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Fascinante, asoma el primer diente de leche

Carriola.Andrés Antelo(*).13.06.21

 Quienes somos padres tenemos la fortuna de observar de forma muy directa algo que, día tras día, no deja de sorprendernos: el nacimiento y evolución de un ser humano, los grandes cambios que experimenta desde que es bebé hasta convertirse en adulto. En ese proceso, cuya rapidez después añoramos, la infancia es la etapa que más alegrías nos regala. En ella se produce el milagro de las palabras, el lenguaje y la comunicación, y la dentición, no sólo no es ajena a este avance, sino que incide de forma importante en la dicción; también nos asusta y asombra, casi a partes iguales, cómo el pequeño va mejorando el equilibrio, el andar, la sujeción, cómo va dominando, con energía y precisión, las habilidades motrices; y en su avance no sólo nos vamos reconociendo en los rasgos físicos del bebé, sino que atisbamos ya cómo va reproduciendo nuestros gestos, en un ejercicio de imitación que llega a inquietarnos.

Son muchos los hitos de esa fantástica etapa y, entre ellos, sentimos auténtica fascinación por la salida de los primeros dientes de leche. La erupción de las dos paletas inferiores se convierte en un emotivo acontecimiento que marca un antes y un después en la primera etapa de la vida del bebé.

¡Pobre, está con los dientes! decimos cuando, con las encías un poco enrojecidas e hinchadas, y una salivación abundante que obliga al cambio frecuente de baberos, se produce cierta agitación y lloriqueo que tratamos de calmar con un práctico y simpático mordedor (antes nos daban una corteza de pan). Y cuando el primer diente ya está aquí ¡cuánta emoción nos invade! Seguramente nos sentimos aliviados por el cese de las molestias que aquejan al bebé, pero preferimos recrearnos en esa imagen increíblemente tierna de la preciosa boquita en la que comienzan a asomarse unas pequeñas perlitas blancas que, como si tales fueran, muchos padres guardarán secretamente o transformarán en sencillas joyas, expresión del alto significado simbólico que adquiere este momento. Será el inicio de la dentición temporal o de leche con la que aprenderá a comer, hablar y cantar, y con la que repartirá miles de sonrisas que, embelesados, dejaremos impresas en cientos de fotografías.

Pero ¿cuándo aparece el primer diente de leche? No os preocupéis porque, aunque suele salir entre los 5 y los 8 meses, su aparición puede ocurrir antes o después, según la herencia y la constitución de cada cual; incluso hay casos de bebés que nacen con dientes, y otros a los que les salen después del año. Por lo general, al cumplir el primer año el bebé tiene ya 8 dientes, cuatro incisivos arriba y cuatro abajo, y algunos estarán ya con los primeros molares.

Pero no nos asustemos si eso no es así, porque cada bebé tiene su propio ritmo, como cuando dan los primeros pasos o dejan el pañal: unos lo hacen antes y otros más tarde. Y aunque es raro que se produzca una ausencia total de dientes en un niño, sí puede suceder que le nazcan más o menos dientes. Todas estas pequeñas alteraciones no suponen ningún problema; contrariamente a lo que se piensa, no se dan por falta de calcio ni por un fallo en el crecimiento, aunque siempre es conveniente acudir al pediatra o al dentista para su control.

En lo que sí hay un patrón determinado es en el orden de aparición. Los primeros dientes suelen ser los dos incisivos centrales del maxilar inferior, aunque no nacen de forma simultánea, sino uno tras otro. Después, y por este orden, afloran los dos incisivos centrales superiores, los dos incisivos laterales superiores y más tarde los dos laterales inferiores. Pasado el primer año de vida –generalmente entre 13 y 19 meses– surgen los primeros molares; los caninos llegarán entre los 16 meses y los 2 años, y finalmente los segundos molares, superiores e inferiores, lo harán en torno a los dos años, entre 23 y 30 meses.

Podemos decir que hacia los tres años la dentadura temporal se ha formado completamente (20 dientes, diez en la arcada superior y diez en la inferior) y con ese hito se marca también el inicio de una nueva fase que se prolongará hasta los seis o siete años, cuando la caída de aquellos originales y diminutos dientes de leche anuncian –también con celebración– el final de la primera infancia.

(*) Médico dentista con clínica en Marín

 

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