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Desde mi Escorial para Carriola: Las hierbas de San Juan

Carriola. José Ruiz Guirado. 25.06.22

ES usanza común a toda Galicia el recoger la tarde-noche de la víspera de San Juan diferentes hierbas y flores, echarlas en agua y dejarlas en ella al sereno para que cojan el orballo (humedad del aire que, con el frío de la noche se condensa y se deposita en gotas pequeñas) de esa noche para lavarse a mañana todos en aquella agua. Esta agua, en que estuvieron de remojo las hierbas curanderas, mágicas, para preservar, proteger de los aires perversos, envidias, etc. Y cosméticas para darle buenos colores y finura en la piel. Estos y otros rituales de la etnografía relacionados con el agua y el fuego, no vendrían mal en estos “idus” (tomados como cualquier tiempo que representan peligro).

CUALQUIER cronista que se precie, acude a pregones, discursos, libros festivos para conocer la intrahistoria de los pueblos: aquella que la Historia pasa por encima. Un servidor practica este ejercicio recopilatorio, que tan buenos resultados le ha aportado, por lo allí publicado. Esta noche mágica, he traído la recuerdo aquel siete de diciembre de 1998, en el que el flamante Premio Nobel de Literatura, José Saramago; pronunciaría el discurso: “ De cómo el personaje fue maestro y el autor su aprendiz”. Decía esto, entre otras cosas de digna consideración: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando las promesas de un nuevo día aún venían por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando a pastar la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y su mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos… […] Aunque fuera gente de buen carácter, no procedían así por delicadeza de alma comprensiva: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar más de lo indispensable…”

En estos días nos hemos encontrado con esos bulos que nos tienen acostumbrados, para arremeter los políticos contra sus oponentes. Con perlas de esta guisa: “su experiencia laborar es la de integrante de tal partido”. O sea que, los detractores se han amparado para arremeter en el argumento de peso: “ no tiene estudios”. Seguimos con Saramago: “Fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver…”

¿Qué falta le haría a aquel buen hombre estudios algunos para entender lo fundamental? Claro, no faltara quien añada: “Aquél era un pastor, aquí se habla de un político”. Eso es rigurosamente cierto. El pastor con saber de cuanto su negociado requiriese, le sobraba. Uno, en esta noche de San Juan, en la que todo pudiera ser mudable, también se formula una cuestión precisa: ¿No sería más “lastrante” acusar a alguien de que se procure disminuir la cantidad de algo? Pensará uno, en su ingenuidad que, para malversar, mangar, robar harían falta tener estudios. EN esta noche de San Juan se practican otros ritos, además del de las hierbas, los del fuego, a lo largo y ancho de la piel de toro, con el propósito de “limpiar” los insalubres aires de los malos hados. En Marín, se saltan las hogueras y se comparten las sardiñas, que por estas  calendas “pingan no pan”.

 

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