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Seixo y Marín lloran la muerte de Concepción Rúa, "Conchiña da correxedora"
Carriola. Redacción. 14.06.22
 
Falleció ayer a la edad de 87 años y el traslado para su inhumación será hoy, martes día 14, desde el Tanatorio de Marín Sala número 1 hasta el cementerio de O Campo
 
 La parroquia marinense de Seixo y Marín en general lloran la desaparición de Concepción Rúa Dopazo, Conchiña da Correxedora, que falleció ayer a los 87 años de edad. 
 
Su panadería ubicada en Seixo, en cuya puerta alguien dejó hoy un gran ramo de rosas junto a su esquela en la puerta impoluta del establecimiento, echó el cierre definitivo el 31 de Diciembre de 2012, hace casi diez años, después de noventa y siete años de actividad ininterrumpida. Concha se jubiló en aquel momento con gran pena por no encontrar reemplazo a quien enseñarle sus recetas y combinaciones bien famosas para la elaboración de pan de leña y brazo de gitano. Había recibido unos años antes un importante premio de la asociación de industriales de Panificación. La salud, que ya le pesaba entonces, obligó inexorable a apagar el fuego de un horno de leña que nunca se ha vuelto a encender para el gran público.
 
 Ramo de rosas en la puerta de la panadería, esta tarde. // Foto José Luis García Portela
 
 
En el documental Seixo, memorias dunha parroquia, -documental de reciente estreno en el que se recoge la historia de esta zona de Marín,- el también vecino Benito Soto-Quiroga, quien por cierto el destino ha querido que nos dejase dos días antes que Concha, habla sobre la Correxedora como panadería que hacía un pan exquisito, de gran fama, algo en lo que por supuesto estaba la mano de esta experta panadera que se mantuvo en activo hasta los 77 años de edad.
 
 
"El pan nuestro de cada día", un artículo de José Luis García Portela
 
El pan nuestro de cada día lo amasaba y horneaba Concha, "Conchiña da Correxedora". 
Junto con su marido Manolo, mantenían una panadería tradicional que adquirió fama más allá de Seixo, mi pueblo. En su horno de piedra, alimentado por madera de "carballo", cocía el pan que comíamos medio pueblo y todo conductor que transitase esta avenida, eje crucial en la Península do Morrazo.
 
Gente de fuera y, especialmente, los veraneantes de vuelta de las playas se detenían a comprar su maravilloso pan, empanadas, bizcochos... 
 
Recuerdo las barras que yo iba a buscar a diario, recién hechas, deliciosa tortura en mis dedos que, codiciosos, las pellizcaban. 
Y sus famosas bollas: un pan tan rico y crujiente que nunca llegaba entero a casa. Recuerdo las disputas por comerse la bola del centro, o el sabor a fuego y madera de sus tostados bordes. Era casi marca de la casa el pliegue inferior que la bolla adquiría al tomar la forma del suelo del horno. 
 
Recuerdo sus empanadas. La gente le llevaba en tarteras el relleno de carne, 'xoubas", bacalao, atún... Con sus sabias manos preparaba una empanada ungida por los aromas que le transmitía la leña de nuestros bosques. Sus Brazos de Gitano y sus Roscones de Pascua también eran muy apreciados, por su toque artesanal alejado de la panadería y pastelería más industrial. 
 
Me alegraba las mañanas el olor del horno, muchos metros antes de llegar al pequeño mostrador donde Manolo me daba las barras de cada día. Recibía un primer anticipo de las delicias futuras cuando pasaba al lado del portal tras el que almacenaban la madera para el horno. Ese aroma a centenaria "carballeira", que aportaría galleguidad a las harinas castellanas.
Conchiña trabajó en esa panadería familiar por más de medio siglo y hace 10 años la cerró, tras jubilarse sin herederos que siguieran la tradición.
 
Para sus clientes fue un drama dejar de disfrutar ese pan. Mi familia buscó y probó durante meses algo que lo sustituyese, sin éxito. Apenas algo que se asemejaba un poco, pero ninguno tenía esa consistencia y sabor que les imprimía el arte de Concha. Ninguno cunde como lo hacía el suyo. 
 
Concha, la Correxedora, se fue ayer. Con 87 años y, tristemente, no en la forma dulce y reposada que adoptaba la masa de sus bollas, en hileras de túmulos blancos, mientras las levaduras hacían su trabajo al calor del obrador. 
 
Hoy, su familia y amigos la velan. Mañana por la mañana volverá a la tierra, en el cementerio de O Campo. Curiosamente, situado éste al lado de una nave dedicada a la venta de cereales. El destino no quiso tenerla muy alejada del trigo, por si alguna vez decide volver a hornear. 
 
Desde ahora, cuando alguna tenue nubecilla cubra los montes hacía el Este, voy a imaginar que Conchiña ha encendido el horno y en unas horas podremos disfrutar del que, durante décadas, fue el pan nuestro de cada día."
 
 
El velatorio de Concha, ubicado en el Tanatorio de Marín sala número 1, abrió a las seis de la tarde de este lunes, y permanecerá abierto hasta las once de la mañana del martes, momento en el que se llevará a cabo el traslado para su inhumación.
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