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Recordando a Cándido Díaz, ebanista, hostelero y deportista además de una gran persona

Recordando a Cándido Díaz, ebanista, hostelero y deportista además de una gran persona

Carriola. Julio Santos Pena. 02.08.22

Laureano Mayán dedica una parte de su libro “Marinenses de ayer y hoy” a un personaje especialmente recordado en Marín por su calidad humana. Cándido Díaz Rodríguez que falleció en el año 2003 a los 87 años de edad y fue un  referente deportivo y profesional en Marín durante toda su vida

Un período escolar muy breve, porque en aquellos tiempos todo hacía falta en las casas, y tras aprender lo indispensable en el colegio de Las Monjas y después con el maestro evangélico Jonathan, inicia su vida profesional como aprendiz en la carpintería de Virgilio. Los niños y jóvenes que entraban en los talleres como aprendices se pasaban un tiempo bastante largo, más que nada, observando al maestro artesano y haciendo los trabajos de limpieza y lo que les mandasen hacer. Cándido Díaz, a los trece años ya era considerado un ebanista hecho porque desde niño mostró la destreza que está reservada a los menos.

Pero no era esa labor la única que hacía porque le quedaba tiempo para ayudar en la taberna de Camilo, por entonces un referente de la gastronomía ubicado en la calle Calzada visitado por personas de todos los niveles sociales.

Llegó el tiempo del servicio militar y sirvió en la Escuela Naval con la fortuna de no ser llamado a filas para la guerra civil y en ese tiempo empezó a sorprender a quienes no podían comprender cómo un joven hacía el recorrido desde una dependencia que la Escuela tenía en Figueirido hasta la Escuela Naval corriendo, en tiempos en que el “footing” no se había inventado todavía.

Cándido - abunda Mayán Taboada- era un deportista nato. Fue atleta, destacado jugador de baloncesto a pesar de su baja estatura, aunque de aquella eran todos más o menos como él, y portentoso remero como lo demostraba frecuentemente remando de Marín a La Lanzada con vuelta incluida. Esta cercanía al mar propició que se convirtiera en el ángel salvador de un chaval que se cayó desde el muelle aunque a punto estuvo de perder la vida con el chico.

Parece una casa pero es el decorado de la barra de Casa Dora

 

Durante toda su vida destacó como un ebanista de alta calidad porque dejó realizadas obras de singular importancia alguna de las cuales se conserva todavía en los establecimientos de hostelería que también abrió con enorme éxito y no hay más que recordar el “Submarino”, conocido también como el Túnel aunque por encima de esos nombres estaban tanto el suyo “Casa Cándido” como el de su esposa “Casa Dora”. Fue este restaurante todo un referente modernizador de cocina gallega al frente de cuya cocina estaba Dora, cuyas especialidades eran degustadas por todo tipo de público si encontraban sitio, y cabe recordar que, cuando el Pontevedra jugaba en primera división, muchos de los acompañantes de los equipos que venían a Pasarón, se trasladaban a Marín intentando comer en el Submarino a veces infructuosamente. Y el Submarino estaba decorado con la exquisitez artística tanto del ebanista Cándido como de su cuñado Soneira que hacía de un tronco un banco decorado con motivos escultóricos y todavía se pueden ver en el mismo establecimiento hoy regido por otras personas.

Dejó Cándido el Submarino y se dedicó a comercializar vinos de La Rioja que embotellaba en su bodega instalada en la calle José del Río, bodega que, con el tiempo se convirtió en otro restaurante de postín y popular al mismo tiempo, “Casa Dora” que volvió a ser referente gastronómico por la calidad de su servicio y que heredó su hijo quien lo regentó manteniendo el éxito hasta su jubilación. Hoy también sigue abierto, pero con otra firma.

Podríamos seguir enumerando capacidades de Díaz Rodríguez pero nos pararemos en recordar que su iniciativa le llevó a tener ideas originales como el año en que, por navidades creó sobre una furgoneta  un conjunto de nadal con el famoso “Abuelo” un recio marinero muy apreciado y de gran humor que se vistió de pastorcito con varias ovejas vivas, recorriendo en aquella artística carroza el pueblo de Marín ante la sorpresa de los vecinos y sobre todo, niños.

Y la Navidad fue también el motivo de la creación de un Belén en el que casi todas las figuras, “casitas” y “castillos” tenían movimiento, todo un ejemplo de la capacidad de su creador. Lo instaló los primeros años en sus establecimientos  y, cuando se jubiló, se lo donó al Asilo de Ancianos de Pontevedra pero, al siguiente año comprobó como, lejos de aprovechar su obra, tenían las figuras tiradas en un rincón por lo que decidió rescatarlas y donarlas a la Residencia de Mayores de Marín donde todavía las colocan en la época navideña.

Cándido Díaz fue todo un personaje bonachón, colaborador, profesional y artista de los que nacen pocos cada tiempo en un pueblo y aquí dejamos estas líneas inspiradas en el trabajo de Lano Mayán para traerlo al recuerdo de los marinenses en nuestra Carriola.