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El “Xeito” la “Traíña”, el “Arrastre”... la progresión de la pesca marinense

Del libro “en las tarjetas postales antiguas de Marín” del autor Cendán Vilela, hemos publicado ya la referencia al momento histórico de la llegada de los catalanes a Galicia y, concretamente a Marín, que supuso un enorme revulsivo en el mundo pesquero y de conservación porque las técnicas eran mucho más modernas y rentables. No hubo poca polémica entre los profesionales del mar porque, evidentemente, quienes utilizaban ”xeito”, “xábegas” o “trabuquetes” y navegaban en barcos muy pequeños, vieron como la nueva “traíña” era una competidora desleal con la tradición de esta zona, que utilizaba las traineras, barcos de hasta 13 metros de eslora con nueve o diez remos por banda y con unos rendimientos muy superiores a lo que hasta entonces había aquí. Claro que los armadores del “xeito” se asustaron mucho entendiendo que con semejante arte, en poco tiempo se esquilmaría los caladeros e irían todos a la ruina.

Pero la “traíña” venía ya autorizada desde 1883 en los puertos del norte de España aunque fue en Vigo donde se usó la primera vez en  1987, pero en Galicia se les impusieron limitaciones que, desde luego, no se cumplían, por lo que se creó un mal ambiente y conflicto entre flotas. La de Marín  se posicionó claramente en contra de la nueva “traíña” y ello originó enfrentamientos muy virulentos demostrados en frecuentes concentraciones de protesta de barcos de varios puertos delas Rías Baixas. Nada menos que 8.000 marineros en 2.000 barcas - sitúa Cendán- en la concentración que se hizo con motivo de la visita Real a Marín de la regente María Cristina el 29 de agosto de 1900. Allí se vitoreó a la regente entendiendo que se había prohibido el uso de la traíña, como así fue mediante un decreto, pero duró solo desde julio a noviembre de 1900 en que se restableció el uso de dicha arte. El conflicto, no obstante, continuó varios años entre traiñeros y xeiteiros.

Pero el mundo de la pesca tenía todo por desarrollar y pronto se produjo la primera gran transformación de las condiciones de la pesca con la llegada de los buques a vapor a finales del siglo XIX. La autonomía de los barcos, que hasta ahí se movían con la fuerza de los brazos de sus marineros y las mayores distancias recorridas con mucho menos esfuerzo hacia mares más profundos, facilitó capturas de otras  especies, además de la habitual sardina. Y llegó el sistema de “arrastre”, iniciado en Inglaterra que, tras pasar por Frnacia, se empezó a utilizar en Cantabria y, como no, los catalanes la prohijaron y le pusieron el nombre de “bou”. En Galicia se inició la pesca de arrastre en La Coruña y pronto se extendió hacia el sur y las “victimas” hasta aquella tranqiilas en el fondo de los mares, fueron especies como la merluza y el besugo lo que originó un despegue enorme de venta de pescado fresco en las plazas. En Marín se desarrolló considerablemente el arrastre y los armadores crearon el sistema denominado de “pareja” y “baca” para un mayor aprovechamiento de las mareas ya más lejanas entonces.

Una consecuencia muy positiva fue el desarrollo de la actividad industrial y comercial con la aparición de talleres mecánicos especializados en reparación de buques y los comercios denominados “Efectos Navales” que vendían todo tipo de aperos para el trabajo de los arrastreros en el mar, Carpintería de ribera, rederos, talleres, etc. eran áreas que requerían de personal especializado por lo que se produjo una considerble llegada de trabajadores de otros lugares a Marín.

Manuel Cendán Vilela cuenta cómo la llegada de los barcos de vapor supuso igualmente un cambio en la estructura pesquera con aparición de empresas de formación capitalista frente a lo que había sido el mundillo artesano, hasta entonces, de la mayor parte de os pescadores y cita también nombres de los armadores de aquella época como Eusebio E. Méndez, José de los Santos, Antonio F. Cordero, José Sobral Portela, José Santiago, Francisco Pérez Altuzarra, Francisco Crespo, etc.

Y el mayor impulso que faltaba por dar a la economía pesquera era la creación de una lonja, y la de Cantodarea, puesta en marcha en 1909 dio un gran impulso a la actividad pesquera provocando la creación de nuevas empresas armadoras cuyos principales valedores fueron  Manuel Costa, Blas Fontán, Salvador González, Marina Lima, Pérez Quevedo, Eusebio Santiago, José Santiago, Eugenio Solla, José Villanueva, Antonio Campelo, y otros a los que habría que añadir - explica Cendán - porque son de Estribela y no están en el censo de Marìn. Como siempre la maldición de la separación de un barrio en dos por motivos caciquiles capialinos.

Seguiremos en “Carriola de Marín” aprovechando el trabajo de nuestro malogrado convecino Manuel Cendán Vilela.