Carriola.J.S.P. 10.01.24.
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Se llamaba Manuel Martínez Cerqueiro; nació en Mogor en el año 1916. Era el menor de cuatro hermanos y padre de cinco hijos todos ellos muy populares. Virtuoso de la mecánica y amante del ciclismo llegando a ser un baluarte de este deporte a nivel gallego. Falleció en diciembre del 2004
Es otro de los marinenses que marcaron una época en nuestra villa a los que Laureano Mayán dedicó un artículo recopilatorio de su realidad personal, profesional y humana de cuyo contenido nos aprovechamos en Carriola para esta sección de “Recordando a...” que devuelve de alguna manera a la actualidad a personas que formaron parte de nuestra sociedad local.

Manolo Martínez nació en Mogor pero en aquellos tiempos de escuelas unitarias se formó en la del inolvidable Don Manuel Torres, famoso, sobre todo, por su obra pictórica habiendo sido uno de los principales pintores de Galicia en su tiempo.
Con catorce años Martínez inició su actividad laboral entrando a formar parte de los talleres “Hermanos Arias”. en Bueu a donde accedía desde su casa de Mogor en bicicleta cada día siendo ese, considera Mayán, el motivo de que su futuro se centrase precisamente en el mundo de las dos ruedas.
Con veinte años Martínez fue movilizado para la Guerra Civil donde cumplió como chófer de un camión de avituallamiento al ejército, motivo por el cual tenía su residencia en La Coruña desde donde se desplazaba a Marín, ¡como no!, en bicicleta el viernes de cada semana con regreso el domingo a su destino.
La guerra se acabó y Martínez decidió establecerse en Marín con un taller de bicicletas que llevaba la referencia de su identidad, “Talleres Martínez”, ubicado en la Rúa do Sol, frente al actual y popular estanco de Pampillón y tras un tiempo establecido en este punto se trasladó al

edificio Rocafort, donde estuvo hasta el año 1945, momento en que se abrió la actual calle Jaime Janer, popularmente conocida por “La Avenida” donde se encontraba el cine del mismo nombre. Tras este cierre de su taller, se desplaza a otro punto muy cercano y céntrico, en la Calle Real donde después estuvo la taberna “Tres Portiñas”.
En el año 1941, Manuel Martìnez contrae matrimonio con Ermitas Arias y de esta unión matrimonial nacen cinco hijos, dos de ellos mujeres, y, poco después, se asocia con su hermano Antonio para adquirir el pesquero “Justiniano”, momento en que abandona su actividad del taller aunque tiempo después, se disuelve la sociedad y Manolo adquiere dos camiones con los que realiza servicio de transporte hasta su jubilación en el año 1981.
Apasionado del ciclismo...
Apunta Mayán que este Martínez fue un apasionado del ciclismo deportivo también, pues lo practicó en los tiempos heroicos en que los ciclistas iban a participar a los campeonatos de donde fuera y lo hacían desplazándose en sus bicicletas para competir y regresar de la misma manera. Fue contemporáneo de Manuel Rosales (padre) y las crónicas le dan como participante del “Premio Corpus” de recorrido Vigo-OrenseVigo, en la que quedó séptimo clasificado habiendo sido Rosales, segundo, con un premio de 25 pesetas en metálico que, en aquellos momentos era un capital. Otra referencia deportiva fue la de pocos días después, en una prueba de montaña, donde se clasifica en el sexto puesto y esta vez, Manuel Rosales, noveno.
...Y de la mecánica
Y fue el ciclismo el que le llevó a triunfar en el aspecto mecánico al abrir su taller lo que, le absorbió totalmente abandonando la práctica deportiva para dedicarse por entero a la mecánica para la que atesoraba una cualidad innata hasta el punto en que sus conocimientos eran demandados por los talleres de coches para los que fabricaba complicadas piezas de repuesto. Incluso llegó a componer motores propios y trabajos para personas que demandaban su labor asegurándose de que, lo que él hacía, sería bien tratado por el cliente. Su fama como buen y responsable mecánico le llevó a ostentar la representación de los famosos motores de la época, “Colibrì” que se acoplaban a las bicicletas.
Manuel Martínez hacía gala de buen humor y reconocida retranca; amante de la comunicación con sus vecinos y amigos y que se le recuerde, nunca formó parte directiva de asociaciones o colectivos salvo el haber sido miembro de la comisión de la fiesta de San Cristóbal que unía cada diez de julio a la gente del volante..
En el año 2001, tres antes de su propio fallecimiento, perdió a su esposa Ermitas lo que afectó mucho a su moral por lo que a partir de tan triste acontecimiento, se recluyó, en parte, en su casa donde, en uno de sus habitáculos, mataba el gusanillo de su profesión realizando actividades mecánicas, cualidad que siempre le acompañó a lo largo de su vida.
Hoy viven todos sus hijos, Chicho, Carlos, Mundo, Maruja y Ermitas alguno de ellos heredero de sus cualidades y aficiones técnicas.
Laureano Mayán nos dejó esta referencia a un personaje que marcó una época cuando dedicó en parte su vida al taller de bicicletas por donde pasaron muchos ciclista urbanos en demanda de sus servicios.