Carriola. Julio Santos Pena. 02.10.22
Eran veinticuatro y de todos ellos, 21 se quedaron en el fondo del mar una aciaga noche de febrero, en un mar enemigo y mortal, como el de Terranova, del que quienes por allí navegaron cuentan historias para no dormir.
Veintiuna familias sintieron el lacerazo de la pérdida de sus seres queridos, padres, esposos, hijos... de quienes les esperaban en tierra con la preocupación por bandera porque ellos mismos enviaban mensajes espeluznantes de lo que estaban pasando en aquella marea, en aquella noche negra, su última noche. Pero el mar de Terranova se los tragó indolente, como tantas otras veces, dejando el luto, el dolor y la angustia de las 21 familias en tierra que se quedaron sin ellos.
¡Qué tensión aquellos primeros días tras el accidente!: ¡Cuánto gobernante y gobernallo vino a Marín a, dijeron, mostrar su apoyo a las familias, seguramente pensando que con su presencia y su palabrería barata aprovechando la foto para la posteridad, aliviaban a quienes no podían con el dolor en el alma por lo sucedido. La verdad es que, para algunos de los familiares afectados la palabrería les servía de tolete donde agarrarse para sufrir menos, para tener esperanza... para nada, porque al apagarse los focos mediáticos, se quedaron más solos y más abandonados a pesar de sentir el calor de los vecinos en las concentraciones que convocaron en demanda de investigación y, si fuese necesario, justicia.
Y pasaron los meses, siete y medio, nada menos; y pasó el verano; y llega de nuevo el crudo invierno que devuelve a los mares de Terranova la ferocidad que le es propia a la búsqueda de nuevas víctimas como los 21 del Pitanxo que allì abajo quedaron. Y a ver quién es el valiente que se atreve ahora durante varios meses a tratar de encontrar el pecio del Pitanxo.
Las familias vienen pidiendo justicia en su desesperación, ¿es eso tan extraño?: Las familias vienen pidiendo investigación en su desconfianza ¿es eso un pecado?... La respuesta de quienes aquellos días se ponían bajo los focos de la televisión y los periódicos con cara de pena, es el puro desprecio, el más que lamentable desamparo para dejar correr el tiempo a ver si el olvido hace mella definitiva en el colectivo que sufre y desisten de sus pretensiones.
El negativo ejemplo lo han dado los políticos que no han movido un dedo para iniciar la, a gritos, solicitada investigación. El gobierno reparte millones de euros que no tenemos en chiringuitos y series de televisión para que sepamos lo bien que lo hace el presidente Sánchez, porque eso es mucho más humano que tratar de ver lo que pasó con 21 muertos, muer-tos, en aquellas gélidas aguas de Terranova hace siete meses y medio. Y no digamos la actitud de la vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz, que ha venido estos días a “mariscar” riéndose a mandíbula batiente, luciendo modelito del día y echando balones fuera porque, aún siendo la Ministra de Trabajo, ha dicho que no tiene nada que ver con los 21 trabajadores que se quedaron atrás.
Y por si fuera poco, el estamento judicial también ha dado y está dando la nota en este caso: Que si lo investigue Madrid; no!, no!, mejor Marín; ah, que va!, Madrid, Madrid; que no! Hala, se lo metemos a Vigo; De eso nada!, a Madrid!, a Madrid”; Bueeeeno, nos quedamos con el paquete; O no, que vuelva para Vigo ... (y en eso están siete meses y medio después para desesperación de las familias y para desconfianza de los ciudadanos que ya no saben qué pensar de los jueces y de los políticos que tenemos.
Allí quedaron 21 hombres en las frías aguas de Terranova. Aquí quedaron 21 familias destrozadas y ninguneadas por unos y por otros. Es la España de hoy, ¡qué le vamos a hacer¿