.

Ahí está la clave.

Por poner un ejemplo: en junio de 2026, el TSXG abrió una pieza por posible mala fe procesal contra un abogado por el uso sin verificar de inteligencia artificial en un recurso. También se han conocido casos de escritos con decenas de sentencias inexistentes sugeridas por IA.

La máquina puede dar una respuesta, pero el profesional debe saber si esa respuesta sirve y es veraz.

El peligro para quien no sabe Derecho

Uno de los grandes peligros de la IA es que no siempre se equivoca de forma evidente.

Si una persona busca en internet y entra en una página sospechosa, quizá desconfíe. Si lee un texto mal escrito, lleno de errores, quizá se dé cuenta de que aquello no es fiable.

Pero la IA puede equivocarse con elegancia. Como ya hemos explicado (y por desgracia ha habido ya varios casos), puede inventar una sentencia y citarla como si existiera; puede mencionar artículos legales erróneos con apariencia real; puede construir un razonamiento falso, pero muy bien presentado; y puede responder con una seguridad que no se corresponde con la realidad.

Para comprobar esto no hace falta pedirle algo complicado.

Basta con intentar que nuestra IA “de confianza” juegue con nosotros a Pasapalabra, por ejemplo. Que nos dé palabras por letras, que respete definiciones, que no repita respuestas y que mantenga una ronda completa sin equivocarse.

Lo normal es que, antes o después, falle. Puede dar una palabra que no empieza por la letra correcta, repetir una respuesta, inventar una definición o incumplir una regla sencilla del juego. Y en este caso, el error será fácilmente detectable y carecerá de importancia real, pero cuando hablamos de dinero, derechos o incluso de penas de prisión, la cosa cambia.

Y es que debemos tener en cuenta que el Derecho depende mucho del caso concreto. No basta con saber “qué dice la ley” de forma general. Muchas veces el problema está en interpretar bien los hechos, saber qué datos faltan, detectar contradicciones, pedir la documentación adecuada, medir los riesgos, valorar si compensa reclamar o elegir una estrategia. Y en todos estos casos, es muy difícil sustituir la experiencia humana.

Una IA puede dar una explicación general aparentemente razonable y, aun así, fallar justo en lo importante. El problema es que, quien no está acostumbrado a moverse en un mundo tan complejo como el del Derecho, posiblemente será incapaz de detectar el error.

Cuidado con los datos que se entregan

Otro problema importante es la información que se introduce en estas herramientas.

Muchas personas copian contratos, nóminas, cartas de despido, informes médicos y demás datos personales sin pararse a pensar dónde están metiendo esa información.

Y en Derecho trabajamos precisamente con datos sensibles: salud, dinero, trabajo, familia, menores, conflictos personales, sanciones, deudas o procedimientos judiciales.

Por eso hay que tener cuidado.

No todo documento debe subirse alegremente a cualquier herramienta online. No toda información debe copiarse sin borrar datos personales. Y no toda plataforma ofrece las mismas garantías.

En manos de un profesional, la IA puede usarse con prudencia, filtrando datos, anonimizando información y revisando el resultado.

En manos de alguien que solo quiere una respuesta rápida, puede convertirse en una fuente de problemas añadidos.

Usarla sí, fiarse a ciegas no

La inteligencia artificial puede ser una gran herramienta.

Puede servir para orientarse, entender conceptos generales, preparar preguntas antes de acudir a un profesional o incluso ordenar mejor un problema.

Eso es positivo.

Pero no debería utilizarse para tomar decisiones importantes sin revisión, especialmente cuando hay dinero, plazos, derechos laborales, vivienda, familia, sanciones o procedimientos judiciales de por medio.

Porque una herramienta no sabe cuándo se está a punto de cometer un error grave.

Y en Derecho, a veces, el problema no es no tener una respuesta. El problema es confiar demasiado en una respuesta que parece correcta, pero no lo es.

(*) Colaboración semanal con el Despacho Legal AMURALEX de Pontevedra.

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