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Cien años de comunicación entre Marín y Pontevedra en carros de caballos

Carriola.Julio Santos Pena.18.08.21

 

¡Lo fácil que es ahora viajar por Carretera entre Pontevedra y Marín o entre Marín y Cangas o, por unificar, entre Pontevedra y Cangas, utilizando coches propios o medidas de transporte comunes tanto de personas como de mercancías!. Hoy en poco más de 15  ó 20 minutos respetando lineas continuas y limitaciones variadas, te pones en Cangas y si vas para el otro lado, en seis o siete, en Pontevedra, Es que el mundo avanza que es una barbaridad!, que diría Don Hilarión, porque no fue, ni mucho menos, siempre así.

A mediados del pasado siglo todavía existía el transporte de mercancías entre Pontevedra y Marín con carros de caballos que compartían la carretera vieja con los vetustos, pero  ¡quien nos los diera hoy!, trolebuses. Aunque a muchos os parezca raro, para quienes andamos por los setenta más o menos, la imagen de los carros del Sr. Antonio Martínez y su hermano “El Manco”, o de la Viuda con su operario Paco, se nos hacen pura nostalgia, como el del señor Collazo con su concesión del transporte de carne desde el matadero a la plaza y de hielo repartido por todos los bares de Marín o el carro gris castrense de la Escuela Naval que conducía Paco “El Carrero” y repartía el pan a las casas de los empleados de la Escuela. Aquellos carros fueron siendo sustituídos por los camiones de otras firmas que se fueron haciendo con el Mercado del transporte poco a poco hasta hacer desaparecer al tirado por los cansinos y cansados equinos que arrastraban toneladas bajo sol, lluvia, frío o calor sobre los adoquines de la vieja Carretera recorriendo después Marín o Pontevedra para recoger o dejar las mercancías que portaban, según los encargos del día.

Pero éso queda muy reciente y a tenor de lo recogido por Manuel Cendán Vilela en su libro “Marín en las Tarjetas Postales Antiguas”, era de lo más adelantado mirando hacia un poco más atrás y sobre todo hasta que  a mitad del siglo XIX el escocés Mac Adam inventó un pavimento de piedra machacada con arena prensada que se denominaba “macadam”, evidentemente en honor a su inventor.

Carro del Sr. Martínez, El Manco, en los años 50

 

Y es que hasta ahí, en lo que a esta zona se refiere, el transporte se hacía mayoritariamente por mar, “en barcazas o galeones de poco calado” – apunta Cendán – porque ente Marín y Pontevedra quedaba un estrecho paso de agua, seguramente generado por el Río Lérez ya que una barra de arena movediza impedía la navegación profunda, sobre todo en bajamar.

Sitúa Cendán en el año 1834 cuando la Reina gobernadora aprueba  la apertura del Camino de Pontevedra a Marín por la costa que se denominó “Camino Real”, estrecho y mal pavimentado que, con la construcción del “Puente de la Libertad”, situado A Costa, en la curva conocida como “Del Bicho”, posibilitó la conexión con Cangas desde Pontevedra. No era ese camino real más que la Antigua Carretera que  no se desviaba hacia el mar en Placeres, como ahora, sino que continuaba por Estribela, Cantodarea y toda la actual calle Concepción Arenal hasta llegar al Puente de la Libertad y seguir hacia Morrazo.

Y no debía ser mal negocio dedicarse al transporte por aquella mala Carretera pues hubo bastante trabajo empresarial en ello. Cendán nombra a Manuel Pena Pacheco como encargado de la cartería del correo en la villa marinense, quien en 1864 vendió sus coches números dos y cuatro denominados “Victoria” y cuatro caballos con sus aparejos y guarniciones y con el compromiso de realizar el servicio Pontevedra-Marín-Bueu-Cangas. Se los adquirieron Ramón Somoza Cambeiro y Juan Fábregas quedándose ente último con la empresa por adquisición de la otra parte.

Una década después se arma una sociedad formada por  Manuel Pena Pacheco y Benito Sobral Graña, ambos vecinos de Marín, que establecen un itinerario Marín-Pontevedra y viceversa con tres viajes “redondos” cada día que en verano y principos de otoño (estación de baños cuando Marín tenía “casa de las aguas” al lado de donde está hoy en ayuntamiento a la que acudían muchos pontevedreses) se ampliaban a seis viajes. Dos años duró aquella Sociedad que utilizó carros de 12 asientos y, el 18 de diciembre de 1877, ellos mismos establecen otra nueva con una duración de cuatro.

Quince años después aparece otra empresa de carruajes denominada “El Volador” que no solo hacía el recorrido Pontevedra-Marín sino que abría una línea a Carril y contaba con excelentes carruajes para la época, como no podía ser de otro modo. El periódico de Pontevedra “El Anunciador” publicaba un anuncio de la puesta en marcha de las nuevas líneas y de que los billetes se podían adquirir en las oficinas de Mon, en la plaza pontevedresa de la Herrería. En 1893 otro marinense, José Sobral Portela se adjudicó tres coches de la línea Marín-Cangas de la empresa denominada “El Industrial” en pago de una deuda.

Y ya estamos en el siglo XX con los estertores de aquel sistema de transporte terrestre aunque se utilizaron los carros referidos al principio de este escrito hasta bien entrados los años 50, es decir, ayer mismo. Claro que también en esta época aparcieron los transportes a vapor y los “troles”, pero eso nos da para otro día en esta Carriola de Marín.

Gracias póstumas a Cendán Vilela por el extraordinario servicio de investigación reflejada en su magnifico libro “Marín en las Tarjetas Postales Antiguas.

 

 

 

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