Carriola.Julio Santos Pena.23.03.22
Rizar el rizo, se llama eso y las consecuencias de tal desmán, por mucho que quieran justificarlo, las paga el usuario que, como le ha pasado al que suscribe, se ve perjudicado por un retraso inaceptable no imputable, desde luego, a los trabajadores de la oficina marinense
Y es que ayer mismo recibimos una carta de la Escuela Naval Militar que tiene la deferencia de invitarnos a un acto que tendrá lugar el próximo viernes en el que jurarán Bandera Aspirantes a Reservistas y Personal Civil. Ayer era martes, día 22 y en la tarjeta que venía en el interior del sobre, tras la amable invitación, nos limitan el plazo de respuesta para la asistencia “antes del día 21”. Es decir, estamos fuera de plazo para confirmar nuestra posible presencia o incluso renunciar a ella, como manda la educación más elemental.
Claro que a uno le extraña que en la Escuela Naval cometan semejante fallo y, al analizar el matasellos exterior del sobre comprueba que la carta salió de allí el día 14 de este mes, es decir, hace OCHO DÍAS, lo que le produce a uno, además de la extrañeza, un oportuno cabreo con tendencia a llamar al responsable de la Oficina de Correos en Marín para pedirle explicaciones lo que equivaldría a una queja con pedigree.
Y amablemente nos atiende al Jefe de la Oficina al que le planteamos la situación y le pedimos que nos explique cómo una carta salida el 14 de la Escuela Naval llega a mi domicilio que se encuentra a 300 metros en diagonal OCHO DIAS después.
Al señor que nos atiende no le extraña nada y nos explica (ahora tampoco extraña nada a un servidor) que las cartas que se depositan en Marín hay que mandarlas a Santiago de Compostela y de allí las vuelven a remitir a Marín con lo que, si se cruza algún problema de camiones de reparto para allá o para acá, podemos perder, como un servidor, la posibilidad de acudir a una cita para mí importante, y hasta quedar como un desconsiderado por no dar respuesta.
¿Son cosas de la modernidad?... Serán, pero es lo más absurdo y perjudicial en materia de comunicación que uno se haya encontrado nunca. Al final, tenemos que agradecer al jefe de la oficina de Marín su atención y su información y nos gustaría poner “verde” al que inventó eso de convertir 300 metros en una distancia de 130 kilómetros. Pero ¿y quién será el susodicho? ¡Vai tí a saber!