Se encontró mal en la playa, aunque rehusó el ofrecimiento del servicio de socorrismo de llamar a una ambulancia. Lo llevaban a urgencias en coche particular. Su cadáver estuvo en el suelo durante cuatro horas a la espera de la autoridad judicial
Carriola.Redacción.15.08.21
El lamentable suceso ocurrido el pasado Viernes por la tarde cuando un hombre de mediana edad natural de Huesca, fallecía en las proximidades de la Plaza de Abastos de Marín ocurrió después de que esa persona se sintiera mal estando en la playa por lo que una familiar lo trasladaba a Urgencias buscando ayuda para su recuperación. Al llegar a las inmediaciones de la Plaza de Abastos, la conductora paró el vehículo y fue ayudada por algunas personas par a intentar recuperarlo tan infructuosamente como le fue a los técnicos de la ambulancia del 061 que hicieron lo imposible hasta determinar que estaba muerto.
Se trata, según pudo saber Carriola de Marín, de un turista de Huesca que pasaba unos días entre nosotros rindiendo aquí su vida de manera tan imprevista. Sus restos mortales, tras los exámenes forenses que se le realizaron para determinar los verdaderos motivos del óbito, serán trasladados hoy por la Funeraria San Marcos a su lugar de origen en la provincial de Huesca, según hemos podido saber.
Cuatro horas de espera por la autoridad judicial
Si el momento vivido por la familia del señor fallecido que fue llegando al lugar a medida que se enteraron del desenlace fatal fue, como puede suponerse, muy doloroso, no ayuda nada a mitigar la angustia el que el cadáver de su ser querido se encuentre materialmente tirado en la calle durante cuatro horas a la espera de la llegada de la Autoridad Judicial que, estando los juzgados de Marín a menos de 400 metros de distancia del suceso, tarde en llegar, para ordenar el levantamiento del cuerpo, cuatro horas teniendo en cuenta que el fallecimiento se produjo poco después de las seis de la tarde y el levantamiento se hizo después de las diez de la noche.
No se trata de criticar a ningún o ninguna juez, que ellos sabrán lo que hacen y si pueden o no acudir con más presteza a estos casos en que se juega la angustia y la desazón de quienes tienen delante, tirado en el suelo, cubierto por una sábana, a su ser querido. Es probable que sus Señorías tengan otras muchas cosas que hacer que le impidan tardar menos de cuatro, o de tres, o de dos o de una hora en atender a un muerto que está a cuatrocientos metros de distancia. Pero cualquier justificación no alivia el dolor de las familias y el engorroso trabajo de las policías que tienen que atender el morboso entorno y hasta, en algunos casos, hacer de psicólogos con quien sufre la circunstancia directamente.
En lo ignorante que es uno para estas cosas, se le da por pensar que la autoridad judicial debería buscar un remedio para estas situaciones sobre todo si son tan claras como que a un pobre hombre le da un parraque y se muere con la evidencia de las causas naturales. ¿No sería posible delegar esa función en alguna autoridad policial más cercana al pueblo que pudiese evitar, como en este caso, horas y horas de angustiosa espera? Pues, en esa misma ignorancia que confieso, hasta me parece lógico que se busque una solución a estas penosas situaciones, algo así como se hizo con las bodas que se pasaron a los ayuntamientos liberando a los juzgados del arroz en lluvia. Cuatro horas, o tres, o dos o incluso menos cuando el Juzgado está a 400 metros, es mucho tiempo de angustia. Lo es y lo sabe quien lo pasa.