Lapetit
The current Bet365 opening offer for new customers is market-leading bet365 mobile app You can get a free bet right now when you open an account.

Los sábados, PENSANDO EN ALTO: Y... teniendo una plaza de abastos como la de Marín...

Carriola. 27.06.26.

julio@carriola.es.

El pescado, el plástico y el espejo

 

José Iglesias

Este jueves por la mañana tuve que acercarme a Pontevedra a hacer unas gestiones. Al terminar, mi mujer me propuso pasar por uno de esos supermercados extranjeros donde entras a comprar un kilo de naranjas y puedes salir con un destornillador eléctrico, unas zapatillas de correr y una lámpara para el jardín.

Una experiencia curiosa, reconozcámoslo.

De la calidad de algunas cosas hablaremos otro día, porque ese debate tiene para rato.

Pero hubo algo que me llamó especialmente la atención.

La sección de pescadería.

Bueno... llamémosle así.

Una nevera perfectamente iluminada, limpia, ordenada, llena de bandejas con pescado preparado días antes, envasado con gases protectores, colocado con mimo, con una presentación impecable.

Porque no nos engañemos, amigos.

Primero comemos con los ojos.

El trozo bonito, el envase brillante, la foto perfecta.

Todo preparado para decirnos: “cómprame”.

Y mientras miraba aquello pensé en nuestra plaza de abastos de Marín.

Una plaza magnífica.

Con buenas carnicerías, buena fruta, gente del rural que lleva sus productos —alguno quizá con alguna pequeña licencia sobre lo de “casero”, pero se lo perdonaremos— y, sobre todo, pescado.

Pescado de verdad.

Peixe.

Desde unos humildes lirios o unos rañotes para cualquier bolsillo hasta esas cigalas vivas que parecen estar esperando a que alguien las invite a comer.

Producto cercano.

Producto que huele a mar y no a etiqueta.

Entiendo perfectamente que mucha gente trabaja por las mañanas y no puede ir.

La vida ha cambiado.

Los horarios han cambiado.

No todo el mundo tiene las mismas posibilidades.

Hasta ahí, nada que decir.

Pero también hay mucha gente que sí puede hacerlo y simplemente ha perdido la costumbre.

Y ahí empieza el problema.

Porque poco a poco hemos cambiado hábitos buenos por comodidad.

Vamos al supermercado, cogemos nuestra bandeja perfecta, nuestra fruta brillante, nuestro producto fotografiado como si fuera de revista y llegamos a casa con una curiosa proporción:

por cada kilo de comida casi traemos otro medio kilo de envases.

Eso sí.

Muy bonitos.

Muy modernos.

Muy prácticos.

Hasta que los abres.

Hasta que pruebas.

Porque ya lo hablamos alguna vez: muchas veces no compramos comida, compramos fotos bonitas.

Color perfecto.

Forma perfecta.

Sabor... bueno, eso parece secundario.

Y después llega la otra conversación, la de siempre:

“Es una pena que cierre el comercio de siempre.”

“Es una pena que se pierdan las plazas.”

“Es una pena que desaparezca lo local.”

Y sí.

Lo es.

Pero quizá antes de buscar culpables fuera deberíamos hacer algo mucho más incómodo.

Mirarnos al espejo. Ahí esta el culpable!

Porque cada compra es un pequeño voto.

Cada euro que gastamos decide qué modelo queremos mantener.

Y si un día desaparece aquello que decíamos querer tanto conservar, quizá descubramos que no murió de repente.

Quizá simplemente dejamos de visitarlo.

Buena semana.

 

roslev