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Recordando a Eduardo Fernández “Lijó” (1910-1984)

Carriola.J.S.P.  28.12.23

julio@carriola.es

Uno de los libros en los que Laureano Mayán Taboada recogió las referencias a numerosos marinenses populares o destacados, aparece la que hizo a Eduardo Fernández Lijó del que bastaba decir su segundo apellido para identificarlo popularmente.

“Lijó” era natural de Santa Eugenia de Ribeira donde nació en el mes de julio de 1910 y falleció en Marìn, tras pasar una considerable parte de su vida ligado a la actividad militar de la Escuela Naval y a la colaboración deportiva y social hasta su fallecimiento en marso del año 1984.

Lijó vivió en una sociedad pobre como era España en los tiempos de su infancia, perteneciente a una familia numerosa, como eran casi todas en aquel primer tercio del siglo XX, y esa circunstancia le obligó a buscar trabajo por pura necesidad familiar que era también lo más corriente de la época. Y en ese contexto nada le arredaba para levar a casa su aportación económica repartiendo periódicos o haciendo de todo allí donde pudiera ganarse honradamente la vida.

A los veinte años contrae matrimonio con “Lolita” y la milicia le lama para cumplir el Servicio Militar, algo insalvable, salvo en raras excepciones para todos los jóvenes de la época. Empieza ahí entonces la profesión militar de Eduardo “Lijó” y su formación, primero como motorista, y luego como fogonero, lo que le llevó al destino del portaaviones Dédalo, aquella joya comprada en un “saldo” a los Estados Unidos que fue lo máximo de nuestra Armada en algún tiempo. El destructor  “José Luis Díez” y el “Correo de Buenos Aires” fueron sus dos siguientes destinos en los cuales fue condecorado  por su excelente comportamiento  y buenos servicios prestados. Aquí acabó su primer periplo marítimo porque, a continuación fue destinado a Marín, al polígono de tiro “Janer” precursor de la actual Escuela Naval, donde vivió el estallido de la Guerra Civil y, en ella, los momentos más dolorosos de su vida al comprobar los enfrentamientos que surgían entre personas de opuestas ideas muchas de ella amigos de siempre ubicados en ambas ideas políticas del momento.

La circunstancia bélica le llevó de nuevo al mar porque fue destinado al acorazado España hasta su hundimiento; al crucero “Mar Cantábrico” y finalmente al buque escuela “Galatea”, hasta el año 1945 en que fue devuelto a la ya Escuela Naval Militar con lo que fijó su residencia definitiva en Marín al lado de su esposa que doce años después de su casamiento con Lijó dio a luz a su primera hija naciendo poco después la segunda, con lo que se cerró el ciclo familiar .

¿Quién no recuerda aquel remolcador famoso de la Escuela Naval que se denominaba “RR-20” que “tosía” en su navegación por la ría?. Pues Eduardo “Lijó” fue durante años el principal fogonero a bordo con su graduación de sargento hasta que pasó a la reserva Activa en el año 1965.

El fútbol y los amigos, eran sus pasiones

"Lijó" arbitrando un partido con uniforme militar

LIjó era un incondicional del fútbol y cuando su tiempo se lo permitía, dirigía a los equipos de la Escuela Naval y colaboraba con el histórico “Marín F.C.” club del que fue cofundador  y, aunque sus condiciones físicas no le permitían ser un futbolista de éxito, su pasión por este deporte le llevaba a ser directivo, delegado, masajista o árbitro, siempre dispuesto a colaborar allí donde hiciera falta llegando a hacerse cargo  de la presidencia del club en la temporada 1955-56

La misma vena participativa le llevó a ser cantor del Coro Parroquial donde fue también cofundador de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que todavía existe hoy apoyada en las primeras bases que los hombres de aquellos tiempos pusieron para ello.

La amistad era una de sus principales cualidades y la buena relación con quien a su alrededor estaba y se sentía enemigo de la injusticia y de la pobreza, recordando sus tiempos de infancia lo que le hacía muy amigo de los niños a los que siempre trataba de sacar una sonrisa.

Eduardo Fernández Lijó tuvo durante su vida militar algún percance doloroso como fue su obligada participación en la Guerra Civil o accidentes que le tuvieron ingresado en el Hospital durante meses por un golpe recibido en la cabeza por una pala mientras se realizaba una descarga  de carbón o también cuando una pieza metálica impactó en su mano derecha inutilizándole de por vida varios dedos.

Lano Mayán, autor de la recopilación de estos datos de la vida de Eduardo Fernández destaca su lealtad y dedicación a su trabajo le valieron para ser distinguido en varias ocasiones consiguiendo incluso la “Medalla al Mérito en el Trabajo” y el reconocimiento oficial firmado por el almirante Nieto Antúnez por sus méritos profesionales.

Eduardo  “Lijó” fue un buen esposo y buen padre y no hace muchos días, en su familia se vivió un doloroso episodio por el fallecimiento inesperado de su nieta  Marián Lorenzo, a la que no habrá conocido en vida, pero con la que seguro que  comparte ahora el otro nivel de nuestra existencia.

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