Carriola.Julio Santos Pena.22.02.22
No les olvidemos mientras se vayan apagando los focos mediáticos
Una semana de angustia, de lágrimas y de gritos desesperados en demanda de auxilio a las autoridades para que sigan, o empiecen, a hacer algo para encontrar a los marineros desaparecidos del Villa de Pitanxo. Una semana de sentimiento solidario de los pueblos todos de la ribera que sabemos lo que es una desgracia de este tipo porque, ni es la primera, ni será la última, seguramente, porque el Mar, la Naturaleza, se cobra cuando le apetece, el tributo de lo que da, en vidas humanas. Una semana de exposición periodística y mediática a todos los niveles que es otra de las condiciones de este tipo de luctuosos eventos que movilizan a los medios escritos y hablados que intentan, cada uno a su estilo, transmitir la angustia a los de por aquí y a quienes están más alejados de la ribera y que, en muchos casos, no pueden de comprender la realidad que por aquí se vive porque les quedamos lejos. Una semana para olvidar.

El pasado domingo quedó patente el sentir del pueblo cercano; el deseo de apoyo a los que más sufren, que son los familiares de los fallecidos, con la concentración multitudinaria en la alameda de Marín. Ya se sabía la identidad de los rescatados, vivos o muertos, y también la de quienes se quedaron en el fondo del mar, seguramente en el propio barco, porque pudo no haberles dado tiempo a escapar de su hundimiento. Y entre las intervenciones que los familiares hicieron, uno de ellos pidió que, tras la llegada de los cuerpos sin vida y de los supervivientes no nos olvidemos de que otros doce se han quedado esperando su rescate. Supuso con entrecortada emoción que tras el fuerte impacto del accidente, todo se irá calmando y pidió que como a él, cuyo hermano se quedó en las frías aguas de Terranova, no les abandonemos en la demanda de pedir, de exigir, que se intente la localización y el rescate de todos los demás. Personalmente y habiendo sentido como propias las palabras de todos y cada uno de los intervinientes, las de este joven me impactaron de manera especial.
Y es que en esta sociedad vertiginosa que vivimos se corre el riesgo del olvido inmediato. Hoy mismo llegaron los vivos y los cuerpos de los rescatados del mar y, lamentablemente, los focos de la tragedia pueden empezar a apagarse, porque cada vez nuestra sociedad se inhumaniza más, y la vorágine de la vida nos lleva como relámpagos, de un suceso a otro borrando de nuestra mente el anterior con toda la facilidad del mundo. Hace cuatro días se morían miles de personas con el Covid y, aunque sigue habiendo fallecimientos por la misma causa a cientos, ya casi nadie repara en ello: Hace dos un volcán en Canarias arrasó pueblos enteros...¿quién se acuerda ya de aquella desgracia que compartimos desde lejos?... Estos días en Brasil y en Centroeuropa ha habido inundaciones y muertes a docenas, ¿a quien le importa, si además todo está aún mucho más lejos?...Y así va sucediendo todo, día por día y corremos el riesgo de que suceda lo mismo con nuestros marineros del Villa de Pitanxo.
Con los focos de la actividad mediática que se irán apagando, iremos pasando al almacén inútil de los recuerdos este desagradable y desgraciado accidente. No será así para las familias que, si es verdad que se han visto apoyadas y comprendidas hasta ahora, y aún después, irán comprobando como el dolor se va diluyendo entre la multitud, y solo en sus corazones perdurará muchos años, seguro que para siempre.
No les abandonemos. Tengamos presente que presentes están todavía doce hombres valientes que merecen descansar cerca de los suyos y, ya no por ellos, que seguramente se conformarían con su destino porque el espíritu marinero es como es, sino por sus familias que les echarán en falta mientras vivan.
No les dejemos solos.