CARMEN Y LAS MUJERES DEL MAR
Carriola.José Ruíz Guirdo.15.07.21
CUANDO preparaba “Intrahistoria de Marín”, uno de los documentos que manejé, fueron unos legajos del señor Valente, proporcionados por sus familiares. En estos escritos encontré un personaje: una señora ciega llamada CARMEN; relacionada con las mujeres que trabajaban en la lonja marinense. Ella misma, pese a ser ciega, cosía las redes de los marineros. No se puede olvidar a las mujeres (esposas, madres, hijas, hermanas de los marineros), quienes descargaban la pesca en cestas, estuviera alta o baja la marea.
ÁNGEL DE LA GUARDA
DE esta manera definía el señor Valente a esta señora. Una de las calles de “Canto de Area” (así lo escribía), era la de los cruceiros. Un regato de agua, lo separaba de Estríbela. Existían en ella seis cruceiros que, unidos a otros desaparecidos, completaban el Viacrucis. El principal de estos estaba situado en frente a la casa en la que vivía Carmen. Este cruceiro, a más del pedestal de la cruz, contaba con dos hileras de piedra en forma de escalera, que lo rodeaban. En estas ruedas de las escaleras, se juntaban todas las tardes alguna señora que otra, con algún niño que se hacía tardo al andar. Cuando sonaba la campana de la iglesia a toque de oración, había que llevar al niño que no andaba. Y, pronunciando el nombre y los apellidos del infante, se daban dos vueltas al cruceiro -una del derecho y una del revés-; de abajo arriba, la del revés; de arriba abajo, la del derecho. La explicación de la ciega era esta: “Subes al revés con el niño torpe sin que sepa andar (que significa el sacrificio a lo que tú estás pidiendo por el niño); después cuando bajas al derecho el niño anda mejor. Las mujeres habían de ir a trabajar a la Lonja. Marchaban confiadas dejando a sus hijos al cuidado de su Ángel de la Guarda.
TRIBUNAL INFANTIL
TODAS las tardes, después del toque de Oración, se hacía un simulacro de juicio en la ruedas del cruceiro, a todos los niños que se había portado mal durante la jornada, o habían faltado al colegio. El tribunal se formaba por los niños que acusaban a cuantos habían faltado a la ciega. Y por parte de la defensa, los que les defendían. El castigo consistía en no dejarles ni jugar ni hablar durante días o semanas.
LOS CUENTOS DE MIEDO
CUANDO las sombras de la tarde-noche amenazaban por el crespúsculo, acudían los murciélagos atraídos por el olor del aceite del cruceiro. La ciega, les juntaba a todos y los contaba unos cuentos, con la intención de que, tras la cena, se fueran a la cama llenos de miedo y, al día siguiente no faltaran a la escuela y no fueran castigados.
CARMEN, aquella señora ciega, y analfabeta consagró su vida, a la enseñanza y cuidado de todos los niños de la calle. Fue, de alguna manera, protectora de todos estos niños, hijos de marineros. Curiosa coincidencia con la Virgen del Carmen, valedores de los padres de todos estos niños.