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Adiós al mítico boxeador marinense y gran persona, “Pérez Tomas”. Juan Antonio una de las “almas” del viejo Diario de Pontevedra

Carriola.Julio Santos Pena.15.08.23

julio@carriola.es

A finales de la pasada semana estuve en el Hospital de Pontevedra visitando a un buen amigo que se encuentra allí esperando resultados. Y en aquella fugaz visita me enteré de que en el cuarto de al lado estaba Juan Antonio Pérez Tomás, un marinense afincado en Pontevedra desde hace muchos años que ya contaba con casi los noventa de edad. Y las previsiones no eran buenas aquella noche porque, al parecer, la cosa estaba muy final.

Sentí mucha pena por el paciente en la tan efectivamente corta recta final de su vida porque con Juan Antonio tuve mucha relación de amistad pues, durante un lustro trabajamos juntos en el Diario de Pontevedra, yo como informador diario de Marín, y él en las tripas de la maquinaria que hacía milagros para salir cada madrugada con lo que nosotros escribíamos horas antes. Además nos unía el sentimiento de paisanaje porque, aunque bastante mayor que yo, ambos somos de Marín y recordábamos nuestras infancias cuando había ocasión de charlar en algún momento tranquilo que nos viéramos por Pontevedra.

Le hacía gracia que le hablara de sus tiempos de boxeador en que nos tenía impresionados a  los chavales de entonces. Estoy seguro de que habrá, incluso en su familia más próxima, quien desconozca esa faceta de la vida de Juan Antonio cuya imagen de hombre duro y potentes brazos con los puños enfundados en los guantes de la lucha en el ring, recordamos en los pasquines que se colocaban por el pueblo para anunciar sus peleas. Era cuando Pérez Tomás se convertía en Pérez Tomas”, sin acento en la a de Tomás, para darle un aspecto más internacional a su referencia. Era una imagen que impresionaba, la verdad, y a quienes éramos todavía niños de aquella, nos daba hasta un poco de miedo aquel fiero personaje.

Ocurre con frecuencia que las apariencias engañan, y mucho. Juan Antonio Pérez Tomás (este que es el mismo pero con el acento en la “a” final) era un buenazo de los de la lista de la gente encantadora. Mi relación con él se fraguó en los años noventa cuando estábamos ambos del el Diario de Pontevedra. Para mí fue un animador de mi tarea diaria y, lo diría por cortesía o por darme ánimos, siempre me felicitaba por los artículos que escribía porque trataban de Marín y me animaba a “dar caña” y, porque, a pesar de que fraguó su vida en la capital, llevaba a su pueblo en el alma.

Fue uno de los valientes trabajadores de la cabecera pontevedresa que recuperó el periódico formando una cooperativa de trabajadores del mismo en la que estaban también sus hermanos Pepe y Ángel (su otro hermano era Moncho, el del famoso restaurante Submarino de Marín), y era el que manejaba aquella enigmática maquinaria que convertía planchas en páginas del periódico con el  milagro de que, aunque acabáramos a las tres de la mañana los redactores, el diario salía a su hora incluso haciendo inexplicables milagros.

Acabo de leer en su Diario la esquela del fallecimiento y el comentario de Santy Mosteiro sobre su óbito y, la verdad, es que me ha entristecido la desaparición de Pérez Tomás... o “Tomas”, sin el acento en la “a”, como aparecía en aquellos afiches de sus combates en los años cincuenta o sesenta el pasado siglo.

Descansa en paz, campeón. Quede con los tuyos la confianza en que ya estás con los buenos y generosos y el cordial abrazo de condolencia para todos de este que fue tu compañero y buen amigo.

 

 

roslev