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Recuerdo del alcalde Francisco Pérez Crespo

 Carriola.27.06.22

Este mes tiene una histórica fecha de luto para Marín porque el pasado día 5 hizo 52 años que fallecía, en accidente de tráfico y cumplimiento de su deber, el que fuera alcalde Francisco Pérez Crespo cuya gestión en los años más difíciles tras la Contienda Nacional fue enormemente positiva para las gentes de aquel Marín humilde que empezó a despegar quizá en algo más de una década que no se ha repetido desde entonces por ninguna otra Corporación. Y en el año 2010, cuando se cumplían 40 años del fallecimiento de Pérez Crespo, el grupo “Facendo Historia” que preside Ángel García Carragal, organizó el homenaje de recuerdo que se le debía a tan prolífico alcalde. A mi me correspondió ofrecer la semblanza de su gestión  y alguien me ha pedido hace unos días que recuperase aquel texto en Carriola, cosa que, a pesar de lo largo que pueda parecer, hago con gusto para conocimiento de la figura de Pérez Crespo. Quienes lo lean comprobarán que se hace referencia al año de la lectura, en el 2010 y deberán añadir a las fechas con las que juega los doce años que han pasado desde aquel día del homenaje.

Hay que ponerse en los años de mi infancia, allá por los cincuenta del pasado siglo, para sentir de cerca la presencia de Don Francisco Pérez Crespo, el alcalde. Y seguramente a lo largo de esta intervención voy a repetir la palabra “alcalde” porque Pérez Crespo, durante todos los años de mi infancia lo fue de mi pueblo, Marín, que despertaba  hacia el modernismo y hacia el futuro que, por mucho que digan los más negativos, hoy nada tiene que ver con aquel Marín de entonces gracias, principalmente, a las iniciativas de hombres como Don Francisco Pérez Crespo, acaso imperceptibles para su propio tiempo pero que, con la perspectiva de la historia, se pueden observar con toda claridad.

Pérez Crespo con el Cardenal Quiroga Palacios

 

 El Marín de principios de siglo XX

 Situémonos entre las cuatro calles urbanas, mal empedradas que los niños utilizábamos para el juego sin temor al infernal tráfico de hoy y sólo con el cuidado de que el guardia municipal de turno no nos pillara con la pelota que era, prácticamente la pasión de unos agentes que poco más tenían que hacer porque ladrones no había, tráfico muy limitado y del botellón no se tenían ni sospechas.

 Un Marín donde, de vez en cuando, atravesaba sus calles un carro arrastrado por cansinos caballos que desde Pontevedra traían diariamente las mercancías para repartir por los comercios de la incipiente villa; Un Marín a cuyos vecinos llegaban los avisos del Alcalde mediante el eterno pregonero, el guardia municipal Paco “Poquitacosa”, que, acompañado por el no menos eterno tamborilero “Madrid”, barrendero del ayuntamiento, gritaba por las plazas principales  aquello de “El alcalde de Marín hace saber…” después de que Madrid redoblara con su maestría durante unos minutos;  Un Marín desde el que, para llamar a alguien por teléfono, por ejemplo a Vigo, o recibir una llamada desde cualquier punto de la provincia, sin ir más lejos, había que esperar en la central telefónica un par de horas y comunicar, con suerte casi con el más allá, gracias a la atención de Don Juan y sus hijas que, clavijas en ristre, conseguían, no sin titánico esfuerzo, el milagro de la comunicación final; Un Marín donde, cada atardecer, el Señor Camilo, encargado del servicio de FENOSA, iniciaba un largo recorrido, escalera al hombro, y con un extraño artilugio en su mano, para ir dándole a los machetes que encendían las tímidas farolas que oscilaban colgadas en el eje de calles y callejones; Un Marín, en fin,  por cuyas calles aparecía de vez en cuando la línea de Cangas, es decir, Manuel Balán, descalzo e imitando el bocinazo del autobús para asustar a las lecheras a las que tiene dado más de un disgusto.

 Pérez Crespo  a la derecha y Eladio Santos a la izquierda. Ambos fallecieron en accidente de tráfico

 

Con esta estampa podemos reconocer el ámbito en que Pérez Crespo ejerció su tarea como regidor municipal desde el año 1943 en que recibió el bastón de mando con el reto de mantener o superar la labor de otro alcalde histórico como fue Ezequiel Massoni del que las generaciones anteriores hablan verdaderas maravillas y algún día, las posteriores, tendrán que hacer valer en su recuerdo.

