Carriola.Julio Santos Pena.Marín

Esta semana nos hemos enterado de la gran noticia de que la naviera Maersk nos va a mandar al Puerto de Marín un tren todas las semanas con productos congelados, y nada menos que desde Algeciras. La cosa consiste en que el ferrocarril con su carga salga el miércoles de allá y llegue aquí, a nuestro puerto, en día y medio, o sea, el viernes a medio día de cada semana. Es decir, que el Puerto de Marín, se va a comportar, hasta que a Maersk se le antoje, en un puerto seco, de tierra adentro, y, en este caso, su condición de puerto, que es un recinto orillado al mar a donde deberían atracar los barcos para dejar sus cargas, se verá relegado a otra cosa porque sus grúas seguirán levantando la nariz y oteando el horizonte a ver si se ve venir por allá por Ons algún carguero que llevarse a la boca.
La noticia debe ser muy buena porque, por lo que hemos podido ver en algunos sitios, el presidente de la rada marinense, José Benito Suárez, se congratula un montón de la decisión de Maerks, que ya nos la metió doblada hace un par de años porque, para presionar a Vigo que se estaba comportando muy mal con ellos en eso de los costes y tal, decidieron anunciar a bombo y platillo sus nuevas operaciones en Marín, a donde llegarían enormes y frecuentes containeros y, aún más, se cansaron de elogiar el buen trabajo de la gente que labora en este puerto que, hay que reconocérselo sin paliativos de ninguna clase, dieron “el callo” como nadie para hacer bonita aquella incipiente realidad que, a los pocos meses, se quedó en nada porque, arregladas las cosas en Vigo, Maerks volvió para allí dejando en la estacada a Marín y su gente. Bueno, no tanto en la estacada porque a raíz de aquello nos hemos visto “beneficiados” con el deplorable espectáculo de sus contenedores vacíos y oxidados al borde de nuestra alameda para mejor atractivo turístico.
Y no es que deseara yo, desde este humilde portal digital, que se rechace ese tráfico terrestre que, evidentemente, al menos lo supongo, ofrecerá ocupación laboral que es lo que puede beneficiar un puerto convertido en parque industrial, y a quien vive a su alrededor y soporta sus molestias de por vida. No es éso, ni mucho menos, aunque ya sé de alguien que estará pensando lo contrario. Lo que me entristece es que el Puerto de Marín, aquel que se denominó “Pequeño gran Puerto” cuando se hicieron los rellenos que transformaron nuestro litoral urbano y así se decía de él porque era funcional, rápido y atractivo, se vea cada vez más vacío de actividad de barcos. También sé que alguien habrá que me saque algún dato de toneladas intentando demostrar que se han batido récords o superado a otros años, que lo dudo, pero la realidad es la que se ve, y se ve con los ojos de quien observa los muelles vacíos y las grúas más quietas que Don Tancredo. Además por toneladas no se puede medir en modo alguno, y aunque las cantidades quieran deslumbrar, el reflejo económico en el entorno.
Que sea bienvenido ese tren semanal al recinto portuario de Marín aunque sea éso, un tren, porque habrá que tener la esperanza de que algo repercutirá en mano de obra para manipular mercancías porque, si llegan los vagones aquí y sin abrir sus portones, se van en otro tren para un lado y para otro, tampoco será una gran cosa tan sonada novedad. Y, que sea bienvenido, no quita para que, ya que tenemos un “Pequeño Gran Puerto” de demostrada capacidad de trabajo y eficacia, se consiga reactivar la actividad puramente portuaria, recuperando tráficos por mar que fueron bandera, y atrayendo clientes que hagan funcionar las grúas que para eso están. Claro que también me temo que, cualquier día, a la desesperada, nos anuncien tráficos de esos que no quiere nadie en otros puertos, y no hace falta nombrar, y que acaben llegando aquí para que los responsables del puerto se enorgullezcan hablando de toneladas de sabe Dios qué.
Ya veremos el resultado que da la llegada de los ya famosos trenes de Maersk, que tampoco me fío mucho, y no me extrañaría nada que a los cuatro días los desviaran para, por ejemplo, Vigo donde ya tienen la mosca detrás de la oreja.
El sacrificio urbanístico de Marín se merece otra cosa y menos mal que hay en la rada algunas empresas, que ofrecen trabajo aunque en algún caso, no tenga nada que ver con el mar. Menos mal.