Carriola.Redacción.12.12.22
Estamos a las puertas de la Navidad, esos días del año en que reverdece la solidaridad en muchas personas y se demuestra con la buena disposición de ayudar a los que menos tienen y muchas veces por parte de quien también menos tiene. Y si alguien ha sido solidario en el último medio siglo, no cabe duda que fue “Crucita”, María Cruz Gómez Solla, impulsora de obras de caridad sin precedentes en Marín durante la última etapa de si vida
Cruz Gómez Solla , “Crucita” tiene página de referencia en uno de los libros de Laureano Mayán Taboada “Marinenses de ayer y de hoy” donde se recoge abundante información sobre su vida y su dedicación a la gente menos favorecida.
Señala Lano Mayán que Cruz nació en Raxó el 3 de abril del 1915, segunda hija de una familia acomodada ya que era propietaria de ua fábrica de conservas. En realidad se crio con una abuela en Santiago de Compostela, donde estudió Magisterio, y era ya docente a los 18 años de edad siendo destinada a Santa Comba por primera vez a donde tenía que llegar en burro porque el autobús de aquellos tiempos la dejaba en A Golada. De allí pasó a Calo, cerca de Santiago, y tras un período bastante largo se traslada a Rianxo. Sus etapas de vacaciones las pasaba en la casa de su madre que ya vivía en Marín.
Y en Marín se casa
Conoció a quien sería su esposo, en 1954 y contrajo matrimonio un año después con el agente de recaudación tributaria, Martín, un hombre muy apreciado en la villa. Su madre, que no era maestra, la sustituyó en la escuela durante una temporada con un tácito consentimiento de la autoridad educativa, y un año después, Crucita retoma su vida laboral ya con un destino más próximo, en Agrelo (Bueu) y, dos años después, por una permuta, se hizo con la escuela de Cantodarea donde le llegó la jubilación. Cruz Solla no tuvo hijos pero su esposo, Martín sí tenía era padre de una niña de un anterior matrimonio.
Cara y cruz en la vida
Veinte años duró el matrimonio de Crucita porque Martín falleció en 1976, lo que hundió a la maestra en un estado de depresión que transformó su carácter y su físico y más cuando poco después fallece su madre, lo que acaba de hundirla emocSor Caridad, monja de la Inmaculada, fue la artífice de la recuperación de Cruz Solla ya que la animó a involucrarse en el mundo de los pobres que se veían o que no se veían, de los que había, y hay, muchos en nuestro entorno y Crucita se entrega por entero a la labor del socorro voluntario lo que cambia otra vez su vida hacia nuevos horizontes.

Casa que donó Cruz Gómez a la Xunta para acoger a niños abandonados. Hoy en pura ruina
Fue la impulsora de la creación del Comedor de San Vicente de Paúl, para cuya creación y mantenimiento aportó fondos propios y gestionó lo que hiciera falta ante organismos y personas. Su entusiasmo caritativo era tal que la llevó a donar la casa donde vivía, en la Rúa do Sol, a la Xunta de Galicia con la condición de fuese empleada para albergar a niños abandonados creando la correspondiente fundación. La Xunta realizó una obra de adaptación del inmueble que fue inaugurado por el mismísimo Fraga Iribarne pero que, en poco tiempo, acabó abandonado encontrándose, en la actualidad, en casi ruina y a expensas de cualquier peligro.
Tenía una pasión especial por la natación y, a pesar de su apariencia contaba con una fortaleza física importante lo que sumaba a su fuerte carácter de responsabilidad en todo lo que emprendía.
Preciosa imagen del Corazón de Jesús tallada en mármol donada por Crucita a la parroquia
En 1993 hizo una donación importante de artículos históricos al Museo Torres y, entre ellos, un antiquísimo crucifijo policromado y un misal de gran antigüedad, junto a un conjunto mobiliario que ocupó durante muchos años una de las salas del recinto museístico. Otra donación que hizo fue la imagen del Corazón de Jesús tallada en mármol, que se venera en el Nuevo Templo.
Cruz Solla fue nombrada “Marinense del Año” en 1990 por los méritos contraídos en beneficio de los pobres del entorno y muchos marinenses la recuerdan todavía por los mismos.
Pues aquí, en la sección “Recordando a...” de Carriola de Marín, dejamos hoy la lembranza de una mujer humilde, generosa, recta y desprendida y nuestro agradecimiento póstumo a Laureano Mayán por el acierto de haberla inmortalizado en su libro de personajes históricos de nuestro municipio.