Carriola. J.S.P. 27.03.22
Desesperación cuando llegó la noticia de la pérdida del Villa de Pitanxo; esperanza cuando quienes podrían intentar un rescate de los cuerpos perdidos manifestaban su disponibilidad para ello; Resignación cuando recibieron la condolencia y el apoyo tácito, pero moral, de todo el pueblo, diríamos de toda Galicia, de toda España... E indignación ahora que les han dicho ya desde las altas esferas del Estado por medio de “segundos”, que nada se va a hacer para intentar llegar al pecio y tratar, por un lado, de localizar a los marineros desaparecidos que podrían estar dentro del barco o en sus proximidades, acaso liados en las redes con las que pescaban, y, por otro, igual de importante aunque por distinto motivo, tratar de saber qué pasó, qué fue lo que pudo producir el accidente, que para eso hay expertos que pueden sacar conclusiones toda vez que, entre quienes salvaron la vida en tan difícil trance, hay diferencia clara de contenido en sus respectivas declaraciones. Todo ello, unido a que la Audiencia Nacional, que es la que empezó a tratar este asunto, ha escurrido el bulto dejando en manos del humilde juzgado de Marín el asunto, ha dejado perplejas a las familias afectadas por tan penoso trance, y al pueblo en general mucho del cual, la verdad, ya se temía estas conclusiones lamentables.
Voces hay de sobra que aseguran que es más que posible acercarse al barco hundido y por lo menos tratar de ver lo que hay allí para sacar conclusiones o para rescatar a todos o alguno de los hombres que sufrieron el hundimiento. Se ha bajado en todos los mares del mundo y, concretamente en esa zona, a profundidades mayores y pruebas de ello hay con filmaciones al alcance de cualquiera en un simple ordenador casero. Y no deja de ser lamentable que el Gobierno de España, la Xunta de Galicia o quien sea, no intenten hacer más y se conformen con enviar al delegado en Galicia y a alguien de la Marina Mercante a decir a las angustiadas familias que se acabó el carbón; que no se va a mover ni un dedo para, al menos, darles alguna esperanza.
El accidente del Villa de Pitanxo no fue solo un barco que se perdió, ni mucho menos. Hay 21 hombres fallecidos y de ellos, 12 desaparecidos, que es lo más doloroso que puede pasarle a un pueblo marinero o a los pueblos marineros de donde era cada uno de ellos. Hay 21 familias rotas y desesperadas a las que no le serán nunca suficientes las condolencias verbales aunque puedan agradecer gestos en ese sentido. Los demás, los que no tenemos ninguna relación, o como mucho, solo amistad o conocimiento, hemos sentido el lacerazo de su pérdida y con el paso de los días, y la continua secuencia de acontecimientos que se suceden uno tras otro, vamos olvidándonos del tema. Es como una ley de vida porque hay cosas como esta que solo se curan con el tiempo. Pero las familias tardarán y ojalá que puedan superarlo en parte, lo que se nos antoja imposible.
Las familias van a convocar otra concentración y el pueblo, como en la primera, tendría que respaldarlas para demostrar el apoyo que merecen y exigir a quien gobierna y reparte millones de euros a tutiplén en chiringuitos de dudosa efectividad, que cumpla lo que dijo en los momentos de máxima tensión. No se va a arruinar el país por dedicar un dinero a esta misión y, en cambio, además de intentar localizar a algún náufrago, se podrían estudiar las causas de tan fatal accidente. Igual eso ayuda al juzgado de Marín al que su superioridad le ha trasladado el “marrón” del siglo. Cualquier cosa menos inactividad y conformismo.
Pero para eso hay que tener palabra y hay quien su palabra no vale absolutamente nada.