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Los domingos, RINCÓN DE LA PEDAGOGÍA(*): Sobreprotección y autoestima

Carriola.26.07.26

julio@carriola.es

(*) Colaboración dominical  de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por  su vicepresidente José Carlos Otero López

CUANDO SOMOS PADRES Y MADRES SOBREPROTECTORES

Dolores Armas

Lic. en Piscopedagogía

Generalmente, en algunas ocasiones, y con la intención de contribuir y ayudar a los hijos, los padres y madres manifiestan conductas sobreprotectoras. Suelen estar relacionadas con algún momento de la vida de los retoños (primeros pasos, entrada en la guardería, el colegio o el instituto,…) o con respecto a algunas situaciones o aspectos (enfermedad, dificultades escolares, relaciones sociales, déficit sensorial, limitaciones físicas o psíquicas,…). Esta sobreprotección normalmente se caracteriza por evitarle al niño situaciones desagradables tendiendo a resolver sus problemas, haciendo muchas de las tareas o acciones que él podría hacer por sí mismo, respondiendo inmediatamente a sus demandas sin poner límites y justificando mayormente sus errores. Cuando este estilo parental, además, es el habitual,  se añaden otras conductas tales como retrasar notablemente el aprendizaje de ciertos hábitos de autonomía y rutinas, como el aseo, la selección de ropa, el salir sólo a la calle, la elección de actividades extraescolares, la planificación del tiempo y la toma de decisiones adecuadas a su edad. Son los padres los que deciden y hacen prácticamente todo por el niño, con una tendencia importante a evitarle cualquier situación que pueda suponerle un riesgo importante para su integridad física o su desarrollo emocional. Este tipo de familias suelen pensar que ellos tienen una excesiva responsabilidad en cuanto a todo lo que les pueda pasar a sus hijos. Los consideran en muchas ocasiones incapaces y pequeños para realizar una u otra actividad. Incluso tienen muchos sentimientos de culpabilidad cuando su hijo vive alguna situación desafortunada por no habérsela evitado, lo que les genera mucha ansiedad y preocupación.

¿Qué hacen estos padres cotidianamente?

Desde el nacimiento del niño mantienen conductas de excesivo cuidado. Cuando sus hijos son bebés controlan todo el tiempo que se encuentren bien, vigilándolos constantemente. Procuran mantener todas las condiciones ambientales en un nivel óptimo y constante, evitando someterlo a situaciones cambiantes. Les suele molestar que otras personas los cojan en brazos, pues están llenos de temores  y quieren evitarles enfermedades. Son excesivamente rígidos con sus ideas sobre la crianza, no permitiendo que nadie se las cambie. Procuran que en el hogar haya orden y rutinas siempre. Son poco flexibles y hacen pocos cambios en sus planes diarios si eso puede alterar el bienestar del niño, sobre todo en lo relacionado con la alimentación y el descanso; sin embargo suelen ser muy flexibles con las normas para evitar sufrimiento al hijo. A medida que el pequeño va creciendo y gana en autonomía le impiden realizar cualquier actividad que consideren entraña algún riesgo. Se hacen cargo de muchas de sus tareas porque consideran que no las hace bien, aunque forme parte del proceso de aprendizaje. Suelen ser cariñosos y sufren excesivamente con los problemas del hijo. No les gusta ver a su hijo triste, ni lloroso, por lo que en muchas ocasiones ceden a sus deseos.

Consecuencias

Un estilo educativo excesivamente sobreprotector suele dejar secuelas en los niños en cuanto a su desarrollo emocional, haciéndolos pocos resistentes ante las situaciones difíciles, con pocos recursos para resolver por sí mismo los problemas con los que se va encontrando, y con escasa capacidad para tomar decisiones. Suelen ser niños inseguros y con muy poca tolerancia a la frustración.  Además es frecuente que  muestren desinterés por sus asuntos, sobre todo por los escolares y hogareños, pues saben que alguien se va a ocupar por ellos. En cuanto a los hábitos de autonomía relacionados con el cuidado personal y la higiene, y la atención hacia sus cosas posiblemente los adquirirán más tardíamente que otros niños de su edad. Puede ser que manifiesten inseguridad y nerviosismo cuando deban resolver situaciones por sí mismos, buscando el apoyo y la ayuda de algún adulto que pueda decidir por él. Junto a todos estos rasgos es posible que nos encontremos con niños con un autoconcepto pobre, lo que él piensa sobre sí mismo será demasiado simple y carecerá del reconocimiento y conocimiento sobre sus posibilidades reales. Esto, sin duda, le llevaré a desarrollar una autoestima negativa, como él se valore y como se sienta tendrá, sin duda, muchos tintes negativos, que a su vez le impedirán desarrollar nuevas habilidades.

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