Un alcalde renovador

 Catorce años duró la labor de Francisco Pérez Crespo en la alcaldía y a él le correspondió dar un impulso importante a este pueblo, por entonces muy humilde, como hemos recordado, aunque entrañable. Sería demasiado largo hacer aquí una referencia, paso a paso, de la labor de un alcalde que acaso sufrió esa especie de indiferencia de sus contemporáneos, como ocurre en las familias en las que los niños crecen sin que uno se dé cuenta, hasta que llega alguien que no les ha visto en unos meses y se asombra del cambio que han sufrido sigilosamente. La perspectiva histórica, en cambio, refleja claramente la importancia de su labor, que no sólo dedicó a gobernar las cosas de cada día para salir del paso, que es lo más sencillo siempre, sino que se proyectó con decisión en el progreso social, deportivo y sobre todo económico, de éste Marín nuestro al que sus propios hijos suelen traicionar en el devenir de su día a día, con lamentables y absurdas descalificaciones sin querer, casi nunca, destacar sus méritos y sus progresos, que también los tiene, y sólo los eternos inconformistas se niegan a ver.

 El mundo marinero su horizonte

 Desde su llegada a la alcaldía, Francisco Pérez Crespo puso su mirada en el mar como cabría esperar de una persona conocedora del medio y de las posibilidades económicas del mismo para el futuro de su pueblo y, antes de cumplir el primer año de su mandato, organizó la Cofradía de Pescadores para englobar en un cuerpo único y fuerte a los armadores de los ochenta barcos pesqueros que formaban aquella flota de Marín que aparece en entrañables fotografías pero que, aún siendo importante, estaba formada por barcos de madera cuyas máquinas, alimentadas por el carbón manejado con destreza por los expertos fogoneros, resoplaban sobre el mar a poco que los temporales de entonces, siempre presentes en el litoral, opusieran su resistencia a la temeridad y osadía de patrones y marineros que se aventuraban con semejantes cascarones unas millas más allá de los muelles de nuestro puerto. Durante su patronazgo en la Cofradía, el alcalde tuvo que vivir de cerca los dramas de varios naufragios muy cercanos pero moralmente demoledores: Tres muertos en el “San Telmo” embarrancado en Punta Udra;  Otros tres fallecidos tras la colisión del “Evangelina” con otro barco a la altura de Punta Faxilda y, entre otros acontecimientos, el hundimiento en pleno puerto de varios barcos en el año 1954 a consecuencia de un gran temporal. Incluso le tocó vivir de cerca el naufragio del remolcador de la Escuela Naval “Cíclope” que tras varar en unas rocas de la Illa de Onza, perdió a siete de sus hombres.

 La gestión de Pérez Crespo fue decisiva para conseguir el Nuevo Templo

 

Pérez Crespo tuvo la visión del hombre de mirada hacia el futuro de que, en aquellas condiciones, no se podría continuar mucho tiempo y convencido de que era preciso dar un decidido paso al frente, aglutinó a armadores y patrones para intentar convencerlos de que sólo quedaban dos salidas: renovarse o morir, y, en una reunión celebrada en el desaparecido Cine Quiroga, presidida por el gobernador civil, Gerardo Riestra, se gestó la formación de la cofradía de la que él mismo, fue su primer Patrón Mayor y desde la que se impuso la obligación de transformar aquel grupo  de valientes pero débiles y osados barcos de madera, en una gran flota de buques de hierro de mayor potencia, capaces de navegar en mares más lejanos y, a pesar de sus deficiencias con respecto a lo que hoy se ve, mejorar la calidad de vida de los marineros en su esforzado trabajo sobre las olas.

 Lucha contra la mentalidad negativa de los armadores de entones

 No le fue fácil a Pérez Crespo la tarea porque una cosa es la intención y otra la mentalidad y, cuentan testigos de la época, que la mentalidad de los armadores de Marín estaba anclada en el pasado, viviendo su presente y sin miras hacia nuestro futuro y, las propuestas del Patrón Mayor que se acordaban un día, se incumplían sistemáticamente a las veinticuatro horas y, probablemente, de ahí salió aquella frase que pretende retratar a muchos de aquellos armadores: “sáfate Marín que eu xa me safín”.

 El tiempo, en cambio, dio la razón a Pérez Crespo y muchos de los armadores que no supieron estar, acabaron viendo cómo sus empresas se hundieron irremisiblemente y con ellas sus capitales económicos muchos de los cuales originaron sagas familiares de renombre que se vieron en pocos años sin santo y sin cera para mal propio y de la economía del municipio.

 Cooperativismo como solución de futuro: Nace PESMAR

 Desde su puesto dirigente en la Cofradía de Pescadores, Pérez Crespo supo encauzar la formación de una gran cooperativa de pesca que suponía un enorme cambio en los sistemas de explotación pesquera. Los armadores con más energía e ilusión empresarial aportaron sus barcos al conjunto para la modernización de la flota; otros se retiraron en pleno lanzamiento de la idea tras haber aceptado ser parte de la misma y, la mayoría no quiso saber nada y entre ellos hubo quien, además, se encargó de torpedear la idea en todo lo posible.

