Del libro “Vivencias” de Laureano Mayán Taboada
Carriola.Redacción.27.08.21
Hoy iniciamos una sección que no será otra cosa que aprovecharnos del excelente trabajo de Laureano Mayán Taboada (q.e.d.) con el debido permiso de su esposa, Angelines Braga, por el que, en varias de sus publicaciones, recogió datos y fotos de marinenses con destacadas personalidades a través del tiempo reciente. Tomaremos de tantas páginas las referidas a personas ya desaparecidas porque Mayán dedicó también su recopilatorio trabajo a personas que están entre nosotros a Dios gracias con vida plena.
IGNACIO CAEIRO, “DON IGNACIO”
Vamos a empezar esta galería con la referencia a Ignacio Caeiro (Don Ignacio), maestro del pueblo que fue durante muchos años en la academia de “Don Félix”, aunque en los años cincuenta tuvo una propia en la calle Secundino Lorenzo. Era una persona muy cordial y apreciada entre los marinenses y de él dice Mayán:
Nace en Marín el 13.09.1914 y fallece el 20.11.1990 siendo el tercero de cuatro hermanos de familia evangélica con raíces eminentemente marineras. Su madre falleció cuando él tenía tan solo 11 años de edad.
Inició sus estudios en el Grupo Escolar pero los difíciles tiempos que se viven en el ámbito político-religioso y, sobre todo en el económico, le llevan al trabajo en el mar siendo todavía un crío pues, a los 15 años, disponía ya de su libreta de mar.
A los 16 años de edad sufre un tremendo accidente cuando se dirigía a Ons a la pesca de la sardina, perdiendo totalmente la mano izquierda y dos dedos de la derecha, cuando contaba con solo 16 años de edad. Tal minusvalía no le arredó en su camino profesional reincorporándose al mar en la pesca de la ardora y, mientras tanto, inició sus estudios de Magisterio finalizando la carrera con brillantes notas,aunque nunca llegó a ostentar el título.
Esta capacidad le lleva a abrir una academia en un pequeño bajo de la Calle Secundino Lorenzo, propiedad de su hermana, donde hizo acopio de buena fama de enseñante por lo que fue requerido para dar clases particulares y, posteriormente, se hizo cargo de la academia de Don Félix Davila, en la Rúa do Sol. Es de destacar también el gran trabajo que hizo durante muchos años en la preparación de jóvenes marineros que, gracias a su ayuda, se hicieron patrones de barcos pesqueros y bien era sabido que lo de cobrarles era lo de menos, mientras duraba la preparación y los chicos no ganaban al estar en tierra sin trabajar.
No tuvo una vida fácil Ignacio Caeiro por el accidente que marcó su ocupación laboral y por la circunstancia de pertenecer a la Iglesia Evangélica en los tiempos en que existía una práctica y absurda marginalidad de sus miembros. Cualquier dificultad era soportada con resignación y entereza y siempre mostraba su espíritu sosegado y su buen humor.
Habiendo vivido en una época de general pobreza, reconocía el aborrecimiento que sentía por las lentejas y la fabada, platos prácticamente diarios en su niñez. Su pasión culinaria eran los pescados azules y, sobre todo, el pulpo, por entonces solo de la ría marinense. Sus comidas acababan con un único pitillo del día al que acompañaba lo que hoy conocemos como un chupito de buen licor.
Casó con Claudina, “Chicha”, en 1964 de cuya unión no tuvieron descendencia y se jubiló a mediados de los años 80 del pasado siglo.
En el perfil de su personalidad, Ignacio Caeiro era un hombre sencillo, alegre y animado y muy hogareño. Metódico en todo lo que hacía era un gran aficionado al canto ya que poseía una excelente voz para ello, y sentía una fuerte inclinación por la música en general. Empedernido lector y en posesión de un gran nivel cultural sentía, en el ámbito del mar y el deporte, verdadera pasión por la vela.
A “Don Ignacio” le deben su incipiente preparación académica cientos de marinenses a los que transmitió, además de conocimientos, el respeto por el ser humano, la voluntad y el esfuerzo para vencer situaciones que, muchas veces, parecen insalvables e insuperables y, en Carriola sentimos especial satisfacción al recoger del libro de Mayán Taboada este primer testimonio que estamos seguros agradará a muchas personas que, seguramente o no disponen del libro “Vivencias” o lo han metido en la “nevera” de cualquier estantería pero se acuerdan del personaje hoy traído a esta página.
En próximos días iremos sonsacando el recuerdo de otras personas socialmente destacadas y especialmente queridas por nuestro pueblo.
