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Marín perdió todas sus playas urbanas y con ellas el enorme peso turístico que tuvo durante principios del siglo XX

Carriola.Julio Santos Pena.11.06.21

La transformación del litoral marinense desde finales del siglo XIX hasta hoy ha sido tan grande y tan drástica que a cualquier persona de aquellos tiempos le sería difícil identificar a su pueblo en este momento. Manuel Cendán Vilela, en su libro “Marín en las trjetas postales antiguas” del que, en Carriola de Marín, venimos extrayendo curiosidades periódicamente, destaca que, desde el desaparecido Monte Pesqueira, situado donde hoy está la Escuela Naval, hasta Cantodarea “la costa estaba formada por un arenal en el que las playas de La Fornalla en la desembocadura del río Lameira; el Tombo y Cantodarea, eran utilizadas por los bañistas que las compartían con los galeones y las lanchas de Pescadores que varaban para la limpieza y el calafateo”.

Praia das mulleres

 

A la playa del Castillo o de la Fornalla, accedían las mujeres y por un “carreiro”, lo hacían los hombres hacia la que utilizaban ellos; La del Tombo, playa de arena blanca y fina, era la preferida de los veraneantes que, por entonces, muchos elegían Marín para sus descansos veraniegos y como ejemplo, el premio nobel  José Echegaray  o el magistrado del Tribunal Supremo, Rafael Álvarez que pasaban largas temporadas en sus chalets en aquella zona ubicados.

Todo empezó a oscurecerse turísticamente hablando porque fueron instalándose las fábricas de conservas los varaderos, los astilleros, la carretera hacia el dique del Oeste y otros elementos que hacían poco grato el baño de propios y visitantes salvo en la playa de la Fornalla o del Castillo que, en cambio, acabaron por desaparecer. Esta situación, junto con otra circunstancia que Cendán recoge del Diario de Pontevedra de la época que el 11 de octubre de 1897 avisaba en un artículo de la espantada de los veraneantes aludiendo  como causas a “la ausencia de festejos que hagan más agradable la estancia a los forasteros y a los exorbitantes precios delos alquileres que hacían poco menos que imposible residir en Marín salvo a capitalistas”. Estas circunstancias, según indica el mismo artículo, fueron trasladando a los veraneantes hacia Vilagarcía y Baiona “en donde abundan las distracciones y no se abusa tanto de los forasteros”.

Inicio de la construcción del dique Oeste

 

El propio concello en un acuerdo plenario del 17.05 de 1908, comprobando que las playas urbanas iban siendo ocupadas o perjudicadas por tanta fábrica e industria quiso salvar la playa del Castillo aprobando “pedir a las autoridades que no se acceda ni tramite petición alguna del terreno  de dicho lugar contando desde el muelle recientemente construido hasta el final de la playa dado que podría hacer desaparecer la colonia veraniega que tantos beneficios otorga al pueblo”. De nada valieron algunas medidas tomadas incluso tratando de mejorar el arenal volando las molestas rocas que tenía, porque en la década de los años 20 del pasado siglo con la construcción de la Base de Submarinos y Escuela de Tiro Naval y un hangar de aviones, acabó desapareciendo esta última playa urbana aprovechable y se puso la vista en Portocelo abriéndose un paso sobre terrenos donados por los Cividanes y los Alcántara y con un Proyecto de mejora redactado por Enrique Picó.

Para financiar las obras el ayuntamiento incrementó en una décima la Contribución Territorial e Industrial como remedio al paro obrero involuntario y el Proyecto de remodelación de Portocelo se denominó “Reforma de la Playa de Portocelo y prolongación de la Carretera a Mogor”.

Playa de Portocelo sin sus famosas casetas

 

Desmonte de tierras, eliminación de rocas y otras muchas labores, fueron abriendo la Carretera que hoy conocemos, desde el antiguo hospital de la Escuela Naval y hubo que agilizar el inicio de las obras porque la construcción de la Academia Militar se llevó por delante la playa “Carreiro dos Homes” y, mira por donde, Marín que era toda un arenal en su frente urbano, se quedó de repente sin un arenal donde bañarse decentemente.

Ochenta y cuatro mil trescientas treinta y cinco pesetas costó la primera fase del arreglo de Portocelo con construcción de casetas y  mejora del arenal y, 88.951, la segunda para iniciar la prolongación de la Carretera hacia Mogor con ampliación de anchura, construcción de cunetas y demás obras necesarias.

Portocelo, sin acceso por carretera,  antes de 1932

 

En el Verano de 1941, se pusieron en función las famosas casetas de Portocelo donde, quienes peinamos canas, recordamos pagar dos reales al señor que tenía la llave para cambiarnos de ropa o alquilar una por dos pesetas para todo el día de playa. Incluso los militares de la Escuela Naval, que todo lo podían entonces, construyeron sus propias casetas al principio de la playa y se permitían el lujo de disponer de parte del arenal vigilado por marineros centinelas que no permitían el mejor acercamiento a las “jaimas” que tenían instaladas como cosa propia.

Y de ahí hasta que el actual vial de playas llegó a Aguete conectado los principales arenales de Marín, hay que reconocer el mérito del alcalde Alfonso Martín Suárez que, incluso jugándosela para conseguir los terrenos necesarios, hizo real esta carretera hoy tan empleada para recorrer las playas e incluso para aparcar cientos de vehículos durante la época veraniega mientras sus dueños se bañan o toman el sol en los arenales.

Cendán Vilela nos ha acercado la realidad de un Marín que apostó por otra cosa que no era el turismo propiamente dicho que tanto había tenido, como queda aquí reflejado. Para unos fue una pésima opción, para otros no tanto y entre una idea u otra, hoy tenemos lo que tenemos.

 

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