 Safricope, primer congelador de Marín conseguido gracias a Pérez Crespo y Manuel Nores

 

Así nació “PESMAR” que, en sus comienzos sufrió lo suyo pues hubo que construir cuatro barcos de lo más moderno del momento, a los que pusieron los nombre de las playas de Marín. El Gran Sol fue su primer y flojo destino que se encontró con dificultades económicas  iniciales por lo que, algunos de sus socios y entre ellos, el único superviviente fundador, Manuel Nores, por entonces acaso el patrón-armador más joven y con más prometedor futuro de España,  tuvieron que aportar sus capitales para sostener aquel castillo construido con base en la ilusión, que no podía venirse abajo a las primeras de cambio. La nueva cooperativa cambió el rumbo y alquiló unos barcos congeladores a Pescanova con los que navegar por los caladeros del Senegal y poder congelar las capturas de pulpo (téngase en cuenta que los barcos de la cooperativa conservaban el pescado todavía con hielo), pero tampoco resultó exitosa la campaña. No cundió el desaliento,  como algunos del propio pueblo hubiese deseado, y se decidió que los barcos volviesen al caladero del Gran Sol donde se inició el definitivo despegue de una empresa presidida por Pérez Crespo de la que hoy en día sólo hay que decir su nombre “PESMAR” para dejar constancia de su importancia.

 La primera industria frigorífica: Nace SAFRICOPE; Le costó la vida

Pero no quedó ahí la iniciativa de la cooperativa presidida por Francisco Pérez que, de nuevo, con miras de futuro, empezó a diseñar la idea de contar con un gran frigorífico en tierra donde almacenar y elaborar el pescado de sus propios barcos. En ese momento se contó con la colaboración de  Raúl Santiago Taracido, alcalde de la villa en aquel tiempo que supo apreciar en la idea otro pilar económico de este municipio, y se realizaron las gestiones necesarias para conseguir las ayudas que por entonces empezaban a otorgarse a las buenas ideas empresariales, para crear SAFRICOPE, que fue el más moderno y voluminoso frigorífico de la provincia cuando despuntaba la industria del congelado en este entorno. No fue fácil, económicamente hablando, consolidar la idea y dos miembros de la cooperativa volvieron a adelantar fondos propios para la redacción de proyectos y demás gestiones que se consolidaron definitivamente, pocos meses después, en aquel gran frigorífico puntero que dio un nuevo impulso al Puerto de Marín.

 Fue ésta la última obra de Francisco Pérez Crespo que lamentablemente, en cambio,  nunca pudo ver levantada pues, precisamente al regreso de Canarias, vía Madrid, con toda la documentación lista para dar vía libre a la construcción del frigorífico, en compañía de su fiel amigo y colaborador Luis Santos García, sufrían un accidente de tráfico en el que ambos dejaron la vida una tarde como la de ayer, día cuatro de junio, hace exactamente cuarenta años. La consternación fue patente en todo el pueblo de Marín, a donde llegó la noticia sobre las siete y media de la tarde expandiéndose por todos los rincones con enorme rapidez.

 Catorce años para el recuerdo

 Catorce años continuados fue Francisco Pérez Crespo alcalde de Marín y, su gestión en la alcaldía, se entremezcla en la época con la realizada en el ámbito de la industria pesquera. No es necesario poner fecha a sus logros porque, desde su despacho en el ayuntamiento; desde la presidencia de la Cofradía; desde la cabeza visible de la Cooperativa e incluso desde su propia oficina particular, estuvo siempre dispuesto a hacer algo por Marín y por los marinenses.

Mucho que ver tuvo con la construcción del Estadio de San Pedro, un recinto deportivo que los marinenses mismos consideraban desproporcionado dando muestras de la diferencia de visión de futuro con el alcalde. Él mismo ejerció durante un año como presidente del Marín C.F., por entonces, uno de los más importantes de Galicia.

Nuestro hombre, además de todas las responsabilidades ya dichas anteriormente, era Consejero del Instituto Social de la Marina, Miembro del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros Provincial de Pontevedra y Diputado Provincial lo que da idea de su presencia real en los ámbitos sociales,  políticos, y de la economía del momento.

