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Tras los pasos del tontorrón, graciosete, pirómano, vándalo.... y papanatas

Carriola. Editorial. 02.04.22

Multitud de acciones vandálicas y/o incívicas cuestan miles de euros a las arcas municipales y a los bolsillos particulares, y sin darnos cuenta nos hemos acostumbrado a ellas y normalizado de un modo asombroso

Ayer recibimos una comunicación en la que se nos explicaba que el primer tramo de la nueva senda de Bagüín, que todavía se está construyendo, tiene unas pisadas de alguien que decidió dejar marcada su huella de por vida, -nunca mejor dicho-, a todo lo largo del camino. A principios de semana un contenedor de depósito de papel ardía, sin que se conozcan los motivos, en el aparcamiento del IES Chan do Monte. El pasado fin de semana alguien decidió tirar al monte en el lugar de Bexe, ese que muchos interpretan como un basurero, una serie de enseres que ya no servían en su domicilio. El mes pasado, un sábado, un grupo de personas la tomó contra el vallado de madera del vial de playas marinense destrozando, se supone que a patadas, unos cuantos metros del mismo. Periódicamente los vecinos del casco antiguo de Marín y de la llamada zona vieja de Cantodarea, sufren los ataques de personas que, sin saber por qué ni a santo de qué, se dedican a destrozar cuando su testosterona le sobrepasa los bienes privados; puertas, buzones, placas, escaparates, cristales, etc son víctimas de la falta de empatía y de la valentía de los que, envalentonados con el anonimato, parece que dedican parte importante de su vida a hacer más difícil la del prójimo.

Todo esto necesitaría una reflexión muy profunda de las causas por las cuales el modo de divertirse es a costa de hacer daño a los demás, o por las que cuando algo no te sirve te deshaces de él sin reparar en que estás estropeando o alterando un bien común que además costará dinero reponer a su estado inicial, pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte hemos normalizado estas situaciones que ya no generan el más mínimo ápice de crítica a sus causantes. Existe entre la población una falta evidente de valores tan importantes como la educación, el civismo y la empatía que, para quien no lo sepa viene a ser ponerse en el lugar de la persona a la que estas haciendo daño para que veas como se siente el perjudicado.

Dicen que la pandemia también afectó, que el estar tanto tiempo encerrados nos llevó a un terreno de histeria colectiva en el que algunos aún continúan o la utilizan de excusa, pero la verdad, lo que nos conviene es reflexionar. Todos tenemos en casa a alguien a quien sus hormonas le dicen lo contrario de lo que hay que hacer, y ese es papel que tenemos que jugar, el de ganarle a las hormonas y explicarle a nuestro allegado que lo malo no se hace. Todos conocemos a alguien también del que estamos seguros sería capaz de pisar una senda recién construida sin ningún sentido más que el del mal por el mal, o la gracieta gratuíta, y estaría bien que todos pusiéramos un pelín de nuestra parte para que éste no se sienta cómodo con sus acciones. 

roslev