Carriola. J.S.P. 15.02.22
Echamos mano, una vez más, del libro “Marín en las Postales Antiguas” de Manuel Cendán Vilela, en el que dedica un amplio artículo sobre Don José Echegaray y Echevarría que fuera de algún modo vecino de Marín donde, durante un cuarto de siglo, pasaba cuatro meses de cada año en su chalet ubicado en “O Tombo”, construido sobre un terreno adquirido por él al borde del mar en donde escribió, en todo o en parte, varias de sus mejores obras.
Sitúa Cendán el origen de la presencia del Nobel en Marín en 1888, año en el que presidió los famosos Juegos Florales de Pontevedra por invitación del diputado en cortes Eduardo Vicenti. Durante su estancia en Pontevedra fue agasajado con numerosos actos y, en sus recorridos turísticos que le mostraron el entorno, se prendó de Marín y mostró su deseo de construir un chalet en la zona. Y así fue porque, en agosto de 1888, adquiere un terreno a José Riestra López (sic) “Una finca llamada Veiga da Riveira, sita en Cantoarena, parroquia de San Julián de Marín, de veintinueve concas y media o sea, trece áreas nueve centiáreas...”, propiedad ya en su poder que incrementó posteriormente para la construcción de muro de defensa y vigilancia.
Y se firmó ante notario el compromiso de construcción de la casa entre la propiedad y el constructor Eduardo Bouzas Cabanelas, casa que quedó descrita como “De piedra sillería de dos pisos situada en el centro del terreno separada de la carretera por una verja y del mar por un muro y una escalera de fábrica; tiene diez metros de anchura por doce de longitud; el terreno presenta alguna inclinación hacia el mar, la altura es variable siendo término medio de unos diez metros. La cubierta es de teja francesa plana, por la parte del mar hay una galería de madera y cristal sostenida por pies derechos sobre una escalera de piedra de dos ramales, su longitud es de unos nueve metros y el ancho de dos idem. En el tejado de dicha casa y a medio de buhardillas se han dispuesto habitaciones para sirvientes y en la parte inferior la cocina, despensas y otras dependencias con el suelo asfaltado”. El nombre del complejo fue de “Villa Echegaray”
Señala Cendán como especial anécdota que, el 4 de septiembre de 1888 se representó por una modesta compañía la oba “El Gran Galeoto” en el teatro de Jesús Feijóo, en la calle Montero Ríos de Marín y la no muy grande sala se llenó totalmente ocupada por personas de la colonia veraniega de la capital y lugares próximos con una concurrencia distinguida que las crónicas del diario de Pontevedra dijeron “que más de una vez quisieran para si algunos de os coliseos de la capital de España”. Y entre el público asistente se encontraban Echegaray, Montero Ríos, Riestra, Vicenti, Munáiz, Gastañaduy, etc. Con sus respectivas esposas.
Y este primer año de su estancia veraniega aquí enamoró al Nobel por lo que, en el momento de regresar a Madrid con su esposa e hijo, hicieron la promesas de volver a Marín cada año y así fue hasta muy cerca de su fallecimiento en el año 1916 que, desde el mes de junio hasta septiembre, su presencia era segura y los periódicos recogían la noticia tanto de su llegada como de su partida.
Navegar por las aguas de la Ría
Gustaba Echegaray de hacer giras marítimas e incluso por el Río Lérez y, en numerosas ocasiones, las hizo en el barco de Montero Ríos, su vapor “Recuerdos”, o en el “Río Tesa” de los señores Riestra y Otero, que eran las primeras embarcaciones de recreo que llegaron a nuestra ría por aquel entonces. Para los anales del anecdotario quedó reflejada la referencia a una gira en el “Recuerdo” desde el muelle de Marín por toda la Ría con parada y desembarco en la playa de Mogor donde, en la Fonda de Paratcha ”compartieron los participantes un gran almuerzo al que no faltaron las más altas autoridades de la provincia y los habituales amigos del premio Nobel. Apunta Cendán que hubo “Exquisitas viandas y champán con brindis y discursos agradeciendo el señor Echegaray de forma muy elocuente la magnífica velada que terminó en Raxó con el espectáculo de la pesca antes de regresar a Marín con las primeras horas del crepúisculo”.
