Carriola. Julio Santos Pena. 14.07.22
La festividad del Carmen tiene este año un sabor muy agrio porque hoy mismo hace cinco meses que el Villa de Pitanxo se fue al fondo del mar y arrastró con él, de una u otra forma, a 21 de los 24 hombres que en el faenaban contra viento y marea en un mar hostil como ninguno porque crónicas parecidas a lo largo de la historia del mar de Canadá hay para recordar.
La tragedia sigue viva en las familias, y no puede ser de otro modo, porque se han visto rotas de repente y es normal que hayan de pasar muchos años para que se suavice su sentimiento y ojalá en algún momento de la vida del futuro encuentren la serenidad que se necesita para sobrellevar los malos recuerdos de semejante odisea.
Para los demás, para la gente del común, el sentimiento es también muy intenso pero el mundo sigue rodando y tras una tragedia viene otra o se amontonan las noticias que van haciendo, si no olvidar, sí superar la acritud como la vivida en el mes de febrero por los marinenses y los gallegos en general a causa de la perdida de los tripulantes del Pitanxo.
Lo que uno no entiende es ese pim-pam-pum de la Justicia que envía el caso de Madrid a Marín, de Marín a Madrid, de Madrid a Vigo... y tiro porque me toca, sin que se sepa aún muy bien donde se tomará en serio este asunto para que se clarifique de una vez lo ocurrido o, al menos, se intente.
Las versiones opuestas del capitán del barco y su sobrino con respecto al tripulante ghanés que se salvó con ellos han creado dos claros bandos de opinión porque, hay quien justifica las actitudes del capitán y también quien prefiere creer lo que viene declarando el marinero que estuvo al borde de la muerte aquella noche fatídica. Y cinco meses después, los juzgados trasladan de aquí para allá el caso aunque esta vez parece que se lo endosan a Vigo para que empiece a investigar el asunto. Sin tiempo no era.
El gobierno de la nación fuma en pipa este asunto y desde aquellas rimbombantes declaraciones de condolencia de su presidente de que se haría lo posible y lo imposible, se ha pasado a mil y una disculpas para no bajar al pecio, que es lo que las familias piden con desesperación porque el verano ya está por la mitad y, con el próximo mes, llegarán los temporales a Terranova y será imposible la menor investigación. E investigación será lo que pidan una vez más el próximo día 2 ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo y ¡oh milagro!, ahora sí, el Ministerio de Transportes, ha convocado a las familias para un día antes y que será Raquel Sánchez de la Dirección General de la Marina Mercante y Salvamento Marítimo la que responda a las preguntas que le han efectuado al Gobierno ya hace tiempo pidiendo explicaciones de por qué esa empecinada negativa a bajar al pecio cuando ya se ha demostrado que es posible o, en caso contrario, que expliquen con razones técnicas y argumentos que justifiquen la supuesta imposibilidad de la operación.
Y esta circunstancia del troleo judicial de aquí para allá cinco meses después, y de la actitud del Gobierno, no hace más que aumentar la polémica y la desconfianza de unos y otros y la desesperación de las familias que ven cómo sus esfuerzos son vanos hasta el momento, cuando es necesario poner todo para aclarar en lo posible el caso descargando así tanto la responsabilidad de la casa armadora o del capitán del barco como la angustia de las familias afectadas.
Y, mientras, continúan las fiestas de Marín en honor a la Virgen del Carmen. Parece un contrasentido pero la realidad, como antes quise decir, es la vida misma que se sucede día por día y va cicatrizando las heridas más profundas que para las familias son, desde luego, muy profundas. Pero han de saber que, a pesar del jolgorio, la música y la intención de vivir el momento con más o menos alegría, en la mente de todos están los marineros fallecidos en este accidente y también la condolencia para sus familias con el mayor de los deseos de que, cuanto antes, se aclare el triste suceso ocurrido aquel fatídico 15 de febrero.
Ojalá que así sea.
