La actual capilla de A Raña fue trasladada piedra a piedra desde el anterior cementerio.
Hoy disponemos de un gran cementerio en A Raña, que fue ampliado no hace muchos años y después de una gran polémica con protestas populares que llamaron la atención dentro y fuera de Marín por la intensidad que los vecinos pusieron para negarse a un traslado del camposanto a una zona más alta del municipio alejada del casco urbano. La Corporación que tal intentaba tuvo que envainar sus propuestas y decidirse por la ampliación del actual cementerio al que se le hizo un anexo en grada que ha venido cumpliendo con las necesidades existentes de nichos y, en este momento, con la moda de las incineraciones, parece que es suficiente, en general, para atender la demanda.
Pero sigo extrayendo de la obra “Marín en las Postales Antiguas” de Manuel Cendán, sus informaciones respecto a diversos momentos históricos de la villa y, cómo no, a lo ocurrido con el cementerio municipal que ha tenido momentos acordes con la población y el interés popular que, en cuanto a tratar la muerte y sus “cosas”, es muy particular.

Dice Cendán que allá por el siglo XIX la costumbre era enterrar a los muertos en el entorno de las iglesias parroquiales y eso todavía se hace en las parroquias de muchos pueblos , sobre todo de aquellos que, en lugar de crecer en población, van decreciendo cada año. Es fácil ver las lápidas y las tumbas en los atrios parroquiales y, en esa línea, tal cosa sucedía en el Marín entonces. Incluso se daba la circunstancia de enterrar a algún personaje de abolengo en el interior del templo como fue el caso de José Fernández Guerra, bisabuelo de Casto Méndez Núñez, en el año 1805, según consta en su partida de defunción.
Siguiendo el relato de Cendán diremos que a principios del XIX se trasladó el camposanto del atrio de la Iglesia Vieja actual a una parte del también actual Parque Eguren. Con entrada frente A Roda. Y fue el 6 de noviembre de 1842 cuando se acuerda trasladar el osario desde el desmantelado cementerio (donde hoy está el crucero de la Rúa Real que en un tiempo también albergó la Casa Consistorial, como ya hemos dicho en otro día). Y el traslado de tanto hueso se hace, como no podía ser de otro modo, el dia de difuntos del mismo año, en procesión, tras concluir la función mayor de difuntos en el templo.


Otro dato curioso es el de la construcción de una capilla en Marín en el año 1859, donada por Fernando Novoa, último abad del Priorato, fallecido en Santiago, para trasladar a ella sus restos mortales. Cendán considera posible que esa capilla sea la actual del Cementerio de A Raña trasladada allí años después. El viejo cementerio se amplió por la donación de de “once concas” de terreno hecha por Ana de los Santos Omil para este fin, a lo que el concello añadió el cierre perimetral del camposanto acordado en 1866, estableciendo un reglamento para los enterramientos. Una vez finalizada la obra que duró casi dos años, se decidió la gratuidad del servicio para los vecinos y aquí surgieron los problemas con el cura párroco Pedro González Cruz al que le exigieron la entrega de la llave por ser el cementerio de propiedad municipal y no de la iglesia.
Y llegaron los evangélicos británicos a Marín, de lo que también hemos hablado en un artículo anterior, que exigen, vía consulado, los derechos de quienes no eran católicos para poder ser enterrados en un cementerio, servicio al que estaba obligado a ofrecer el ayuntamiento, La Corporación decide comprar tres concas de terreno para hacer un cementerio donde enterrar a los no católicos y en 1885 se construye el cementerio para católicos y “disidentes”. Precisamente en este tiempo fallecen varias personas evangélicas y se entierran en Chan da Raña y el pastor Blamire exige que se realice el cierre del cementerio para evitar profanaciones y gamberradas.
Fue entonces cuando se vio la necesidad de hacer un camposanto grande y apartado. Se solicita autorización al Gobierno Civil y el gobernador la concede en julio de 1893. Tendría la obra en proyecto 4.199 metros cuadrados y elementos como la capilla, el osario y la sala de autopsias, además de un almacén de efectos fúnebres y con dos zonas, una para católicos y otra para “disidentes”. El ayuntamiento se pone al trabajo y adquiere por expropiación o acuerdo los terrenos por un valor de 1.461 pesetas. La Diputación otorgó una ayuda de 30.000 pesetas en tres anualidades. Se traslada la capilla del cementerio anterior al actual de A Raña y se clausura el viejo cementerio católico para iniciar otra etapa con nueva normativa de enterramientos.
El primer panteón para el que se cedió terreno municipal dentro del camposanto fue para Telesforo Garzón, quien había financiado por su cuenta obras de mejora en el mismo y, como agradecimiento a su gesto, el ayuntamiento tuvo con él ese detalle. Y fue en mayo de 1900 cuando se aprobó la recepción de la obra realizada por Manuel Torres Amoedo inaugurándose en un acto con presencia de los concejales en el que el cura párroco bendijo el nuevo cementerio.