Carriola.02.08.26
(*) Colaboración dominical de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por su vicepresidente José Carlos Otero López
CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS EN SU PROCESO DE APRENDIZAJE: ESTRATEGIAS CÁLIDAS Y FRÍAS
Dolores Armas
Lic. en Piscopedagogía
Los seres humanos para realizar aprendizajes necesitamos de un mediador, de personas que lo favorezcan, sirvan de modelos, estimulen las potencialidades, nos ofrezcan la posibilidad de experimentar con los propios recursos, nos presenten alternativas y corrijan las acciones deficientes. La familia y la escuela, en nuestra cultura, son los entornos sustanciales, donde se realizan el mayor número de experiencias educativas. Para que el aprendizaje sea eficaz se precisa de buenos mediadores y modelos.
Requisitos para un buen mediador
Un buen mediador ha de tener claro hacia dónde quiere dirigir a su aprendiz, ha de saber cuál es la intencionalidad de sus acciones y de las experiencias que propone al alumno o en este caso a su hijo. No tener un objetivo claro y no saber cómo conseguirlo, hace que se diluya la energía en acciones poco significativas y se ralentice el aprendizaje. Ocurre lo mismo cuando en el proceso no hay reciprocidad. Es necesario que el niño se implique de la misma manera que el instructor, los dos han de participar activamente en el proceso. Para ello el objetivo se debe delimitar con el hijo y las tareas han de estar llenas de significado, han de tener sentido y deben sentar las bases de nuevas acciones. El mediador, además, ha de saber ofrecer en cualquier tarea o reto que proponga las ayudas frías y cálidas necesarias. Es decir ha de atender tanto a las necesidades cognitivas y aptitudinales como a las necesidades emocionales y motivacionales implicadas en el aprendizaje.
Las ayudas frías
Las ayudas frías son aquellas que se ocupan de transmitir los aspectos técnicos de cualquier tarea o acción adaptadas a las características de los aprendices. Para que estas sean adecuadas es necesario conocer las destrezas de los pequeños y su nivel de desarrollo, así como los requerimientos o conocimientos previos necesarios para concluir exitosamente esa acción. También manejar adecuadamente el lenguaje, ya que este ha de ser preciso y sencillo, evitando ampliar información que no sea necesaria y que desvíe la atención de lo realmente importante. Y por último ser capaz de ir al lado del niño, ofreciéndole orientaciones técnicas factibles y posibles, que estén entre su nivel de desarrollo y competencia y aquello que es capaz de lograr, proporcionándole el andamiaje necesario para concluir el aprendizaje. Evitaremos siempre críticas o cuestionamientos que no lleven a una acción adecuada, precisa y pertinente.
Las ayudas cálidas
Las ayudas cálidas son aquellas que despiertan las emociones positivas, el interés y la motivación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Hacen que esos momentos de actividad sean altamente agradables y gratificantes a pesar de las dificultades que entrañe. Se trata de que el alumno tome decisiones adecuadas influidas por ese estado positivo, ayudado por la empatía, la proximidad y el refuerzo del mediador. Se trata de proporcionar estados de confort y seguridad, basados en el apoyo y la comprensión gracias al conocimiento de los chicos: sus particularidades fuertes y débiles; su manera de reaccionar ante las dificultades, los fracasos y los éxitos. También necesitamos estar al tanto de los exigencias de la actividad, reto o aprendizaje en profundidad, para proporcionar apoyo empático en los momentos más dificultosos. Toda esta proximidad la debemos mostrar con el manejo de un lenguaje cálido y amable.
Finalmente decir que estas ayudas, tanto las cálidas como las frías, dirigirán al niño/a, desde la familia y la escuela, hacia el desarrollo de una autoestima positiva, despertando la creencia de que es capaz y competente, que tiene los suficientes recursos para superar las dificultades y si fuera necesario replantear la acción para alcanzar el éxito. De la misma manera, contribuirán a mejorar el control de la impulsividad, a hacerse con la idea de que es necesario darse tiempo, de pensar antes de actuar, de volver atrás y replantear la secuencia de acciones, de planificar con más acierto para poder seguir. Se trata de saber que estas ayudas dotarán a los jóvenes de las herramientas necesarias para tomar decisiones adecuadas en la ejecución de las diferentes acciones.