 Cientos de viviendas sociales Instituto Laboral y Nuevo Templo

Volvamos a aquella estampa del viejo Marín. Pérez Crespo tomo posesión de la alcaldía en aquel ámbito de pobreza casi extrema de las gentes del mar e inmediatamente puso su vista en las humildes familias de los marineros de entonces, la mayoría de ellas de numerosas proles, con muchos hijos y de corta edad que, por los escasos rendimientos económicos que les llegaban a pesar del duro trabajo de sus hombres e incluso de las mujeres de la familia, malvivían hacinados en infraviviendas procurando repartir lo poco que había entre todos hasta la llegada del quincenal, en dinero o en aquel quiñón, que sustentaba, en gran parte, la alimentación familiar.

 Entonces fue cuando reclamó la inclusión de Marín en un Plan Nacional de Vivienda que pudiera aliviar aquella penuria y recibió la buena nueva de que se concedía un poblado marinero para la villa de 30 casas, buena nueva que el alcalde consideró absolutamente insuficiente y, ni corto ni perezoso, tomó uno de aquellos lentos y carboníferos trenes Vigo-Madrid para, en la Capital del Estado, reclamar algo más de aquellas 30 casas que apenas resolvían el problema real aquí existente. No he podido saber cómo pero la realidad es que Don Francisco volvió a Marín con una concesión de 250 viviendas en lo que hoy es el Barrio de La Cañota, por entonces un promontorio casi rural situado en las afueras de la villa, y donde se albergaron casi todas las familias necesitadas de una vivienda digna a pesar de la humildad de su construcción, e incluso se alojaron en algunas de las casas sobrantes, miembros de la Guardia Civil con sus respectivas familias. Fue el mayor poblado marinero de España para mérito de aquel alcalde volcado en las cosas del mar y su economía .

Pero no quedó en éso sólo la gestión de Pérez Crespo quien consideró importante la formación de los jóvenes cuya escolaridad pública terminaba con estudios en el Grupo Escolar para incorporarse directamente al mundo del trabajo, la mayoría en la pesca o actividades relacionadas con ella o en los talleres de carpintería, mecánica, electricidad, etc. donde aprendían el oficio elegido tras barrer los talleres durante años y ejerciendo la labor del “agarra aquí” mientras se fijaban en lo que hacían sus maestros.

 Pérez Crespo, consciente de la carencia formativa existente en aquel momento, gestionó y consiguió la creación del que fue primer instituto de Marín, el Laboral y de Formación Náutico Pesquera, que se ubicó en el centro de la barriada de La Cañota e incluso necesitó ocupar con el tiempo alguna de sus viviendas como aulas. De ahí salieron técnicos en todo, jóvenes bien formados que se incorporaron al mundo laboral sabiendo lo que hacían y algunos incluso montando sus propias empresas que hoy todavía están activas.

 Y habría que hacer referencia a su intervención mediadora y decisiva en Madrid para que se pudiese consolidar la construcción del Nuevo Templo Parroquial, apoyando al entonces párroco, Don José Sáez Pichel, en las múltiples gestiones necesarias para poder terminar una gran obra cuya finalización fue laboriosa y muy difícil, algo que merecería un capítulo aparte  de explicaciones.

Cabe introducir aquí, como un detalle anecdótico y curioso, que hace cincuenta años, precisamente hoy y a estas mismas horas, Pérez Crespo entregó al siempre bien recordado médico Don José Touriño Gamallo, el nombramiento de “Hijo Predilecto de Marín”, inaugurando el monolito sobre el que aparece su busto situado cerca del palco de la música en la alameda. Ya no era don Francisco alcalde de Marín en aquel momento pero sí había sido el iniciador del expediente de uno de los más merecidos premios otorgados a un marinense tan ejemplar como nuestro bienquerido Don Pepe.

 Todavía Don Francisco Pérez tuvo tiempo para lograr la construcción de otro gran núcleo de viviendas en el promontorio de Mogor, asomadas con descaro a la más bella estampa de la Ría de Marín, a la que se le puso la justísima denominación de “Barriada Francisco Pérez Crespo” que  es el único premio popular que le recuerda y quiera Dios que no venga algún político ignorante o desnortado en cualquier momento y decida cambiar ese nombre por otra denominación absurda al uso de lo acaecido recientemente en este ayuntamiento con algunas calles.

 Epílogo

 Podríamos seguir refiriendo cosas relacionadas con “el alcalde Pérez Crespo”. En estos días de preparación de esta referencia a él, me he encontrado con muchas personas a las que les gustaría que introdujese un sinfín de anécdotas que me fueron apuntando pero sería demasiado larga esta referencia. He intentado, en cambio, recoger, a grandes rasgos, la personalidad de un hombre emprendedor, capaz y que la casualidad ha querido que hoy, cuarenta años después de su fallecimiento en acto de puro servicio, estemos aquí para recordarle y rendirle un tácito homenaje de cariño popular.

 

 

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