Echegaray escribió muchas de sus obras, en parte o totalmente, durante sus estancias en Marín encerrado por costumbre en las tardes en la galería de su casa que daba al mar, llenando cuartillas según le dictaba la inspiración. Precisamente una de sus obras titulada “A la orilla del mar” fue escrita en Marín y estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid en diciembre e 1893, interpretada mor María Guerrero, famosa actriz que cuando visitaba Galicia no podía pasar sin ver al dramaturgo en su residencia marinense.
La bicicleta, una pasión
Tenía Echegaray una especial afición por la bicicleta, muy de moda por aquellas épocas, y en agosto de 1895 recibió de Rosendo Bordala, “amigo, maestro y compañero de ciclismo” una bicicleta y de inmediato se puso en comunicación con él para darle cuenta de su primer “record o recordito” al ir a Pontevedra y volver sin descansar más que unos minutos a la vuelta, recorriendo los 12 kilómetros en una hora. Y desde aquel momento fue muy frecuente verle dar sus paseos por Marín y Pontevedra casi siempre acompañado de su amigo, el conocido violinista Fernández Bordas que también era veraneante en esta villa. Y fue tan conocida su afición que, socios del Centro Ciclista de Vigo lo invitaron para presidir las carreras de velocípedos que se celebraban a finales de agosto ofreciéndole un barco para el desplazamiento a la ciudad olívica, aunque prefirió acudir en tren recibiendo en Redondela un cariñoso homenaje.
Un memorable discurso
Diario de Pontevedra el 18.03.1905 recoge un párrafo de uno de sus discursos en el que refleja su estado de ánimo de sus veraneos en Marín :
“Cuatro meses al año paso en Galicia y los ocho restantes pensando en ella, contando los días que me faltan para volver, y cuando ya en Madrid, me asomo al balcón y mi vista se encuentra limitada por las fachadas de las casas de enfrente; cuando salgo por el puente de Segovia y contemplo las afueras de la capital y regreso pisando el negro fango de aquellas calles, en los días lluviosos, recuerdo con placer estos amplios horizontes, la verde alfombra de estos valles y de estos campos, las frescas umbrías de esta hermosa tierra y tanto es mi amor a Galicia que cuando me siento acatarrado, no me figuro que es catarro lo que tengo, sino morriña”.
Las fábricas causa de sus progresivas ausencias
José Echegaray tiene su nombre en una calle de Marín, justamente la que sube de la Plaza de España hacia el Templo Antiguo, por entonces seguramente una de las más importantes de la villa, por decisión municipal tomada en el Pleno del 20 de julio de 1902, calle que hasta entonces se denominaba “Ruavieja”. La concesión del Premio Nobel fue posterior ya que se produjo en 1904 lo que dio todavía más importancia a su presencia en Marín con posterioridad.
Pero Echegaray fue haciendo cada vez más cortas sus estancias aquí porque, la zona donde se ubicaba su chalet, empezó a ser invadida por las fábricas de salazón y, en general, instalaciones relacionadas con la pesca cuya proximidad a su casa le hacían menos grata su estancia aquí al restarle la intimidad que como escritor necesitaba.
Falleció a la edad de 83 años el 4 de septiembre de 1916 y su viuda se desprendió del chalet vendiéndolo al diputado en Cortes por Santiago Lino Torre. La edificación no resistió el envite de la piqueta que transformó la zona con la construcción de grandes edificios y, el promotor que la adquirió, donó la piedra a finales del siglo pasado al ayuntamiento que la recibió con algarabía sin saber en realidad que haría con ella. Y tal fue así que, tras desmontar la edificación numerando cada piedra fue depositada en una zona del puerto y posteriormente trasladados sus elementos al Sequelo. Lo que fue de las piedras es una entelequia porque han ido desapareciendo perdiéndose su histórica importancia.
Manuel Cendán al que nunca agradeceremos su gran trabajo con este libro, termina el artículo lamentando “De la presencia del Premio Nobel en Marín solo queda como recuerdo una calle con su nombre”