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De como se inició la consecución del estadio de San Pedro

 Laureano Mayán Taboada dejó escrita la curiosa historia del principal recinto deportivo marinense.

 Ahora que se está hablando del campo de San Pedro por la inminente remodelación de que va a ser objeto, cabe retomar un poco de la historia que acabó dotando a Marín de uno de los recintos deportivos más importantes de Galicia en su momento, como fue este estadio en el que durante años se celebraron, además de partidos de fútbol de gran importancia (sólo hay que recordar la estancia del Marín FC en “aquella”  Tercera División donde era uno de los equipos punteros de la categoría).

Laureano Mayán Taboada (+) que en el último tramo de su vida se empeñó en dejar plasmado en varios libros aspectos históricos de Marín, publicó un interesante trabajo sobre el campo de San Pedro desde su concepción que no fue ni fácil ni barata.

Recuerda Mayán los inicios del fútbol en Marín, y pone como inicio de la afición un partido de fútbol que en el año 1911 se celebró en “O Campo do Castelo”, como salió publicado en “El Progreso” de Lugo, campo que podría estar ubicado en el entorno del Fuerte de San Fernando donde hoy está el gimnasio de la Escuela Naval. Hubo otros campos posteriormente como el de la Feira (hoy Parque Eguren), el de la Mouta (donde hoy está el concello, el juzgado y la aduana), El de Mogor, donde está la Barriada Pérez Crespo. Todos ellos eran recintos poco menos que “primitivos” que, en cambio hicieron crecer la afición por el fútbol en la juventud de la época.

De ello se percataron tanto en el concello como en la sociedad donde ya prendiera el gusanillo de la práctica y el disfrute del deporte denonimado “rey” por el crecimiento que experimentó tan rápidamente.

 La labor de un alcalde y su corporación

 Mayán señala al alcalde de aquel momento, Francisco Pérez Crespo, como el iniciador de la consecución del campo y, junto a él, a los miembros de la corporación Salvador de la Torre, Raúl Santiago Taracido, Elisardo Rosales García y Manuel Silva Rosales, quienes, enterados de que el Frente de Juventudes estaba destinando fondos para la la creación de recintos deportivos y, ante la carencia existente en Marín de los mismos, se pusieron al carro de las gestiones para conseguirlo.

Eligieron “A Raña” para ubicar el estadio y fueron a la adquisición de los terrenos. José Guerra, propietario, vende casi ocho mil metros cuadrados por 35.000 pesetas y Gumersindo Otero mil ciento treinta metros por 7.900 pesetas. Otros propietarios menores también vendieron con un precio oscilante entre 3 y 7 pesetas el metro cuadrado, y la corporación acuerda la compra a todos ellos quedando en propiedad del terreno dispuesto para la ubicación del campo. Eso sí, el concejal Touriño puso como condición que quedase en propiedad, íntegramente, del ayuntamiento y que el Frente de Juventudes tuviera, en todo caso, derecho de su utilización pero sin propiedad específica.

El problema sería el de los fondos necesarios y la propuesta municipal, en principio, fue la de pedir colaboración voluntaria al vecindario. Para ello se reunió a personas relevantes y con evidente iniciativa futbolera como fueron Adolfo Rocafort, Cándido Herrero, Luis Pérez Asenjo, entre otros con los ediles Touriño y Massoni pero, tras deliberar y calcular, se consideró que poco se iba a conseguir de los ciudadanos tal y como estaban las cosas económicamente en aquel momento, todavía con la crisis de la posguerra encima. Se acordó entonces someterse a las condiciones del Frente de Juventudes y se acuerda la explanación de los terrenos adquiridos, obra que se adjudica a Manuel García García en la cantidad de 31.500 pesetas. Todavía hubo que comprar más terrenos y se aumentó la obra de explanación con el mismo contratista.

 Acceso y obras de cierre y servicios necesarias

 Luego llegó la necesidad de abrir un acceso cuyo costo fue de 50.138 pesetas que se convirtió en carretera tras la cesión gratuita de terrenos de los vecinos del entorno a los que la Corporación agradeció en un acta su altruista gesto.

Ya había superficie para el campo de fútbol pero la competición requería instalaciones y cierre perimetral, lo que fue otro obstáculo que el equipo del Marín que ya existía soslayó utilizando el campo de la Escuela Naval Militar.

A partir de aquí, otra aventura para dotar al estadio de cierre servicios, gradas y demás  hasta conseguir que, el día 1 de mayo de 1950  superioridad comunicara al Pleno que aprobara las obras como complementarias del grupo de viviendas “Viren del Puerto” y, a partir de ahí, el ayuntamiento acelera en lo posible todos los trámites y compromisos necesarios para facilitar que el equipo del club representativo en la liga ya comenzada, pudiera disponer del estadio a la mayor brevedad.

Laureano Mayán tras enumerar en su libro todos los avatares de la gestión municipal para llegar a contar definitivamente con un estadio de la categoría del de San Pedro, modelo en aquella época para otras poblaciones, hace mención a la reacción de la junta directiva del Marín F.C., constituida por Adolfo Rocafort del Ball, como presidente; Rafael Barreiro (vicepresidente); Bernardio Beloso (Secretario), Luis Fontán Pérez (tesorero); Senén Soto Carballal (Contador); Rogelio Santiago García “Lelé” (secretario técnico) y los vocales José Conchado Fraga, Alejandro Alonso Doallo, Ignacio Touza Omil, José Méndez Carballa, Eduardo Fernández Lijó, Manuel Dacosta, Ángel Herrero Froix, Francisco Nistal Pérez, Ángel Blanco Santiago y Blas Fontán Pérez. El día 14 de diciembre- sitúa Lano Mayán - esta Junta Directiva hace constar en acta “el agradecimiento  al señor alcalde y corporación por el decidido apoyo prestado a la afición futbolística de este pueblo con la construcción de u campo de fùtbol, así como las numeroas facilidades dadas para la constitución de este club. En la misma acta se asigna a Manuel Parada el puesto de conserje de las instalaciones con una gratificación de 150 pesetas por la vigilancia, el cuidado y mantener en condiciones las prendas de vestuario”.

 A partir de ahí toda una historia con facilidades y dificultades, con éxitos y freacasos del Club Marín que fue uno de los equipos punteros de Galicia durante mucho tiempo. Hoy el club bastante menguado en su realidad y aspiraciones, ha perdido en gran parte la supremacía del estadio que, en cambio, ha abierto enormes posibilidades de práctica deportiva a otros clubs locales especialmente del deporte base.                                                                     

Agradecimiento póstumo de Carriola de Marín al autor del minucioso trabajo sobre el nacimiento del estadio de San Pedro